26 septiembre, 2013

Rescatar a Manuel Benedito

Manuel Benedito

El valenciano Manuel Benedito, que falleció hace ahora 50 años, fue en vida un pintor celebrado por la crítica y reconocido por el público. Sus retratos podían costar a mediados del pasado siglo el equivalente de lo que se pedía por un piso en Juan Bravo, la calle de Madrid donde él vivía. Sin embargo, la inmensa sombra de su maestro Sorolla y la elección de un camino alejado de las vanguardias lo condenó tras su muerte en 1963 a algo que se parece mucho al olvido.

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que acoge la exposición, y la Fundación que lleva el nombre del autor se han propuesto redescubrirlo para el gran público con una recopilación de 55 de sus obras traídas del Museo del Prado (‘Pescadoras bretonas’ o ‘Moro’), el Reina Sofía, el Museo Thyssen y colecciones particulares. La propia Fundación Manuel Benedito ha cedido el grueso de las telas de la muestra, que puede visitarse desde ayer hasta el próximo 27 de octubre.

Una de las mayores joyas presentes en la Real Academia es el retrato de Cleo de Merode, fechado en 1910 y perteneciente a la colección del Grupo Santander, que al decir de expertos y críticos merecería el privilegio de colgar de las paredes del Prado. No sería mal destino para este óleo que retrata a una famosa y bellísima bailarina belga de principios del siglo XX, dado que durante años moró en las habitaciones de la Casa de las Siete Chimeneas, actualmente sede del Ministerio de Cultura, como explicó a este periódico Ramón Lladó, presidente de la Fundación y amigo personal del autor.

Algunas obras se podrán contemplar por primera vez, como un gran paisaje nocturno de Venecia y el retrato de un caballero cuya identidad se desconoce aun hoy en día. Entre las ‘rarezas’ de la muestra se encuentra un bodegón con aves, recientemente restaurado, y el tapiz de 1946 ‘Corzo’, que reproduce un lienzo pintado por el propio Benedito dos décadas antes.

El comisario de la exposición, Pascual Masiá, destacó ayer que la actitud de Manuel Benedito no fue de rechazo de las vanguardias que se enseñoreaban del panorama artístico europeo en su juventud. “Simplemente escogió el camino de pintar como los grandes maestros españoles del siglo XVII y como el propio Sorolla, su mentor”, razonó Masiá, quien atribuyó a ciertas actitudes sectarias en los años 60 y 70 (incluso en el seno de la Real Academia de Bellas Artes, de la que formaba parte Benedito) la propagación del insidioso estigma de pintor “trasnochado”. Figurativa o no, se trata de “buena pintura”, sentenció el catedrático.

Becado en la Escuela de Bellas Artes de Roma, Manuel Benedito recorrió en sus años de formación Italia, Francia, Bélgica y Holanda, lo que explica la variedad de motivos que reflejan sus cuadros. De Holanda afirmaba que le parecía “un decorado”, y fue allí donde en 1909 pintó un óleo de tres ancianos que se cuenta también entre lo más apreciado de la exposición.

Pintor de carácter, atento siempre a atuendos, casas y colores de la gente de la calle, Benedito firmó más de 600 retratos, tanto de aristócratas, artistas o escritores como de amigos y modelos de su gusto como la citada Cloe de Merode y Pastora Imperio. Más contenido que el impetuoso Sorolla, su pulcritud y maestría técnica sedujo para posar ante su caballete a lo más granado de la vida social, económica e intelectual de la España de la primera mitad del siglo XX.

Ahora es el momento de descubrirlo para quienes no conocen su obra y el de ‘rehabilitarlo’ para quienes pudieran haber caído en la trampa de un estereotipo injustificado.

Por P. Unamuno en El Mundo.