27 abril, 2013

Subidos al andamio del gótico

Altar mayor

Ha soportado estoicamente incendios, como el que se produjo durante el funeral del cardenal Espínola en 1684; ha sobrevivido al terremoto de Lisboa de 1755 e, incluso, al desastre que causó el desplome de un pilar del crucero en 1888, pero no ha podido con las sucesivas capas de barnices que le han aplicado a lo largo de sus 487 años, con muy buenas intenciones y malos resultados. Hablamos del altar mayor de la Catedral de Sevilla, el más grande de la cristiandad, que desde enero del pasado año está siendo restaurado de manera integral por un equipo de 40 profesionales.

“Los barnices del acabado, tanto los que se aplicaron originalmente como los repintes de sucesivas intervenciones, han terminado tirando de la policromía y creando levantamientos y grandes pérdidas”, dictaminó este miércoles Teresa Laguna, responsable de Bienes Muebles del Cabildo Catedral y coordinadora de la restauración cuya finalización está prevista para marzo de 2014. Pero, además de limpiar, consolidar y tratar de devolver el altar gótico a su estado original, el proyecto se ha convertido en una exposición viva. El Cabildo ofrece al público la posibilidad de contemplar de cerca las tallas de los maestros Alejo y Jorge Fernández Alemán en el siglo XVI y el trabajo que realizan ahora los restauradores subidos en un andamio que cubre los 28 metros de altura de esta impresionante obra. Las visitas, tres diarias en grupos de 15 personas, son gratuitas y se prolongarán hasta febrero de 2014, pero la lista alcanza ya a junio.

“Es una visita activa como las que se han hecho en la Catedral de Vitoria o en el Museo Thyssen de Madrid durante la restauración del Tintoretto, pero nosotros la hacemos sobre un andamio. El público puede subir a la primera y la segunda planta del andamio. En la primera mostramos, en 3D, cómo se hizo la construcción de la estructura portante del altar y, además, hemos reproducido dos de las esculturas, Santiago el Mayor y el Niño Jesús del Nacimiento. Con estas obras, que se pueden tocar, explicamos cómo se realizaba el proceso de policromía”, aclara Laguna.

El público podrá comprobar el mimo con el que los técnicos tratan esta gran obra —300 metros cuadrados— que realizaron una miríada de artistas durante 80 años, desde que en 1482 el maestro carpintero Pyeter Dancart hace el primer trazado del altar mayor hasta que en 1563 se añaden los laterales renacentistas. La cercanía permite descubrir detalles domésticos introducidos en las escenas del retablo por los maestros alemanes Alejo y Jorge, quienes ejecutaron la mayoría de las esculturas góticas entre 1508 y 1526. Pero también otros que son fruto de la mano de los restauradores, como la bolsa que le colocaron a uno de los apóstoles en la Última cena pensando que faltaba Judas, cuando éste se encuentra enfrente, pero con la bolsa colgada a su espalda. De forma que ahora hay dos Judas invitados al banquete. El proyecto, Veintisiete escenas del retablo, tiene un presupuesto de 1,4 millones de euros que costea íntegramente la Iglesia.

“La cultura del mantenimiento cuesta dinero y no hay más remedio que sufragarla con el precio de las entradas”, apuntó Francisco Ortiz, deán del Cabildo Catedral, en referencia al conflicto que mantienen Iglesia y Junta en Andalucía para que la primera cumpla la Ley de Patrimonio que obliga a los BIC a abrir gratuitamente cuatro días al mes.

Por Margot Molina en El País.