22 marzo, 2012

Recuerdo de Mortefontaine

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Laura Pais Belín

Autor: Camille Corot.

Cronología: 1864.

Técnica: óleo sobre lienzo.

Localización: Museo del Louvre. París.

A lo largo de la historia del arte el paisaje no siempre mantuvo el prestigio y la misma posición que otros géneros; mientras que en Holanda ya era considerado en el siglo XVII un género de gran categoría, en Francia habría que esperar a las primeras décadas del siglo XIX, ya que hasta este momento se consideraba un género menor frente a la llamada pintura noble y será en esta época cuando se desarrolle plenamente.

De esta manera la representación del paisaje en la obra pictórica toma una dirección única con la ilusión de una serie de artistas que tienen la clara aspiración de captar en la naturaleza la realidad visible y su experiencia directa.

Poder representar con sinceridad todos los fenómenos de la naturaleza pero con un sentimiento lírico totalmente alejado del academicismo y clasicismo fue su punto de partida, suponiendo este tipo de pintura un gran paso en el camino hacia la representación de la realidad.

Hubo una figura que representó por completo el tránsito que va del paisaje clásico al realista, y es la de Camille Corot, que no sólo logró crear su propio estilo sino que supo hacerlo manteniéndose al margen de todas las escuelas del momento, convirtiéndose con ello en el precursor de la modernidad en el género del paisaje.

Siempre destacó por su frescura en la ejecución que unía a una perfecta fidelidad a la hora de representar el motivo contemplado y todo ello acompañado de una adelantada destreza técnica a la hora de esbozar la obra al aire libre.

Su buena posición social hizo que nunca dependiese económicamente de su pintura. Y de esta manera se deleitó descubriendo el arte de pintar, libremente encontró su camino y nunca intento convencer a nadie. Sencillamente se dedicó a disfrutar con lo que mejor sabía hacer, que era pintar.

Gracias al apoyo y la ayuda familiar, Corot no conoció la presión por conseguir encargos, ni la necesidad de vender sus obras para así poder mantenerse, ni siquiera la preocupación por el éxito y el reconocimiento del público. Fue por esta libertad, y por la escasa influencia que sobre su arte tuvieron las escuelas y los museos por lo que el maestro francés creó una producción pictórica extremadamente sincera; y una evolución artística pausada y regular.

jean-baptiste-camille-corotJean-Baptiste Camille Corot nació en París en 1796; pertenecía a una familia acaudalada y por ello recibió una exquisita educación burguesa. Realizó los estudios secundarios en la ciudad gótica de Ruan. Allí tempranamente fue donde nació su gusto por la naturaleza. Completó su formación en Possy y al finalizar sus estudios manifestó abiertamente su decisión de dedicarse a la pintura. Su padre, comerciante de tejidos, veía en su hijo la continuidad del negocio familiar y lo empleó como aprendiz en el comercio de paños. Pero todo ello no serviría para nada, ya que muy pronto su incapacidad para este trabajo quedaría clara, al mismo tiempo que su afición por la pintura iba tomando un gran protagonismo en su vida. Por lo que la familia no sólo terminaría cediendo ante sus deseos sino que le otorgaría una pensión para financiar de esta forma su formación artística, por lo que a los veintiséis años Corot comenzaba libremente su carrera como pintor.

En el estudio de un destacado paisajista, Achille-Etna Michallon, aprendió a observar con exactitud para reproducir fielmente la naturaleza. Posteriormente, otro paisajista del momento, Jean-Victor Bertin, le mostraría los principios de composición clásicos para crear paisajes bien estructurados.

Siempre sintió predilección por el paisaje, pero ante todo Corot se convirtió en un autodidacta, decidió por su propia experiencia que la técnica se podía llegar a subordinar a la visión personal. Y ése fue el camino que eligió.

Quizás sus primeras ideas las tomaría cuando contempló los paisajes ingleses que se exhibían en el Salón de 1824 y su cambio llegó tras el viaje que realizó a Italia al año siguiente, donde decidió recrearse en la experiencia de la naturaleza y pintar al aire libre.

Primero pasaría una corta estancia en Nápoles y Venecia, y después eligió Roma para instalarse durante tres años, dedicándose a pintar sus alrededores y lugares históricos, tales como El Foro, El Coliseo o los jardines Farnese, a veces las mismas instantáneas pero desde diferentes perspectivas y a distintas horas del día. Ya en este primer momento, el maestro dejó atrás los modelos poéticos del clasicismo académico para representar las arquitecturas sin que perdiesen su significación histórica como volúmenes que variaban según incidieran en ellos la luz. Algo que hasta entonces no había hecho ningún pintor.

En Italia Corot descubre los efectos rotundos de la luz, sus composiciones se caracterizaban por hacer destacar los volúmenes de las arquitecturas, recortándolos sobre una limpia atmósfera y acompañando las escenas de una gama de colores siempre restringida mientras que una dosis precisa de luz recrea las formas deseadas.

Su inquietud viajera volvería a llevarle a Italia en 1834 y 1843, país que le había cautivado. Pero también recorrió incansablemente numerosos rincones franceses, pintando tanto paisajes normandos y borgoñones como edificios, pasando por la representación de lugares simplemente evocadores como viejos puentes o pequeños rincones de la campiña francesa. En Francia prefería las horas de amanecer y el crepúsculo para salir a pintar porque era cuando encontraba la luz que difumina el espacio, recreando atmósferas intimistas repletas de juegos de sombras y reflejos de luz, apoyándose en una paleta de colores serena que nos da los diferentes matices de la naturaleza.

Para todo ello, empleaba en su método de trabajo la toma de apuntes del natural, a los que proporcionaba un lirismo especial. Pero es curioso que mientras que el maestro se adelantaba a la pintura moderna con esta forma de abordar el paisaje, los artistas más conservadores y la crítica denunciaba que su obra parecían bocetos y no piezas realmente acabadas. Y en muchas ocasiones dudaban de si carecería de maestría técnica. Pero la realidad es que el pintor huía conscientemente del acabado académico, de esa pincelada perfecta y apretada buscando con un acabado mucho más esbozado la experiencia de los sentidos. Pudiendo así mostrar la realidad que se presentaba ante sus ojos cada vez que contemplaba apaciblemente la naturaleza para después representarla en su obra.

En los años cuarenta, su trayectoria pasaba desapercibida: no era un artista polémico pero tampoco destacaba en el mercado ni tenía un ferviente público. Pero el éxito le llegaría en la Exposición Universal de 1855, la consagración definitiva de Corot, se le adjudicará su primera medalla y será el propio Napoleón III quien adquiera uno de los seis cuadros expuestos, siendo reconocido a partir de ese momento como el maestro del paisaje francés. Pero con el paso del tiempo, y a pesar de su éxito como paisajista, Corot comenzaría a separar cada vez más el paisaje de la figura.

A finales de los sesenta y en la década de los setenta cuando sus problemas de salud le impedían viajar con la constancia de antes, su producción se centraría en el estudio de la figura femenina, de la que llegó a realizar casi trescientas muestras. Todas ellas sobresalen por ser composiciones sencillas. Pero que destacan por su inmediatez, parece que no son obras fruto de la pose, sino imágenes captadas del natural de forma sencilla, serena, inmediata y bella, como hacía en sus paisajes. Obras que serían conocidas después de su muerte.

A la hora de abordar de cerca su obra dentro del paisaje nos encontramos con dos vertientes totalmente diferenciadas, por un lado el paisaje que cautivó a los impresionistas, donde la paleta de colores es clara y se busca el efecto de la luz sobre la naturaleza y los objetos.

Pero al mismo tiempo también fue el pintor del paisaje lírico y bucólico, una serie de paisajes exquisitos y vaporosos, donde a parte de la importancia de la naturaleza y su pericia técnica nos encontramos ante toda una serie de personajes como las ninfas que bailan o los pastores y figuras femeninas que juegan, lienzos donde sus protagonistas reposan idílicamente entre el paisaje, y sería realmente con estas obras con las que Corot lograría un increíble éxito.

recuerdo-de-mortefontaine-1Y tal vez este tipo de pintura siempre la encontró recreándose en la visión de su tierra, había viajado por Italia, Suiza, Países Bajos e Inglaterra, pero la región francesa le fascinaba por la variedad de sus cielos y el despliegue cromático y cambiante de su naturaleza. Como podemos apreciar en la obra “Recuerdo de Mortefontaine” con la que consiguió un rotundo éxito en el Salón de 1864. En ella recrea un jardín pintoresco situado al norte de París que había sido creado en el siglo XVII, y que se caracterizaba por estar lleno de lagos y extrañas especies vegetales. Era uno de sus sitios predilectos y por eso lo pintó en múltiples ocasiones.

En esta pieza se recrea en la luz fría y neblinosa de la primera hora del día junto al lago, acompañada de una paleta refinada de grises y plateados, de pardos y verdes pálidos para representar el arbolado mientras que la delicadeza de las luces y las sombras se convierten en las protagonistas para definir la superficie resplandeciente del lago. Entretanto las discretas siluetas femeninas sugieren una sensación de paz y sosiego llenando al mismo tiempo de frescura y lirismo la obra.

Aunque la delicadeza de su pincelada o la sobriedad de su composición lo unan al siglo XVIII su técnica intuitiva hace que este pintor se escape a cualquier clasificación. Ya que como nadie supo mezclar la maestría de la herencia clásica y romántica en el paisaje, como podemos apreciar en este lienzo, añadiéndole el atrevimiento de utilizar la pintura al aire libre con la solidez compositiva de la tradición.

Con obras como ésta el maestro francés confesaba que buscaba la imitación de la naturaleza, pero sin perder un momento de emoción. Porque para él el arte era una mezcla perfecta de realidad y sentimiento, ya que la sinceridad de las emociones de un pintor al intentar plasmar lo que contempla es lo que debe trasmitir al espectador.

Como todos los pintores de su época después de esbozar sus cuadros al natural los acababa en el taller. Muchas veces esos estudios del natural tomados directamente ante el motivo representado eran obras privadas que el maestro guardaba en la privacidad de su estudio. Fallecido el artista, otros grandes artistas como Degas compraron estas obras para que les sirviesen de guía, y ser así la formación y el punto de partida de generaciones de artistas posteriores.

Camille Corot fue el pintor sencillo de la naturaleza, el maestro de la escuela realista de Barbizon o tiempo después el espejo donde mirarse para los impresionistas. Un artista tardío que sin querer revolucionó la historia del arte, ya que de forma modesta y sin hacer ruido con sus interpretaciones del paisaje abrió el camino en este género hacia la modernidad dejando atrás el idealismo del paisaje francés para centrarse en la representación de la armonía real de la naturaleza.

Defendió una pintura al aire libre porque para él lo esencial en su obra era mostrar la sensación óptica obtenida ante el paisaje en determinadas condiciones atmosféricas y de luz. Y con ello logró ser el primer pintor para el que las sensaciones que se producían ante la naturaleza se convertían en el primer motivo a representar en su obra.

Porque Corot, con su manera de crear y su abrumadora sencillez, proclamaba con su arte que los paisajes simplemente son fragmentos de naturaleza recreados por la pintura.