13 septiembre, 2010

Sorolla, Regoyos, Fortuny o Camarasa, en la gran exposición del Thyssen (EPA)

Jardines de Sorolla, Dario de Regoyos, Fortuny o Anglada Camarasa forman parte de la gran muestra de la temporada que el Museo Thyssen-Bornemisza dedicará a “un tema obvio” del impresionismo, los jardines, “pero que curiosamente nunca ha sido foco de una exposición monográfica”, según el director artístico del museo, Guillermo Solana.

Con alrededor de 130 obras, el Thyssen inaugurará en noviembre “una exposición muy ambiciosa” en colaboración con National Gallery of Scotland de Edimburgo, donde se mostró una versión más reducida.

“Aquí va a tener matices diferentes y un carácter más amplio. Hemos incluido más jardines españoles y ampliado mucho el post impresionismo, tenemos más Manet, más Sisley, más Renoir, más Degas, más Pisarro. Hay obras fabulosas de todos los grandes, pero también de otros menos conocidos que serán un descubrimiento”, comentó Solana durante una entrevista con Efe.

Sorolla, del que Solana se ocupó “personalmente de que tuviera presencia en Edimburgo con tres magníficas pinturas”, Regoyos, Fortuny, Anglada Camarasa, entre otros, representarán el jardín español que, según dijo, se podía “haber desarrollado incluso más” allá de las “pinceladas” que dan “a través de unas diez obras”.

Las salas de Caja Madrid mostrarán cómo el impresionismo impregnó la obra de muchos pintores fuera de Francia, de artistas que se vieron contaminados por ese espíritu, como Sorolla que compartió con ellos elementos como la luz, el movimiento, el aire libre.

La idea de los jardines es en si misma fascinante, como una encrucijada: “El jardín es un escenario que puede ser campestre o completamente urbano”.

La muestra empieza con unos jardines de la Escuela de Barbizon y un parque de Corot, que son como bosques, y pasa a parques absolutamente urbanos de Monet, Manet, Morison, Sargent.

Según Solana, el jardín puede ser también lo más recóndito de la privacidad o incluso un huerto “ampliamente representado en la exposición con obras de Pizarro, Cézanne o Gauguin. Todas esas dicotomías hacen que la exposición sea muy variada”.

Esta muestra coincidirá durante un tiempo con la que el Museo del Prado dedicará a Renoir. Para Solana “no es casualidad que en momentos de crisis económica los museos busquen la seguridad de un movimiento como el impresionismo que parece tiene garantizado al publico. Un experto en museos hizo la broma de que hay dos temas que son éxito seguro en los museos: la arqueología y el impresionismo”.

Antes, el Thyssen inaugurará el día 21 en las Salas Moneo, recuperadas como espacio expositivo, “Todo o nada” que traerá por primera vez a España la obra del fotógrafo peruano Mario Testino.

“Desde que llegue al museo siempre he tenido interés en hacer exposiciones de fotografía pero no encontrábamos el lugar apropiado. Las salas recuperadas nos van a permitir hacerlas”, comentó Solana, quien recordó que se quedó con ganas de organizar la exposición de Annie Leibovitz que se pudo ver en la sala Alcalá 31.

“Nos la ofrecieron pero no teníamos espacio. Pensamos que Testino puede ser comparable con ella, por su fuerte vinculación con el retrato contemporáneo y su relación con la moda”.

“Todo o nada”, proyecto con el que Testino les “sorprendió”, va desde la alta costura hasta el desnudo integral, dos extremos muy presentes en su obra, la moda y el desnudo. Es un proceso de vestirse y desvestirse que no sólo tiene que ver con el erotismo sino con el teatro.

“El interés y la pasión de Testino es lo que pasa entre bastidores, el ‘backstage’ de la moda” comparable al interés de Degas por pintar a las bailarinas no tanto en escena sino en los ensayos, en los exámenes de danza o cuando se relajan entre actos. “Esa es la esencia de la fotografía de Testino y, en buena parte, la de la fotografía contemporánea”, según Solana.

Optimista al considerar que “para los museos lo peor de la crisis ya ha pasado”, cree que no son momentos malos, pero sí de incertidumbre: “Seguimos arriesgando pese a lo que la gente piense. Los museos no son maquinas de hacer dinero, en la mayoría de las veces cubrimos gastos”.

Organizar una exposición “es increíblemente caro”, señaló. “Lo que más encarece -explicó- es la dispersión de las obras ya que nosotros no trabajamos con paquetes de obras recibidas a cambio de un “fine”. No pagamos jamás y buscamos las obras pieza a pieza según un proyecto curatorial”.

Pagar por una exposición “es un camino peligroso porque comercializa las relaciones entre museos y acaba con el espíritu de colaboración intelectual desinteresada entre las instituciones museísticas, pero es verdad que es una tendencia de la época y una formula cada vez más extendida”, concluyó.

logo_epa