18 septiembre, 2013

Redescubrir a Braque

El Grand Palais de París redescubre la obra de Georges Braque, uno de los más grandes artistas franceses del siglo XX, inventor del “collage” y fundador del cubismo junto a Pablo PicasSo y Juan Gris.

La muestra reúne hasta el próximo 6 de enero más de 200 cuadros y medio centenar de fotografías, libros, ilustraciones, documentos y textos que permiten situar a Braque (1882-1963) en su tiempo.

1379435862_0Es la primera retrospectiva que París dedica en 40 años a este pintor, grabador y escultor, heredero de Cézanne, Corot y Chardin, considerado también como precursor de la abstracción que siguió a la II Guerra Mundial, subraya la comisaria, Brigitte Leal.

Organizada con ocasión del 50 aniversario de su muerte, la exhibición sigue un recorrido cronológico, que comienza con la influencia impresionista y la etapa ‘fauvista’, antes de dedicar varias salas al cubismo (1908-1914), ilustrado entre otras obras con dos procedentes del Museo Thyssen de Madrid y una del Reina Sofía.

Sucesivos espacios revelan momentos claves en la vida del artista como la metamorfosis de los años 30, “nutrida de surrealismo y biomorfismo”; la II Guerra Mundial y la ocupación alemana (1039-1945), “cuando la presencia de la muerte modifica completamente su iconografía”; y la posguerra, marcada por el retorno al color, la alegría y la luz, resumió la comisaria.

La inspiración se refleja en obras como ‘Le Billard’ (1947-1949), que viajó desde el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, y sus célebres ciclos sobre pájaros, paisajes y Talleres (o ‘Ateliers’), serie esta última de la que París reúne por primera vez los nueve cuadros que la integran, pintados entre 1949 y 1956.

El Grand Palais despide al visitante con un impresionante conjunto de los indefinibles pájaros de Braque, muy gráficos, en su mayor parte blancos y negros sobre fondo azul, símbolos de la muerte, la vida y la resurrección. “Formas casi abstractas que muestran que fue un artista moderno hasta el final”, también a partir de la década de los años 50, “cuando su pintura vivió una gran renovación”, que hizo de él un artista emblemático de la II Escuela de París, resaltó Leal.

Dado que Braque trabajaba en paralelo paisajes, ‘ateliers’ y pájaros, formando “una especie de absoluto cósmico”, la muestra se permite alguna variación cronológica en ciertos ciclos, comentó.

De ahí que su última tela, ‘La Sarcleuse’ (La escardadora), todavía sobre el caballete el día de su muerte, se exponga junto a sus últimos paisajes, algunos muy pequeños, alargados y coloristas.

A la sombra de otro genio

Este homenaje que París rinde a Braque aspira a revelar su arte a toda una generación “huérfana” de él, debido en parte a la notoriedad de la que gozó tras la II Guerra Mundial, como influyente personalidad del ‘gaullismo’ y primer artista vivo que expuso una obra en el Museo del Louvre, ‘Les Oiseaux’ (1953).

Aunque no solo fue este estatus oficial, que le alejó de la generación de mayo del 68, la única razón de que su obra no haya merecido mayor reconocimiento en las últimas décadas.

La figura discreta y silenciosa del pintor, recordó la comisaria, quedó siempre parcialmente oculta tras la de su genial y tumultuoso amigo Pablo Picasso, con quien antes de la I Guerra Mundial compartió una rara intimidad pictórica.

Era una época en la que ambos compartían barrio, galerista, amigos y una misma visión utópica del arte, de la existencia y del mundo, que aspiraban a cambiar. Un sueño que en defensa de un ideal colectivo y anónimo les llevó a trabajar juntos sobre los mismos cuadros, sin saber ni querer saber lo que cada cual aportaba.

Sus trayectorias fueron separadas por la guerra, de la que Braque volvió herido y en la que Picasso no combatió, y, aunque con altibajos, su amistad y su admiración recíproca continuó siempre.

Ahora es París quien celebra la obra de Braque y descubre la armonía alcanzada tras una vida enteramente dedicada a la pintura.

 

por María Luisa Gaspar, ELMUNDO