14 septiembre, 2015

Sean Scully, tras los pasos de Matisse, en Montserrat

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«Voy a destruir este espacio», exclamaba este jueves en su trabajoso castellano el pintor irlandés Sean Scully (Dublín, 1945) después de visitar de nuevo el monasterio de Santa Cecília, en Montserrat. «Ocupar, querrás decir», le han anotado. «Eso, primero ocuparemos Nueva York, y después el mundo», ha proseguido, embalado. Aunque no ocupe ni destruya esta obra del siglo X, sin duda su entusiasta ofrenda a la comunidad de monjes de Montserrat irá mucho más allá de los cinco murales que planeaba hace un año, hasta convertirse en una intervención global que emularía una obra tan ambiciosa como la capilla de Henri Matisse en Vence.

Aunque una cosa es lo que hoy ha explicado el reconocido pintor (nacido en Irlanda, con pasaporte norteamericano y que reside parte del año en Barcelona) y otra cosa cómo acabará el proyecto. En un encuentro con la prensa en el Museu de Montserrat, frente al cuadro que donó hace unos años después de bautizar a su hijo en la basílica (‘La montaña de Oisin’), ha avanzado alguna de sus nuevas ideas. Tras una visita de obras, en la que ha visto que se había abierto una nueva puerta y que el pavimento se rebajaría 1,2 metros para recuperar el nivel original, ya había cambiado algunas, amén de decidir que uno de sus últimos cuadros iría perfecto para una pared lateral, así que no lo vendería y lo incorporaría a la capilla «Soy bastante fluido», ha confesado.

Suma de regalos

De momento, y según Scully, aportará tres cruces de cristal sobre el altar y las naves laterales, un mural de 6×4 metros inspirado en las 14 estaciones del Via Crucis de la serie ‘Holly’ que pintó tras la muerte de su madre, ‘Cecília’, una composición muy vertical, al menos otra «obra monumental» de 3×4 metros, sobre metal y no sobre tela, como todas las demás, para no verse afectada por la humedad de la montaña, un gran tríptico, una serie de cuatro cuadros sobre cobre… Una suma de «regalos» que va creciendo. «La experiencia debe ser muy fuerte», ha planteado.

Sensación de espiritualidad

Scully quiere transmitir una «sensación de espiritualidad» al visitante, pero obviamente su obra, siempre abstracta, no incluirá muchos motivos religiosos reconocibles. Sí mantendrá su lenguaje basado en bloques de colores. «Si algo es complejo, como la relación entre los colores, lo otro, la forma, ha de ser simple, para mantener el equilibrio», ha explicado. Un equilibrio musical.

¿Y a qué viene una donación tan generosa de un artista tan reconocido? Primero fue su atracción por la montaña. «Montserrat se puede sentir. Es una montaña con un espíritu. Y también –añade– un poco cómica, parece de chocolate. Y tiene un dibujo humano, muy suave, sin ángulos duros. Montserrat es muy íntima, muy amable». Poco después vino su «fantástica» amistad con el director del Museu de Montserrat, el padre Laplana.

Pese al vuelo que está cogiendo por momentos la intervención de Sean Scully en Santa Cecília, con el el apoyo económico de la Diputación de Barcelona en la restauración del edificio, una parte importante del planteamiento inicial del proyecto se ha quedado por el camino. Según el padre Laplana, la falta de un patrocinador hará imposible la conversión del antiguo monasterio en un centro artístico con exposiciones temporales.

Posible fundación

En cambio, la idea que no se ha caído algún de la agenda es la posibilidad de crear en Barcelona la Fundación Sean Scully dentro del futuro complejo museístico de Montjuïc. Según el propio artista, ayer mismo estaba previsto un encuentro con autoridades municipales. «El proyecto está en proceso, va evolucionando. Yo ofrezco un regalo, ellos deberían ofrecer algo también y al final nos encontraremos en el medio», ha explicado el pintor. «Es un proyecto ilusionante. Que venga de fuera un salvaje como yo puede ser interesante, porque puede abrir ventanas a Barcelona».

Por Ernets Alós en El Periódico.