9 marzo, 2011

Reflexiones a la Historia de España (Episodio II): Con el paso cambiado

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Rafael Vidal
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Puede parecer un contrasentido el titular “Con el paso cambiado” a un episodio sobre la Historia de España, pero verdaderamente, si lo que se pretende es reflexionar sobre la misma, veremos que hemos ido siempre a contracorriente de la marcha de la historia en la civilización cristiana/occidental.

Figura_1En la baja Edad Media los países europeos encontraron su identidad nacional, consolidando la misma a lo largo de varias centurias. Cuando esta identidad era firme se lanzaron a empresas hacia el exterior, pero teniendo su “retaguardia” sólidamente constituida, asentada y perfectamente cohesionada, comulgando todos sus habitantes con el concepto de su Patria y cargados del suficiente patriotismo.

España no se configuró de esta manera. En el siglo XIII, Castilla era una realidad, lo mismo que los reinos de la Corona de Aragón y Portugal. Todos se consideraban “españoles”, pero primero eran “gallegos”, “leoneses”, “asturianos”, “cántabros”, “vascos”, “aragoneses”, “valencianos”, “catalanes” y “mallorquines”, por supuesto no hablamos de las regiones “conquistadas” a los musulmanes, a partir de esas fechas, porque su identidad era “castellana”.

En el siglo XV, tras la gran conmoción a escala mundial de la conquista de Constantinopla por los turcos y la desaparición del imperio romano de oriente, se produce en España un acontecimiento singular, un golpe de estado, protagonizado por una hija de Juan II, en contra de su hermano Enrique IV y de su heredera, a la que para eliminarla de la sucesión a la corona, la desprestigiaron como ilegítima, apodándola “Beltraneja”, acusándola de ser hija del noble jienense Beltrán de la Cueva y de la reina consorte Juana.

Isabel, coronada como 1ª de Castilla, casada casi en secreto con el heredero al trono de los reinos aragoneses, tiene que iniciar una guerra civil para consolidar su poder. Tras unos años de contienda, Isabel se asienta como reina propietaria, estableciendo con su esposo, Fernando V de Castilla, un pacto de estado, por el cual las decisiones de cualquiera de los dos cónyuges eran válidas en todos los reinos. Pasaron a la historia como Reyes Católicos y con ellos un sentimiento de pertenencia a una misma raíz histórica, pero no materializado en la “Patria/Nación”, sino en la “Corona”, siendo el hecho diferenciador con el resto de los países europeos.

Figura_2Se arguye como causa de la guerra contra el reino nazarí de Granada, la religiosidad de Isabel I, aunque la realidad es que pesaron más los motivos de seguridad nacional que los de cualquier otra índole. Los turcos avanzaban por el norte de África y por el este de Europa. La existencia de un reino musulmán era una verdadera amenaza, porque podía ser una excelente cabeza de puente para los ejércitos musulmanes, por ello, antes de que llegaran, los reyes se plantearon no sólo conquistar Granada, sino unificar religiosamente a sus súbditos, de tal forma que el que no quisiera convertirse al cristianismo  tendría que abandonar el territorio, haciéndolo a partir de 1492, más de un millón de personas.

También se quiere hacer ver que la ocupación de las plazas en el norte de África, se debieron a la misma espiritualidad de Isabel, que quería organizar la “Nueva Hispania” en el territorio africano. Como en el caso anterior, la causa fue la seguridad, dado que el peligro otomano seguía encontrándose a escasas millas marítimas. La amenaza no se materializaba en afán de conquista, sino por la piratería y las razzias que se producían sobre la costa de la Península. Esta y no otra fue la razón de la conquista, primero de Melilla, y posteriormente Mazalquivir, Peñón de Vélez, Orán, Bugía, Argel, Túnez, La Goleta y Trípoli, algunas de las anteriores plazas fueron ocupadas por los sucesores de los Reyes Católicos, aunque con el mismo objetivo estratégico.

En el siglo XIII Castilla era una potencia naval, consolidando su posición a lo largo de los años, de tal manera que se vio involucrada en la guerra de los “Cien Años”, a causa del dominio de los mares. Portugal y Aragón terminaron su “Reconquista” a finales del siglo anteriormente citado y principios del XIV, no teniendo más remedio que continuar con su espíritu de lucha y expansión a través del mar. Aragón constituyó un “imperio mediterráneo”, convirtiéndose en potencia marítima de dicho mar. Portugal por su parte, bien que un poco después, a principios del siglo XV, se expandió hacia Ceuta, Azores y Madeira, comenzando con ello su imperio atlántico-africano.

Figura_3El Tratado de Alcaçovas, firmado en la segunda mitad del siglo XV, entre Castilla y Portugal, ponía fin a años de lucha y sentaban las bases para la expansión de ambos reinos hacia el Atlántico, ocupándose poco después de su firma, las islas Canarias, que pasaron a integrarse en la corona castellana.

En 1512 culminó la unificación de lo que hoy llamamos España, con la conquista, por parte de Fernando II de Aragón y V de Castilla, ya viudo de Doña Isabel, del reino de Navarra. En 1516 y 1521 se produjeron sublevaciones a favor de la independencia, que fueron reducidas por el ejército castellano.

En 1492 se descubre América por Cristóbal Colón y en la primera mitad del siglo XVI, se conquistan los imperios azteca, inca y chibcha (confederación Muisca), aparte de otros reinos menores, que conformaron los virreinatos de Nueva España, Perú y Nueva Granada, amén de otras gobernaciones dependientes directamente de la corona.

Especial reflexión se debe efectuar ante la afirmación que los “españoles conquistaron reinos e imperios”, debiéndose de erradicar el concepto de “colonización americana”, expresión que solamente es válida para la “colonización anglosajona al norte del virreinato de Nueva España”. De hecho, uno de los mejores historiadores hispanoamericanista, el profesor Morales Padrón, en su libro, en el que han estudiado miles de alumnos, lo tituló: “Historia del descubrimiento y conquista de América”, sin dar opción a la colonización.

Los españoles en América actuaron de forma similar a los visigodos en la España hispano romana, la conquistaron, gobernaron y administraron, pero no colonizaron, incrustando en la cultura existente, su propia idiosincrasia, su arte, su forma de entender la vida y su lengua, que se mezcló con el latín, naciendo poco a poco el castellano, en Castilla, el catalán en Cataluña, Valencia y Mallorca y el gallego en Galicia y Portugal.

Pues bien, los “conquistadores” conquistaron territorios para el rey, que se convertía de esta forma en rey de los reinos peninsulares y de los ultramarinos, considerándolos a todos del mismo rango. Desde estos reinos americanos, se “colonizaron” territorios que estaban semidesérticos o poblados por pueblos primitivos, colonización que se llevó a cabo por españoles y aborígenes de los reinos conquistados.

Volviendo a la cuestión religiosa, se hace hincapié en muchos textos históricos, en la obsesión de los reyes españoles por cristianizar a todos sus súbditos, haciéndolos incluso por la fuerza. La realidad es que primaba la seguridad que sobre cualquier otra cuestión, dado que si se permitía que los indígenas mantuvieran a sus ídolos y costumbres, se les estaba diferenciando de los españoles, siendo más proclives a los levantamientos, sublevaciones, motines, etc., consideración no querida por los gobernantes. Para la masiva conversión se empleó un razonamiento que convencía: el “indio” que se convertía al cristianismo, se encontraba bajo la tutela de la Iglesia y de la monarquía, siendo estas dos instituciones las garantes de los derechos indígenas.

La lengua castellana se convirtió en otro vehículo de convivencia armónica. En América se hablaban infinidad de lenguas, siendo inexistente la escritura, excepto la “jeroglífica”, por lo que la lengua y escritura que llevaron los conquistadores se convirtieron en la única en la que todos podían entenderse, manteniendo para su uso familiar las de sus ancestros. Muchas lenguas y dialectos se han perdido y hoy en día, los gobiernos de las repúblicas latinoamericanas, se esfuerzan en recuperar.

Los españoles han sido los únicos conquistadores que han mezclado su sangre con los conquistados y como bien dice don Salvador de Madariga, en su biografía de Bolívar, con el paso de los años la tierra americana “conquistó a los españoles”.

Figura_4En los primeros años de la conquista, la inexistencia de mujeres españolas propició el enlace con mujeres indígenas, casándose cada uno con mujeres de su condición, de tal forma que muchas princesas aztecas e incas lo hicieron con los principales conquistadores. Con los siglos muchos millones de castellanos se expandieron por América, naciendo la “clase criolla”, por supuesto siempre mestiza, aunque fuera en ínfima mezcla, como dirigente de la sociedad y acaparadora del poder económico y administrativo, manteniéndose el gobierno en manos de peninsulares.

A principios del siglo XIX, los territorios americanos se independizaron de la metrópoli, naciendo unas repúblicas, en la actualidad más de quinientos millones de personas, que tienen como vehículo cultural y de relación el mismo idioma y se consideran herederos de la misma civilización. No existe, ni probablemente existirá, mayor aglomeración de naciones que tienen entre ellas tantas afinidades como tienen las hispanoamericanas.

Cuando hablamos de “paso cambiado” con la historia, es precisamente esta situación, dado que en Europa, en los siglos XVI y XVII, las naciones consolidaban su identidad, mientras que los “españoles”, sin haber consolidado el concepto de España como nación, lanzaron sus ímpetus hacia el exterior, forjando uno de los mayores imperios de la humanidad, pudiéndose decir en tiempos de Felipe II, al ser coronado como rey de Portugal, que en sus reinos no se ponía el sol,

En pleno siglo XXI el concepto “español” es objeto de controversia, dado que con él no solamente se define al nacido en España, sino a todos los que en América se comunican en dicho idioma. En un intento de diferenciación se habla de “hispanos”, para denominar a los que viven en USA y son de etnia hispanoamericana. También se ha popularizado el “latino” y “latinoamericano”, pero en realidad si lo traducimos al inglés se habla de “spanish” e “spaniard”, para aglutinar con dicha denominación a un numeroso colectivo, todos de raíz española.

Figura_5Durante siglos los españoles nos hemos sentido como tales, anteponiendo otro sustantivo a lo español. Se habla de la “nación y de la unidad española” tras el levantamiento popular de 1808 y la guerra subsiguiente contra la tiranía francesa, pero esta afirmación hay que tomarla con las debidas cautelas. La soberanía en los reinos españoles radicaba en el Rey, siendo en la fecha del “Dos de Mayo”, Fernando VII. Cuando es hecho prisionero por Napoleón, la soberanía se transfiere directamente al pueblo, es decir a los españoles de los dos hemisferios, los cuales, al mismo tiempo que españoles, eran chilenos, mexicanos, colombianos, argentinos, etc. (empleamos la denominación actual de los estados, aunque en muchos casos nacieron posteriormente a la emancipación). Todos los pueblos, constituyeron juntas “soberanas”.

Hemos visto en los libros de texto, que se plasman como contrasentido el hecho que todas las juntas, tanto de la península Ibérica, islas adyacentes y América, se consideraran “soberanas”. La realidad es que siguiendo el razonamiento del párrafo anterior, sí lo eran. De hecho todas las juntas, juraron fidelidad de Fernando VII, al mismo tiempo que se negaban a obedecer a otra Junta por mucho que se denominara “Suprema” de las Españas e Indias”.

En 1810, tras la derrota de los ejércitos españoles y refugiarse los restos de esa “Junta Suprema” en la plaza de Cádiz, ceden sus supuestos poderes en una Regencia, compuesta de cinco individuos, uno de los cuales tenía que ser americano. Esta forma de gobierno, usual para los casos de minoría de edad del monarca, es utilizada, fraguada la fórmula por alguna mente privilegiada, como la de Torcuato Fernández Miranda, con la “Ley para la Reforma Política”, la última y destructiva Ley Fundamental del régimen de Franco. El rey, fue considerado incapacitado para reinar, con lo cual era totalmente legal la asunción durante la misma, de la soberanía, por parte de un Regente, en este caso cinco, con tratamiento de “Majestad”. De esta forma de 1810 a 1814 se atemperaron las fuerzas centrífugas de los reinos y territorios de la Corona española.

La Constitución de 1812 fue una ley fundamental de los ilusos, de los enclaustrados detrás de las fortificaciones, sin conocer el pulso de sus compatriotas. Una ley es una norma que surge de las entrañas del Pueblo y desde luego esta Constitución no fue tal. Fue la más adelantada de su tiempo, pero precisamente por eso entró en la historia con “el paso cambiado” y su vigencia fue de menos de cinco años, dos entre 1812 y 1814 y tres entre 1820 y 1823. A lo largo del siglo XIX todos los textos constitucionales que se aprobaron, tenían como referente a la de 1812, no llegando ni mucho menos a sus planteamientos, excepto la de 1869 que lo sobrepasaba en mucho, por eso su vigencia fue nula.

Figura_6En 1814 regresa Fernando VII, pero no como consecuencia de un tratado entre los poderes soberanos de Francia: Napoleón I, y “las Españas”: la Regencia, sino como “se suelta a un prisionero”. De hecho durante su minoría de edad, el monarca no asume sus funciones hasta que una ley, refrendada por el regente o regentes, así lo considere. La Constitución Española de 1978 habla de la minoría de edad del rey, estableciéndose para ello unos mecanismos de regencia, no asumiendo el monarca sus poderes constitucionales hasta que no se lo otorguen las Cortes.

Fernando VII, primero “Deseado” y luego “Felón”, protagonizó el primer golpe de estado de una serie ininterrumpida de ellos a lo largo del siglo XIX, infectando de este mal a las nacientes repúblicas hispanoamericanas.

La independencia americana era inevitable. El imperio español perduró durante trescientos años, más que ninguno otro de la historia de la humanidad al estar separados sus territorios por extensos espacios. Hasta en esta permanencia tuvimos el “paso cambiado” con los imperios británico, francés, alemán, holandés, belga o italiano, algunos de ellos verdaderamente efímeros.

Tras las guerras de la Revolución y del Imperio, el mundo sabía que no se volvería a la situación de 1780. El Congreso de Viena estableció un nuevo orden, en el cual, curiosamente, Francia se encontraba entre las naciones vencedoras y España entre las perdedoras. Nunca nuestros diplomáticos, ni siquiera los actuales, fueron hábiles en los entresijos internacionales y lo que ganamos con el sudor y la sangre de los españoles, se perdió en la mesa de negociaciones.

Cuando Europa se abría a la democracia con las revoluciones de 1830, España se empecinaba en su arcaico absolutismo, desangrándose, aún más de lo que estaba, tras una guerra civil de siete años.

La industrialización, el mercado de capitales y los movimientos sociales, fueron extemporáneos en nuestro país con respecto al resto de los europeos, de tal forma que nunca dimos alcance a los demás países y mantuvimos regímenes políticos en desacuerdo con las naciones de nuestro entorno.

A partir de 1975 parece que nos estamos poniendo al mismo paso que la mayoría de los estados miembros de las Unión Europea, aunque lluvias actuales y nubarrones en el horizonte, pueden hacernos “perder el paso”. ¿Será que el sino de España es ir con el paso cambiado?

FOTOGRAFÍAS: A lo largo de las figuras rememoramos los “pasos cambiados” de la Historia de España.

Figura 1: Representa la forma que trata España a uno de sus grandes héroes: el Cid Campeador, en las personas de sus hijas.

Figura 2: “Camino hacia la unidad de España”. ¿Era eso lo que quería Isabel I de Castilla? ¿Un pueblo, una nación, un destino?

Figura 3: La iconografía presenta a los Reyes Católicos como referentes de la piedad cristiana: ¿Luchaban por la fe o por la seguridad de sus territorios?

Figura 4: La escena recoge a la reina de Castilla emitiendo su testamento. Recapitulaba sobre su vida y presentaba lo grande que podían ser los súbditos de la Corona.

Figura 5: Los conquistadores, máxima expresión de la grandeza española.

Figura 6: La decadencia. A partir de este momento y durante doscientos años, España dejó de tener sentido en la escena internacional.

Rafael Vidal Delgado
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