10 junio, 2013

Te cambio tu Odissey por el Pissarro

201306072pissarro-interior-okEs la foto de un salón íntimo, de pequeñas dimensiones. Hay dos butacones y un sofá, una puerta abierta que enseña otra estancia muy luminosa. Sobre el tresillo, coronando el muro central preside la habitación un cuadro grande, vertical. Se intuye la composición, pero la foto es en blanco y negro y apenas asoman los detalles de los efectos de después de la lluvia sobre la calle Saint Honoré, que Camille Pissarro ha realizado en el año 1897, sólo unos meses antes de que el famoso marchante de los impresionistas, Durand-Ruel, lo venda a un importante hombre de negocios, Julius Cassirer.

Pero la imagen no es el salón de Julius. Su hijo Friedrich Fritz-Leopold Cassirerheredó la pieza que más nos interesa de la estancia de la casa de su viuda, Lily Cassirer Neubauer, la obra del artista impresionista. Claude todavía era un bebé cuando su madre murió en la epidemia de gripe que asoló la Europa de la posguerra. Pasó gran parte de su infancia con su abuela Lilly, en su casa de Munich –la de la foto-, antes de que tuviera que dejar Berlín, en 1933, a los doce años de edad, y marchar a París.

Aquella foto en blanco y negro, del gabinete donde jugaba con su hermana, le acompañó toda su vida, así como el recuerdo de esa pintura, que ya no volvió a ver jamás, aunque trató de recuperar durante más de setenta años de su vida, hasta su fallecimiento en 2011.

El 17 de junio de 2005, sale un cable de la embajada norteamericana de Madrid, cuyo destino no aparece reflejado en los archivos a los que ha tenido acceso Wikileaks.Edward O’Donnell, enviado especial norteamericano para asuntos relativos al Holocausto, se encuentra en Córdoba con Ana Salomon Perez, enviada española de asuntos judíos, donde ambos participan en un encuentro sobre antisemitismo y otras formas de intolerancia. Entre los tres asuntos que debaten aparece la reclamación que Claude Cassirer hace de una pintura de Pissarro, que se encuentra en la colección que el Estado español ha comprado al barón Thyssen y que en esos momentos se encuentra en el museo madrileño que lleva el apellido de la poderosa saga aristócrata alemana.

El expolio nazi

Los nazis forzaron a la abuela Lily a “venderles” el cuadro en 1939, que el barón Hans Heinrich adquirió en 1976. En 1958 Lily Cassirer recibió 120.000 marcos alemanes como indemnización por el expolio, al tiempo que se le reconocía sus derechos sobre la pintura. En 2002, amparados por la Conferencia de Washington sobre las confiscaciones de arte nazi de 1998, los herederos de la familia Cassirer reclaman al gobierno español una reunión para llegar a un acuerdo en la devolución de la pintura, algo que España denegó desde el primer momento. Desde ese momento, los Cassirer mantienen una persecución inagotable que les ha llevado justo al lugar que no querían: el largo río de la justicia, que en estos momentos se mantiene abierto en un tribunal de California, en pleito con la Fundación Thyssen. Precisamente, el cuadro robado por los nazis es una de las estrellas de la muestra temporal que ha inagurado el centro esta semana.

Los cables de Wikileaks que recogen los tiras y aflojas entre EEUU y España tocan a tres ministros de cultura: Carmen CalvoCésar Antonio Molina y Ángeles González Sinde. La primera tuvo que hacer frente a las propuetas de O’Donnell, que fue el primero en sugerir al gobierno español que pusiera remedio a esta disputa, mejor a través de un mediador para no tener que llegar a juicio. Cosa que ha terminado sucediendo. O’Donnell recuerda a Salomon que España se unió al citado acuerdo firmado en 1998, en Washington, para devolver las piezas sustraídas por el ejército nazi. Ana Salomon responde que el gobierno ya ha hablado con la Fundación Thyssen y aventura que no se resolverá con facilidad. Buen vaticinio.

El museo quiere retener su pintura en su colección y hace notar que el proceso legal será largo, ya que la familia tendrá que demostrar la propiedad de los Cassirer sobre el cuadro. Además, Salomon dice que los derechos del museo deben ser protegidos y que el gobierno español cree que el sistema judicial norteamericano no tiene jurisdicción en este caso. Así que se aplicarán las leyes españolas, ya que el cuadro radica aquí.

También indica que la Fundación es una entidad privada y que el gobierno no puede forzar a una indemnización sin una resolución judicial. El cable señala que Salomon indica que el gobierno necesitará ejercer “voluntad política” para encontrar una solución. A pesar de que el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ya había hablado con Carmen Calvo sobre el asunto, como se indica en el informe, la voluntad política terminó fracasando. Una vez más.

Patrimonio de intercambio

Ante el escollo levantado por el menosprecio a la familia Cassirer, el siguiente ministro de Cultura, César Antonio Molina, comunica al embajador que quiere reunirse con la familia en EEUU para resolver este aunto. El 2 de julio de 2008, en plena tormenta Odissey, el embajador norteamericano en España se reune con el ministro para tratar de resolver, principalmente, el caso del Pissarro. El mebajador hace notar inmediatamente su estrategia y le explica a Molina que si bien el Odissey y el Pissarro son dos cuestiones legales distintas, se podría hacer lo posible, y con todo margen de maniobra, para resolver ambos asuntos de una manera que favoreciera la relación bilateral.

Según narra el cable, el ministro escuchó atentamente el ofrecimiento, pero se revolvió para aclarar que ambos asuntos caminarían por sendas diferentes ante la justicia. El canje quedaba arruinado, no era la opción a pesar de las intenciones norteamericanas. Molina dijo que ningún gobierno español puede devolver la pintura, “si eso es lo que el demandante quiere”. Advirtió que nadie puede devolver la pintura sin un procedimiento legal. Al menos en España, en este caso, no.

En la reunión, junto con César Antonio Molina se encontraba Guillermo del Corral, director general de Industrias culturales en el ministerio, que reconoce al embajador que hasta el momento el gobierno español “ha pecado” de soberbio al no reunirse con el demandante y su representante. Es en ese momento cuando el ministro adelanta que él desea reunirse con ellos, durante su viaje a Washington DC, en octubre de ese mismo año, mientras resuelve su cita con la firma de abogados que se encargará de la defensa española del caso Odissey.

De webs piratas a patrimonio 

La última cita que se ha hecho pública gracias a estos informes desvelados es la del 12 de febrero 2010.En ese momento el embajador se sienta a la mesa de las negociaciones con Ángeles González-Sinde. Encima aparecen varios asuntos, el más grave de todos: la protección de los derechos de propiedad intelectual y el boceto de una legislación que permita al gobierno luchar contra la piratería. La ministra pide a la embajada su compromiso para crear un borrador de ley para cerrar webs piratas.

A la nueva responsable de cultura también se le pide el cuadro de Camille Pissarro, alojado en la colección estatal del Museo Thyssen. Los responsables de Bellas Artes que acompañan a González-Sinde avanzan que en el Estado español está prohibido deshacerse de propiedades u ofrecer compensaciones. A lo que el embajador le responde que busque soluciones. Debe haber alguna opción alternativa para resolver este asunto de la manera más satisfactoria.

Al encontrarse con la negativa, el embajador apuntó que España había participado y firmado el tratado de la Conferencia de Washington de 1998 para la devolución del arte nazi confiscado. “España firmó las declaraciones de principios, pero posee una pintura que los nazis obligaron a su propietario original a vender”. Y citó una carta del gobierno alemán en la que se da muestra de la compensación económica por el robo, la cual no anulaba la petición de la familia de restituir su propiedad.

Un trato al margen de la ley

Así que una vez demuestra, con aquel papel, que la propiedad original del cuadro es innegable –reconocida hasta por el gobierno alemán-, exige al gobierno español que facilite las negociaciones “cara a cara” en compensación. Hasta que el mebajador decide apostar a la grande y pregunta qué evitaría que el gobierno español jugara una mano mucho más fuerte “fuera de los procesos legales”.

La ministra de Cultura replica que los abogados de su cartera y los del museo han aconsejado que España está legalmente libre de la devolución del cuadro o de cualquier compensación económica. Guillermo del Corral, que se mantuvo en Cultura a pesar del cambio de capitán, apunta que el gobierno de España ha adquirido la obra legalmente y de buena fe y no tiene implicación alguna en la transación “en la que un traficante nazi de obras de arte obtuvo la pintura de su dueño”.

La Fundación Thyssen gestiona la colección en la que se incluye la vista de la calle Saint Honoré, pero es propiedad estatal. No hay ninguna forma legal que permita al Estado entregar su propiedad sin mandato judicial y “el Gobierno podria ser demandado si lo tratara de hacer”. “El Estado está vinculado a protegere su propia propiedad, incluso contra su propio deseo”, añade.

Como la compensación económica es inviable e imposible, Corral ofrece otro tipo de acciones más culturales, como hacer gestos a la familia y a la comunidad judía de Los Angeles. Por ejemplo, se le ocurre, el gobierno podría organizar y financiar un viaje a España, con intercambios culturales para promover el entendimiento mutuo, mientras eso sí se da debido reconocimiento y respeto a la familia Cassirer. El embajador pide al gobierno soluciones creativas. Y, de momento, si las hay, pasan por los tribunales.