10 noviembre, 2010

Renoir y Rubens, duelo en el Museo del Prado

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El Museo del Prado cierra su programación expositiva de 2010 con un atrevido pulso que llena sus salas de arte, belleza y colorido; un duelo entre dos de los grandes nombres del arte en todos los tiempos: frente a la “Pasión por Renoir”, la exposición “Rubens”, el genio del barroco frente al poeta del dibujo impresionista.

“Pasión por Renoir”
Renoir_La_Carta_pieDesde el pasado 16 de octubre y hasta el 6 de Febrero, el Museo del Prado (acceso por la puerta alta de Goya) acoge la primera exposición monográfica dedicada a Renoir en España. La muestra presenta, bajo el título “Pasión por Renoir” y por primera vez en Europa, 31 obras de la colección del artista conservada en el Clark Art Institute (Williamstown, Massachussets), institución norteamericana que atesora uno de los conjuntos más importantes de obras de Renoir y recoge la amplitud y el interés de las propuestas del pintor impresionista en los principales géneros que cultivó: el retrato, la figura femenina, el desnudo, el paisaje, la naturaleza muerta y las flores.

El núcleo de la colección de pinturas del Clark Art Institute corresponde a un gran conjunto de obras impresionistas adquiridas por Sterling y Francine Clark a lo largo de un período de cuatro décadas. Para los Clark, Pierre-Auguste Renoir representaba la quintaesencia del impresionismo y de ahí que adquirieran más de 35 de sus pinturas, incluidas varias de sus creaciones más importantes. Entre ellas, destacan Autorretrato (h. 1875), una pintura cuyo tratamiento difiere de su habitual estilo delicado y revela, en cambio, una honda voluntad expresiva; Retrato de Madame Monet (h. 1874) en el límite entre el retrato y la pintura de género, y de pincelada fragmentada poco convencional; La barca-lavadero de Bas-Meudon (h. 1874) y El puente de Chatou (h. 1875), paisajes del mayor experimentalismo y del mejor periodo impresionista de Renoir; Palco en el teatro (1880), en la que destacan los fuertes contrastes tonales entre negros, blancos y negros alejándose de la paleta azul que había caracterizado su obra de los cinco años precedentes; Peonías (h. 1880), una de las composiciones de flores más esplendorosas del artista y un ejemplo del modo en que gustaba de llenar los lienzos hasta los márgenes y evitar todo espacio abierto; Cebollas (1881), la obra preferida del señor Clark, de pincelada fluida y carácter informal pero cuidadosamente estructurada; y Bañista peinándose (1885),  una de las figuras de dibujo más preciso y exquisito y el punto culminante de su superación de la técnica impresionista.

Renoir_Palco_en_el_teatro_pieGracias al excepcional préstamo de la práctica totalidad de esta colección, que se exhibe conjuntamente por vez primera fuera del Clark Institute, la exposición permite mostrar en España la amplitud y el interés de las propuestas de Renoir a través de las etapas más destacadas de su trayectoria, entre 1874 y 1900, en los principales géneros que cultivó: el retrato, la figura femenina, el desnudo, el paisaje, la naturaleza muerta y las flores. En ellos pueden percibirse no sólo las aportaciones de su obra a la pintura de su tiempo sino también la profundidad de su vinculación con las grandes tradiciones pictóricas anteriores.

Como casi todos los impresionistas, Renoir es un artista escasamente representado en las colecciones españolas, sin presencia en ninguna colección pública excepto en la del Museo Thyssen-Bornemisza, con origen en el coleccionismo privado al igual que la del Clark Art Institute.

El Clark Institute se fundó en la ciudad de Williamstown (Massachussets) gracias al generoso patrocinio de los Clark. Su Museo se inauguró en 1955. Comprende colecciones muy ricas y diversas, entre las que destaca la de pintura impresionista. Dentro de ésta es sobresaliente el conjunto de obras de Renoir, núcleo de esta exposición. 

La muestra contará con su correspondiente catálogo en el que se publicarán en primicia las fichas catalográficas correspondientes al primer catálogo razonado de la colección de pintura del siglo XIX del Clark Institute, resultado de la investigación realizada por John House, destacado especialista en el impresionismo francés y en Renoir. Además, incorporará un artículo de James A. Ganz, relativo a la personalidad de Clark como coleccionista.

“Rubens”
4_25_pieBajo el mismo nombre, aunque no bajo el mismo techo (Edificio Jerónimos, Salas A y B), El Prado ofrece desde el pasado día cinco y hasta el 23 de enero de 2011, una singular exposición dedicada a su colección de Pedro Pablo Rubens (Siegen, 1577 – Amberes, 1640). A través de un montaje inédito, concebido con el propósito de invitar al público a sumergirse sin prejuicios en el universo rubeniano y a conectar su sensibilidad con la potencia y la evolución creadora del artista, el Museo mostrará reunidas en un intenso “cara a cara” las 90 obras que forman la totalidad de la colección de Rubens y su taller que atesora el Prado, la más importante que se conserva en una única institución. En paralelo a la exposición, el Museo presentará en primicia un extenso documental sobre el pintor, realizado igualmente con la finalidad de conectar más elocuentemente su figura con la sensibilidad contemporánea

El desencadenante de esta exposición ha sido el inicio de las obras de acondicionamiento de las actuales salas dedicadas a Rubens, debido al avance del proyecto “La Colección. La otra ampliación”. Con “Rubens”, el Prado invita al público a adentrarse en el apabullante universo artístico de este prolífico y genial maestro flamenco, a través de una novedosa instalación de la importante colección de obras autógrafas y de su taller que atesora. Además, por primera vez tras una década sin exponerse de forma completa, el visitante volverá a encontrarse reunida la totalidad de esta parte troncal de la colección del Prado. Se trata de la mayor y una de las mejores colecciones de Rubens en el mundo, un artista con abundante obra dispersa en distintas instituciones.

Para facilitar un continuado efecto de inmersión en el universo rubeniano y la percepción de la extraordinaria capacidad creadora del pintor, el comisario de la exposición ha ideado un singular montaje en el que las noventa obras se exponen siguiendo un único criterio, el cronológico, y se muestran como secuencias concatenadas de un plano panorámico continuo.

El montaje de la exposición, dividido en dos grandes salas, permite apreciar con claridad la evolución del estilo de Rubens y su forma de abordar las grandes obras. En la primera sala (A), el público descubre al artista temprano, muy “michelangelesco”, como un gran escultor antiguo que quiere transmitir el poderío de las formas y su fuerza expresiva. “Lucha de San Jorge y el dragón” es un perfecto ejemplo de la monumentalidad propia de esta etapa juvenil, con figuras fuertes y rotundas.

La colección de Rubens del Prado refleja la gran versatilidad temática del pintor flamenco, con pinturas de temas mitológicos, religiosos, de historia, retratos y paisajes, entre las que se incluyen algunas de las mejores obras maestras de su extensa producción como Lucha de San Jorge y el dragón (h. 1607), La Adoración de los Magos (1609), San Pablo (h. 1611), El jardín del Amor (h. 1633), Las tres Gracias (h. 1635), Ninfas y sátiros (h. 1635), Hércules y el Cancerbero (h. 1636), Danza de aldeanos (1636-1640), Diana y sus ninfas sorprendidas por sátiros (1638-1640) o Diana y Calisto (1638-1640), diez ejemplos de la desbordante y personalísima expresión creadora del que fue pintor favorito de Felipe IV hasta su muerte y uno de los grandes genios de la pintura de todos los tiempos.

1_31_pieAdemás, como ya avanzábamos, el Museo del Prado presenta un documental dedicado al artista titulado “Rubens. El espectáculo de la vida”. Se trata de un acercamiento a la carrera artística y a la obra pictórica de Rubens que se ha venido realizando durante los últimos años, en co-producción con el Centro de Estudios Europa Hispánica y con Angular Producciones, realizado por Miguel Ángel Trujillo bajo la dirección científica de Alejandro Vergara, jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte en el Museo Nacional del Prado. Con el fin de situar al pintor en un contexto artístico más amplio, el documental incluye intervenciones de personalidades ajenas a la historia del arte, como Israel Galván, coreógrafo y bailaor y Premio Nacional de Danza 2005, o la diseñadora de vestuario británica afincada en España Yvonne Blake, Óscar al mejor diseño de vestuario en 1971 y ganadora de 4 premios Goya, que transmiten la pasión por sus respectivas profesiones al igual que Rubens por su arte.

Barroco e Impresionismo, Rubens o Renoir son, sin duda, dos más que importantes razones para dejarse caer este otoño-invierno por el Museo del Prado.


Pierre-Auguste Renoir (1841–1919)

renoirPierre-Auguste Renoir nació el 25 de febrero de 1841 en Limoges, Francia, hijo de un sastre que se trasladó a París con su familia cuando el pintor era un niño. Renoir comenzó su carrera en 1854 como aprendiz de pintor de porcelana en un taller. Durante estos primeros años recibió lecciones de dibujo, trabajó como pintor aficionado y copió algunas pinturas del Museo del Louvre. En 1861 entró en el estudio de Charles Gleyre, un pintor de renombre, donde conoció a Claude Monet, Frédéric Bazille y Alfred Sisley; durante los años siguientes estudió en la École des Beaux-Arts.
En 1870, tras participar en la guerra franco- prusiana, volvió a París, donde continuó trabajando mano a mano con artistas de vanguardia cuyo vínculo nacía del común desencanto frente a la pintura academicista imperante. Renoir expuso dos pinturas en el Salon des Réfusés o Salón de los Rechazados de 1873; al año siguiente, él y sus compañeros se unieron para organizar la primera exposición de los «artistas independientes», grupo al que pronto se conoció como los impresionistas. Renoir siguió siendo una figura clave del movimiento impresionista durante el resto de su carrera, y participó en cuatro de las ocho exposiciones del grupo. Aunque se lo conoce más por sus representaciones de mujeres vestidas a la moda y por sus bañistas, también pintó paisajes, retratos y bodegones. Estos temas se repiten en la evolución estilística que siguió su arte durante más de cuarenta años de carrera. A pesar de que Renoir tuvo un éxito modesto al comienzo de su trayectoria como pintor de retratos, a finales de la década de 1870 fue atrayendo cada vez más a una clientela adinerada. En 1900, la reputación de Renoir como gran pintor estaba firmemente establecida.

Pedro Pablo Rubens (1577–1640)
rubensRubens fue el pintor más admirado de su época en Europa. Sus méritos son incontestables: muy pocos artistas han conseguido transmitir una versión exaltada de la vida de forma tan persuasiva o nos ayudan tanto a acercarnos a un ideal de excelencia humano. Los valores que encontramos en la pintura de Rubens tienen mucho en común con los valores de los poetas antiguos (a menudo ha sido comparado con Homero): su arte es un recuerdo constante de lo que la vida tiene de heroico y de dramático, y nos ayuda a ensanchar el mapa de nuestros sentimientos, y a profundizar en ellos.
El vehículo principal que utilizó Rubens para transmitir sus ideas son los mitos que resumen la sabiduría de los antiguos sobre el comportamiento y las emociones de los seres humanos. Apoyado en su fe en el poder de las formas pintadas para influir en el ánimo de los espectadores, y en una enfática retórica gestual, Rubens recreó estos mitos con un extraordinario poder de convicción: contemplando su arte a menudo tenemos la impresión de que las grandes cuestiones de la vida se dirimieron con él de testigo presencial.
Rubens es autor de una obra muy abundante (se conservan en torno a mil quinientos cuadros suyos), que realizó con la ayuda de su taller, instalado en Amberes, y que vendió gracias a su sagaz espíritu comercial. Pintó para las principales monarquías europeas, y para la aristocracia, la Iglesia y las élites culturales y comerciales de todo el continente. Fue también un fabuloso dibujante, y diseñó tapices, esculturas, obras de arquitectura, y conjuntos decorativos para ceremonias públicas. Al margen de su trabajo artístico, trabajó como diplomático al servicio de la Monarquía Española, y fue un apasionado conocedor de la cultura clásica, lo cual nos da una 300 medida de la grandeza del personaje. Fue también un importante coleccionista de cuadros, esculturas y libros, entre otros objetos, y un verdadero cosmopolita que viajó extensamente y que se expresaba en varios idiomas. Por todo ello, fue considerado un modelo profesional y social por sus colegas.
Rubens fue el pintor favorito de Felipe IV, que le encargó decenas de cuadros para decorar sus palacios madrileños, y fue también el principal comprador de las obras que el pintor dejó en su estudio tras su muerte. Él es la principal razón por la cual el Museo del Prado conserva la mayor colección que existe de obras de Rubens, con unas noventa pinturas (la cifra exacta oscila, según se acepten, o no, algunas atribuciones). Pero no es sólo cuestión de números: el hecho de que muchos de los cuadros de Rubens que conserva el Prado fuesen pintados para el rey, o para personas próximas a él, explica la gran calidad de la colección.

IMÁGENES
Lucha de san Jorge y el dragón
Pedro Pablo Rubens
Óleo sobre lienzo, 304 x 256 cm
h. 1606 – 1608
Madrid, Museo Nacional del Prado

Saturno devorando a un hijo
Pedro Pablo Rubens
Óleo sobre lienzo, 180 x 87 cm
h. 1636 – 1637
Madrid, Museo Nacional del Prado

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