14 febrero, 2012

Real Colegiata de San Isidoro de León

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La Real Colegiata de San Isidoro es el conjunto monumental más importante que se conserva en la provincia de León. A la época medieval pertenece la iglesia, el Panteón Real, la tribuna, la torre, el pórtico adosado al muro norte de la iglesia y la capilla de la Trinidad. De todas estas dependencias, son la iglesia y el Panteón las zonas artísticas más interesantes.
La fábrica de estas áreas se asignaba al reinado de Fernando I y Doña Sancha (1037-1065) y las pinturas al reinado de Fernando II (1157-1188). Sin embargo, estudios posteriores defienden una nueva cronología. Así, retrasan la construcción del Panteón a la época de Doña Urraca, hija de Fernando I y Doña Sancha y adelantan la fecha de las pinturas a principios del siglo XII.
Fernando I y Doña Sancha construyen un templo de piedra sobre otro de ladrillo y barro edificado por Alfonso V (padre de Doña Sancha) consagrado a San Juan Bautista y destruido por Almanzor. Este hecho coincide en el tiempo con la llegada a León, procedentes de Sevilla, de los restos de San Isidoro, lo que supondrá el cambio de advocación del templo. Los reyes lo dotaron de un importante ajuar sacro, objetos de orfebrería, tesoros y lo enriquecieron con un gran patrimonio. El templo fue consagrado el día 21 de diciembre de 1063.

A los pies de esta iglesia se construyó un recinto cuadrangular destinado a Panteón Real (parece ser que Doña Sancha convenció a su marido para ser enterrado en León y no en Burgos como pretendía). Se cubre con bóvedas decoradas con pinturas que descansan en pilares reforzados con medias columnas coronadas con bellos capiteles. Este lugar se concibió como recinto funerario y aislado, no abierto al público. Reposan en él 33 miembros de la Corona Leonesa.

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Los dos temas más importantes del Panteón, como hemos dicho, son las pinturas de las bóvedas que por su belleza, extensión y conservación dieron  lugar al nombre de Capilla Sixtina del arte románico y los capiteles con temas vegetales e historiados. Las pinturas, realizadas al temple sobre estuco blanco en el siglo XII, representan las escenas de la Anunciación a los pastores, la degollación de los inocentes, la Santa Cena, el prendimiento, la visión de San Juan, el Pantocrator y el calendario agrícola.

Sobre el Panteón se elevó una Tribuna que comunicaba con la iglesia a través de un arco, denominada Cámara de Doña Sancha. En la actualidad alberga el tesoro de la Colegiata. En él se guardaban objetos del ajuar eclesiástico, ofrendas, objetos sagrados y reliquias. De la donación de Fernando I y Doña Sancha (Comentario al Apocalipsis del Beato de Liébana, Libro de las Horas de Fernando I y Doña Sancha, Crucifijo de Marfil, Arca de los Marfiles de San Juan y San Pelayo, Arca de San Isidoro, etc.) sólo las dos últimas se conservan en el museo.

De las donaciones posteriores se conservan el cáliz de ágata y patena de Doña Urraca  (siglo XI), idolillo escandinavo (s. X), portapaz de marfil (s. XII), arqueta de los esmaltes de Limoges, Ara de Doña Sancha (1147), joya árabes y el Pendón de Baeza con la figura de San Isidoro a caballo (s. XIV). El tesoro se vio notablemente menguado tras la desamortización e incautaciones del siglo XIX.

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El conjunto monumental que estamos analizando sufrió una reforma en la que desapareció la iglesia de Fernando I y Doña Sancha para ser sustituida por otra más grande de estilo románico pleno.  De la anterior se conservaron parte de los muros norte y oeste. Un análisis detenido del edificio que hoy conocemos denota bastantes anomalías y desajustes estructurales indicativas de que la fábrica se llevó a cabo en distintas campañas o bien el proyecto original sufrió modificaciones. Fue consagrada la nueva iglesia el día 6 de marzo de 1149.  Determinados autores, Gómez Moreno entre ellos, sostienen que esta reforma la inició la infanta Doña Urraca siendo concluida en tiempos de Alfonso VII y su hermana Doña Sancha Raimúndez,  gran benefactora de la Real Colegiata. Esta infanta restauró la vida monástica profesando ella misma en el monasterio. Mandó que dependiera de los canónigos regulares de San Agustín trasladando la comunidad de monjas existente fuera de León y ordenó edificar los edificios destinados a los canónigos. Poco después el monasterio fue elevado al rango de abadía pasando por ella 66 abades hasta marzo de 2003.

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A pesar de las irregularidades y anomalías derivadas de la construcción de este templo, se constata una evidencia que es el deseo expreso de conservar el Panteón y ennoblecer la Real Casa con un templo más acorde con la importancia del lugar como centro destacado de la ruta jacobea. La nueva iglesia es reflejo de la moda vigente, responde a los esquemas del románico pleno sin olvidar el pasado  y las  reminiscencias islámicas. El edificio del templo tiene tres naves y planta de cruz latina. El ábside central es hispano-flamenco del siglo XVI,  sustituyendo al románico original, los ábsides laterales son románicos con bóvedas de horno.

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La nave central tiene una gran altura y está cubierta con bóveda de cañón, mientras que las laterales tienen bóvedas de arista. Los arcos del crucero son polilobulados y los que separan las naves presentan un peralte muy acusado.
Desde el exterior solo podemos contemplar la fachada y el ábside meridionales, pues el resto del edificio está rodeado por otras construcciones y el poniente está oculto por la muralla romana, salvo la torre. Se observan las tres alturas de las naves. La cornisa de la nave central es ajedrezada y se apoya en modillones de influencia mozárabe. La fachada meridional presenta las dos fachadas del románico pleno: la más antigua, la del cordero y la más moderna, la del perdón. La puerta principal de la iglesia se llama del Cordero porque es el cordero místico sostenido por ángeles el tema principal que aparece en el tímpano. También figuran en este espacio el sacrificio de Isaac, Sara a la puerta de la tienda, Ismael cabalgando por el desierto, etc. Fuera del tímpano, aparece a la izquierda San Isidoro y a la derecha San Pelayo, así como el Rey David, cinco músicos y los signos del zodiaco.
A la derecha de la puerta del Cordero tenemos la puerta del Perdón, llamada así por ser el lugar por donde entraban los peregrinos del Camino de Santiago para conseguir indulgencias y el perdón de sus pecados. Sostienen el tímpano un perro y un león como guardianes del templo. Dentro del tímpano se representa el descendimiento de la Cruz, las Marías ante el sepulcro y la Ascensión. A ambos lados del arco aparecen las estatuas de San Pedro y San Pablo.

La Torre se erige adosada al exterior de la muralla romana y separada de la iglesia y panteón. Es de planta cuadrada, dividida en tres cuerpos desiguales, macizos los inferiores y más ligero el superior. El interior cuenta con tres espacios abovedados e independientes. El cuerpo alto o de campanas presenta dos grandes ventanas en cada uno de sus cuatro lados flanqueadas por columnas que evidencia un diseño del siglo XII.

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La Capilla de la Trinidad es un pequeño oratorio de nave única situada al norte del ábside central. Fue erigida por Santo Martino, canónigo de la Colegiata antes de 1191. En el siglo XVI se transformó pasando a denominarse de Santo Martino. En el retablo aparece la imagen del titular y una urna que guarda los restos del santo.

La construcción del edificio de archivo o Biblioteca se inicia en 1534 encargada a Juan de Badajoz, el Mozo. Se trata de un espacio rectangular divido en tres tramos. La cúpula central, muy original, es ovalada; del centro cuelga un farolón con personajes del Antiguo Testamento. En las pechinas hay cuatro medallones con figuras de los evangelistas y el muro contiene una ancha imposta  con elogios a San Isidoro en letras doradas.
Entre los documentos que custodia la Biblioteca podemos mencionar 300 incunables, 800 documentos en pergamino y 150 códices, dentro de los cuales destacan:
–    La Biblia mozárabe del siglo X (960) del presbítero Sancho y miniaturas de Florencio, escrita en el Monasterio de Valeránica (Burgos).

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–    Códice Morales de Job del año 951.
–    Tres tomos de una Biblia románica del siglo XII.
–    Dos tomos de la obra de Santo Martino del siglo XII.
–    Chronicon Mundi, del Tudense del siglo XV.

No podemos terminar el artículo sin hacer una breve referencia a otra institución, hay otras que tampoco hemos  citado, denominada  Instituto Bíblico y Oriental (IBO), ya que su sede se asienta dentro del conjunto monumental de la Real Colegiata de San Isidoro, Plaza Santo Martino, 5 de León.
El IBO tiene por objeto el estudio de la Biblia y del Oriente bíblico. Comenzó sus actividades en el año 2003 y fue inaugurado por la Reina Doña Sofía el día 11 de marzo de 2009. Sus patrocinadores fueron y siguen siendo el Grupo de Empresas EULEN y la Obra Social de Caja España de Inversiones (actualmente Caja España-Caja Duero).
El IBO se estructura en el Instituto, el Museo y la Biblioteca.

El Instituto está abierto en León, Cistierna (León), Madrid, Valladolid, Santiago de Compostela y Pamplona a los interesados en la Biblia, la arqueología, la historia, las lenguas y las religiones del Oriente Bíblico. Desarrolla un programa anual de actividades que van desde cursos sobre las llamadas lenguas muertas (sumerio, acadio, armenio, persa antiguo, hebreo, egipcio, árabe y latín), cursos sobre temas bíblicos, históricos, de  religiones, hasta charlas, conferencias y aulas juveniles.

El Museo alberga en sus dos plantas antigüedades bíblicas y orientales. Sus  fondos están cargados de historias de las culturas mesopotámicas: pictogramas de la época de Uruk (2.800 a.C.), mensajes enigmáticos algunos aún sin traducir, letra de cambio, un contrato de adopción, documentos de compraventa, fletes, inscripciones reales, textos religiosos, etc. de hace miles de años. También alberga el Museo gran cantidad de cartas paleobabilónicas, algunas con su correspondiente sobre de arcilla que nunca fueron abiertas ni descifradas, terracotas con escenas de la vida cotidiana, cilindros-sellos para certificar documentos usados en 2.400 antes de Cristo, etc.

Asimismo, Francisco Antonovich, español nacido en El Cairo, uno de los grandes expertos en Alejandro Magno, estudioso de la cultura árabe y excepcional coleccionista de piezas históricas, donó al Museo un centenar de piezas y documentos (biblias antiguas, objetos egipcios con inscripciones jeroglíficas, sarcófagos de toda la región, así como textos sumerios, fenicios o ugaríticos).

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La Biblioteca trata de abarcar los tres ámbitos de estudio del Instituto: la Biblia, su Oriente y sus tradiciones religiosas. Cuenta con ediciones críticas del texto bíblico, gramáticas y diccionarios, diversas colecciones y comentarios de los libros bíblicos. Posee una colección única de libros y piezas de la civilización mesopotámica. Se trata de los fondos Van Dijk,  colección sumeria reunida por este erudito holandés en asiriología. El legado Van Dijk fue dejado en herencia al sacerdote leonés Jesús García Recio, licenciado en semíticas y ciencias bíblicas y su alumno más aventajado. La biblioteca asiriológica está formada por más de 10.000 volúmenes incluidos algunos textos cuneiformes únicos.

Por último, señalar que actualmente existe una  exposición temporal titulada “El itinerario religioso de Alejandro Magno” que propone seguir los pasos de la iconografía religiosa del personaje que se puede apreciar en sus bustos de mármol helenísticos y romanos, altorrelieves en piedra, terracotas grecorromanas, orfebrería macedonia, camafeos, medallones y  monedas de época.

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