3 agosto, 2010

San Jerónimo Penitente

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Laura Pais Belín

Localización: Museo de la Abadía de Monserrat.
Autor: Caravaggio.
Cronología: Ca. 1605-1606.
Técnica: Óleo sobre lienzo.

CaravaggioConsiderado uno de los llamados genios malditos de la historia del arte, Caravaggio impulsivo, díscolo y apasionado, creó una nueva forma de pintar que marcaría para siempre una época, y con ella conseguiría la fascinación posterior  por parte del mundo contemporáneo. Quizá  consecuencia de los típicos vaivenes del gusto estético gozaría de gran fama durante su corta vida,  moriría con tan sólo 37 años, pero también de un largo olvido tras su muerte. Aunque con fuerza se recobró su figura en el siglo XX.

El artista lombardo Michelangelo Merisi comúnmente conocido como Caravaggio y llamado así por su lugar de procedencia, elaboró una pintura fresca, nueva y dramática,  que acompañada de una técnica prodigiosa, le han convertido en uno de las grandes figuras de la pintura de todos los tiempos.
Excepcional y enigmático, fue admirado por muchos y criticado por otros, pero ante todos siempre ha permanecido su extraordinaria capacidad para reproducir la realidad. Por eso no es de extrañar que se le haya considerado el padre del realismo pictórico. Ya que el deseo de realismo del maestro italiano se caracterizaba por plasmar la vida en su totalidad, el quería presentar la verdad tal y como la veía. No le interesaba mostrar ningún ideal de belleza ni sentía atracción por los modelos clásicos, porque lo que quería era romper con todo tipo de convencionalismos, mostrando su propia opinión del mundo artístico sin respeto a la tradición, el decoro o la belleza ideal.

Caravaggio se convirtió en uno de los grandes artistas de la pintura italiana del siglo XVII,  con atrevimiento supo introducir su novedoso ingenio en un tiempo difícil, ya que este siglo se caracterizaría por las reformas y los cambios. Un momento en el que se desarrollaba una fuerte estratificación de la sociedad urbana, comenzaba a surgir con fuerza el coleccionismo privado y la llegada a Italia de artistas y obras nórdicas hacían que surgiese un cambio de actitud en el mundo artístico. Unido a todo esto no podemos olvidar que son los años de la Contrarreforma, el clima intelectual estaba muy influido por la reforma del Concilio de Trento y en esta época los católicos cada vez le daban mayor importancia a la piedad personal.
Un contexto complicado pero en el que como nadie el artista lombardo fue capaz de moverse para así revolucionar el mundo artístico que le tocó vivir.

Se formará en Milán en el taller de Pertezone, discípulo de Tiziano, donde recibe una  formación manierista con tintes venecianos. Aunque se separó de la visión del manierismo y del mundo clásico porque las consideraba alejados de la realidad, si que supo asimilar el modo de manejar la luz, el color y el sentido de la realidad de su maestro. Y  ya en épocas tempranas defendía que el verdadero modelo para el arte era la Naturaleza.
Con este punto de partida creó su propio estilo, composiciones llenas de vivacidad, realismo y una gran pureza técnica. Destacaba por su  preciso  dibujo y un prefecto control del cromatismo severo. Y por un naturalismo que se caracterizaba por copiar la naturaleza tal y como se nos mostrase fuese bella o llena de fealdad. Pero no podemos olvidar la gran protagonista de sus cuadros la luz, una luz en la que buscaba las posibilidades expresivas para así poder representar las cosas tal y como son, una luz que crea espacios y da realismo a las figuras. Para así crear en sus obras atmósferas de luz y tinieblas que enmarcan temas concebidos con un fuerte naturalismo.
En cuanto a su forma de trabajar se contaba que su talento también se percibía en su rapidez para ejecutar las obras, sin hacer bocetos ni dibujos preparatorios, marcaba directamente las líneas básicas sobre el  lienzo con el extremo del mango del pincel, con los que señalaba los contornos de las figuras y lo elementos anatómicos más sobresalientes, y así conseguía una mayor vivacidad en sus obras.

Si algún género destacó en la trayectoria de Caravaggio este sería el religioso, se dice que desde el año 1600, a excepción de algún que otro retrato, el genio italiano no volvería a pintar ningún tema laico, y poco después de irse de Roma sus famosas naturalezas muertas, en las que se especializó en el inicio de su carrera también desaparecieron de su obra.
A su llegada a Roma supo encontrar un importante patronazgo entre los príncipes de la Iglesia y la nobleza, y así tuvo la oportunidad de pintar cuadros de altar y escenas religiosas. Sus composiciones religiosas atrajeron la atención de la Contrarreforma por su realismo directo y su carácter devocional, que ayudaban a la Iglesia católica a mostrarse bajo una apariencia humana. Aunque al mismo tiempo ciertos rasgos de su pintura como la vulgarización  de los temas religiosos a menudo escandalizaban y producían rechazo por cierta clientela, ya que Caravaggio no dudaba en escoger a sus modelos entre el pueblo e incluso llegaba a elegirlos en los bajos fondos romanos. Por todo ello sus cuadros siempre se movían entre el gran éxito o el rechazo absoluto.

Prueba de esta maestría y revolución pictórica es esta obra en la que se representa a “San Jerónimo Penitente”. Dato curioso es que Caravaggio solía pintar muchas variaciones de sus composiciones más famosas, así este cuadro está ligado por técnica pictórica e identidad de modelo al San Jerónimo escribiendo de la Galería Borghese. Un parecido que no se limita al modelo, sino a la posición y a los elementos del lienzo. Quizá lo que ha variado es el momento en el que se representa al santo, en esta obra capta la intimidad del anciano al que pinta en recogimiento y oración, con los brazos recogidos y una expresión de dolorosa meditación en el rostro envejecido.

San Jerónimo era una de las figuras predilectas del arte contrarreformista, probablemente porque fue el que tradujo la Biblia del hebreo al latín, contribuyendo a la divulgación de la palabra religiosa. Había sido un cardenal que se retiró de los placeres mundanos y de los privilegios de su cargo para hacer vida retirada como eremita en el bosque. Sus atributos son el manto rojo de cardenal para recordar la vida anterior del santo y la calavera humana sobre la cual reflexiona acerca de la condición del hombre. Caravaggio se recrea dibujando con detalle el cuerpo flácido y arrugado del anciano, así como la calavera miserable.
Si hay algo que destaca en la obra desde el punto de vista técnico es que el espacio no esta definido a través de recursos de perspectiva, sino que lo conforma la figura con su propia presencia. Pero sigue manteniendo un profundo detallismo en la escena gracias a su dominio del dibujo que nos muestra todos los detalles con un claro realismo, como podemos apreciar en el cuerpo y rostro del santo. Configura una obra a partir de de un formato medio que busca el primer término como recurso para poder captar los gestos, la expresividad, ya que buscaba que el personaje sagrado pareciese real y tangible. Una figura que con su posición es la que genera profundidad en la obra.

El sentido lumínico del cuadro es totalmente tenebrista, creado con un foco de luz único, elevado y exterior que define plásticamente la figura. Que sirve para acentuar el realismo de la imagen, una luz que no crea espacio ni atmósfera sólo descubre a la figura. Es un foco lumínico que de forma arrolladora muestra dramáticamente  los detalles importantes de la composición. Pero al mismo tiempo tiene un valor simbólico, compositivo y narrativo, porque nos muestra el valor expresivo del gesto del anciano y de forma constructiva define la figura. La luz simboliza la presencia de lo sobrenatural, de lo divino. Así San Jerónimo destaca iluminado violentamente sobre un fondo uniforme, oscuro y silencioso, concentrando la vivacidad del cuadro en la figura del santo. Por todo ello podemos afirmar que el extraordinario efecto que producen sus cuadros se asienta en un prodigioso dominio de la técnica, por la que siempre destacó.

Controvertido y rebelde, Caravaggio dejó atrás las reglas del decoro y guiándose por su maestría e invención destacó por un personal pensamiento figurativo y una increíble innovación iconográfica. Pero ante todo siempre se negaría a ser artista de una sola dimensión, quiso encontrarse de frente con lo real y para ello no dudó en utilizar todos los medios a su alcance siendo capaz de mostrar como nadie los imprecisos límites entre lo divino y lo humano.