9 diciembre, 2014

Son Borbones, no membrillos

borbones

Han pasado dos décadas desde que Antonio López iniciara su retrato sobre la familia real. Y no ha sido suficiente para demostrar que una pintura no se acaba, se muere. López ha entregado, y una vez a la vista de todos -en la exposición que inaugura Patrimonio Nacional, en el Palacio Real sobre retratos de los Austrias y los Borbones-, podemos decir que el retrato es propio de quien no tiene a gala ser retratista. Después de entregarse a la realeza –incluso por encima de la realidad- no ha servido para lograr que un pintor que, sistemáticamente desde los años sesenta, borra a las personas de la ciudad, acabe un retrato. La familia de Juan Carlos I es una anomalía como retrato y como episodio en la trayectoria del artista manchego.

Los cinco aparecen recogidos como “una familia normal”. El rey Juan Carlos I en el centro brinda protección con su gesto a su hija Elena y a su esposa Sofía. “Cristina gira levemente su rostro para dirigir también la mirada al frente. Vestida con traje tostado, sostiene en la mano un ramo de flores frescas. En el extremo contrario cierra el grupo familiar la figura juvenil del entonces príncipe de Asturias y actual rey de España, Felipe VI, vestido con traje gris”, explica José Luis Díez, director de las Colecciones Reales, en el catálogo. El historiador asegura que las “abrumadoras expectativas” han sido “sobradamente satisfechas”.

antonio-lopez-firmando

Durante la rueda de prensa el propio Díez ha asegurado que es un retrato colofón a la tradición del retrato real familiar de la pintura española. “Tiene impresión de contención y sobriedad. Sensación de presencia y representatividad combinada con la sensación de cercanía de esta familia real”, añadió. Reconoce que la tarea le ha sido complicada porque lo ha tenido que hacer a partir de las fotos.

El presidente de Patrimonio Nacional, José Rodríguez-Spiteri Palazuelo, explicaba a este periódico que “Antonio López no es reconocido como retratista, pero nos ha asegurado que ha aprendido muchísimo con este cuadro”. Además, explicó que Felipe VI quedó impresionado y vino a decir: “Estamos todos como hace 20 años”. Incluso “pixelados”. El artista trabaja el color sin finas veladuras, es materia sobre materia (pinceladas muy empastadas). Así hace del retrato algo similar a lo que ocurre en sus vistas: no es una representación fiel de lo que ve, es una fiel interpretación de lo que mira. En los edificios funciona, en los detalles tan precisos como las manos o la frente de doña Sofía, no.

“No lo entregues jamás”

“Creo que le ha gustado bastante el cuadro”, dijo y señaló, con humor, que durante el proceso a la reina la ha visto con dos vestidos diferentes y al entonces príncipe con tres cabezas. El presidente es sobrino del pintor Pablo Palazuelo y recordaba una conversación entre ambos pintores hace años, en la que éste le dijo a López, ante su preocupación por los problemas, que “ni se le ocurriese acabar el cuadro jamás”. Sin embargo, lo hizo, incluyendo el detalle más lópez: ha escrito al margen la hora en la que se encontró con ese haz de luz que entra por la derecha del cuadro, “13:48”.

Antonio López es un pintor que ha mostrado mínimo interés por el retrato, y mucho menos por el de encargo. Cuando Patrimonio Nacional le pidió el asunto de la familia de Juan Carlos I debió primar más el apellido y la fama del artista, que el hecho de que López no cuenta con un catálogo seducido por el retrato (más allá de algunas paradas puntuales e íntimas en el género). La decisión de la institución hace buena la definición envenenada del catedrático de Historia del Arte, Valeriano Bozal: “Es artista que se ha convertido en leyenda para el aficionado y pintor de culto para los coleccionistas”. La presentación ante los medios de hoy confirma una expectación inédita.

Por Peio H. Riaño en El Confidencial.