5 julio, 2013

“Seguimos utilizando las mismas técnicas artísticas que hace 22.000 años”

Arte en Altamira

Una figura de unos renos nadadores tallados en colmillo de mamut, la cabeza de íbice esculpida de Tito Bustillo o la singular escultura de un glotón del Jarama II son algunas de las piezas nuevas que forman parte de la muestra El arte en la época de Altamira que se inaugura esta tarde a las 20.00 en la sala de exposiciones Fundación Botín en Santander y que permanecerá abierta hasta el próximo 29 de septiembre. Puede resultar paradójico calificarlas de “nuevas”, teniendo en cuenta que tienen una antigüedad de entre 22.000 y 12.000 años, pero es la primera vez que se mostrarán al público junto con obras de época moderna, como grabados de Miró o de Matisse. La idea ha nacido de una colaboración entre el British Museum de Londres y la Fundación Botín a partir de la exposición El arte en la edad de hielo: la llegada de la mentalidad moderna, realizada por el museo británico el año pasado.

Las piezas se encuentran dispuestas en vitrinas en una pequeña sala de luz tenue y techos altos decorada con imágenes de la cueva de Altamira, aunque la originalidad de esta muestra no reside en la decoración. Es posible que resulte llamativo, o incluso chocante, que mientras que en una pared podemos contemplar el aguafuerte de Joan Miró Grans Rupestres I, de 1979, a tan solo unos metros, se pueden admirar cabezas de reno e íbices tallados en un hueso de una costilla hace miles de años. Un poco más allá, el grabado Le gran nu de Henri Matisse de 1950; frente a él, una escultura de mujer tallada en un colmillo de marfil de un mamut de tiempos prehistóricos. La comisaria de la muestra, Jill Cook, conservadora jefe del Departamento de Paleolíticos y Mesolítico del British Museum, explica que el objetivo de mezclar piezas antiguas y modernas es demostrar que, a pesar de los 20.000 años de diferencia, “los humanos seguimos utilizando los mismos conceptos y las mismas técnicas artísticas; no existe una brecha temporal”.

Para Cook, el arte es lo que nos convierte en personas, es “parte de nuestra esencia como seres humanos y algo fundamental para nuestra supervivencia”. La conservadora tenía claro que, para transmitir ese mensaje, quería presentar la exposición no como si se tratara de piezas en un museo arqueológico, sino como obras artísticas en un centro de arte. “La arqueología estudia estos objetos como piezas forenses para averiguar cómo era la vida en la Prehistoria, cómo vivíamos o cómo comíamos… pero lo más sorprendente de esta exposición es que las personas que vivían en la cueva de Altamira tenían el mismo cerebro que nosotros, la misma capacidad visual”, asegura.

La comisaria utiliza uno de los primeros objetos expuestos en la sala, una figura decorada tallada en piedra, para explicar que “los seres humanos no hacen cosas únicamente para cumplir una función, sino para expresar otro tipo de necesidad emocional”. Para crear la pieza a la que alude, se usó la misma técnica que la utilizada para fabricar puntas de lanza. “Es un objeto grande y muy fino, tanto que no tiene ninguna utilidad; sin embargo, la piedra a partir de la que se creó fue traída desde un lugar situado a 150 kilómetros de distancia”, señala.

Cook se ha mostrado muy agradecida no solo a los promotores de la iniciativa, sino también a otros centros que han colaborado, tanto nacionales –el Museo Arqueológico de Asturias y el de Madrid, el de Prehistoria y Arqueología de Cantabria–, como internacionales –los museos alemanes de Halle y Weimar y los franceses de la Abadía de Arthous y de Les Eyzies. Lo único que lamentó la comisaria es que, debido a la fragilidad de algunas piezas, la exposición no viajará a otras ciudades de España. “El resto de los españoles tendrá que venir a Santander para no perdérsela”, sentenció con una sonrisa.

Por Reyes Linera Paredes.