1 abril, 2015

Rajoy apuesta por la cultura del voto

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Estos días el presidente del Gobierno y la cuadrilla empleada en el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte son un reflejo del mito de Orfeo, el héroe más desconfiado y débil de todos los que inventó la mitología griega. No fue famoso por su valor guerrero, sino por el arte de hechizar con sus melodías. Cantaba y las fieras del bosque quedaban encantadas ante él, incluso los árboles se movían para oírle.

Con sus inventos logró abrirse camino, también, en las tinieblas hasta el trono de Hades y Perséfone para rescatar a su esposa Eurídice, muerta por la picadura de una serpiente. Tuvo el permiso de llevársela con una condición: no debía volverse para mirar y comprobar que su amada iba detrás de él. Así que antes de cruzar el umbral del oscuro Hades, Orfeo se volvió para verla y la perdió para siempre. El pobre desdichado siguió cantando por los bosques, pero esta vez muerto de melancolía. Hasta que lo descuartizaron las bacantes de Dioniso.

En 2015 Mariano Rajoy quiere tender la mano a la Cultura, después de atizarle durante tres largos años. La campaña empezó el pasado octubre, cuando se anunciaron los Presupuestos Generales del Estado y para el sector había un crecimiento del 4,3%, algo más de 30 millones de euros que el año anterior y casi 200 millones de euros menos desde que el PP tomó las riendas del país. Segundo guiño electoral: abrir el rumor de la reducción del IVA cultural entre los medios, con filtraciones interesadas, para sacarle provecho antes de aplicarlo.

El resultado es que Hacienda ha ganado 98 millones de euros sólo con los ingresos de la entrada de cine. La taquilla y la industria cinematográfica han perdido 144 millones en dos años de castigo impositivo. Desde que subió el tipo fiscal, Cristóbal Montoro ha doblado lo recaudado. Desde 2013, el cine subvenciona al Estado. ¿Qué ha recibido el cine a cambio? Deudas sin saldar. El cine español, en su mejor año de atención del público, murió.

El fracaso de las políticas culturales del Gobierno en estos tres años es doble: legislativo y financiero. El equipo de Cultura ha demostrado una alta cualificación en crear cismas internos y con otros ministerios y una asombrosa incapacidad para dotar a la industria cultural de las herramientas legislativas que le permitan crecer sin depender de las ayudas públicas. Han hundido la reforma de la Ley de Mecenazgo, han parcheado la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual para un año con todo el sector en contra y siguen prometiendo, cuatro Presupuestos Generales más tarde, una Ley del Cine. Eso sí, han logrado volver a sacar a la cultura a la calle.

Durante la legislatura de Mariano Rajoy han desaparecido más de 30.000 empleos culturales y cerrado cerca de 20.000 empresas culturales

Así están las cifras: en 2011 había 113.023 empresas y en 2013, 108.556. Pero en el último año se han incluido las dedicadas a la traducción, interpretación y educación cultural, casi 10.000 más. Es decir, la pérdida de empresas culturales rondaría las 20.000. El 93 % de ellas tienen un máximo de 5 trabajadores. En empleo cultural es difícil contrastar los datos, porque el Ministerio alteró la cifra de 2012 de un año a otro: primero se dijo que 452.700 empleos y al año siguiente que 478.800 empleos. En 2010 el número de empleos generados era de 508.700.

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El gasto liquidado en Cultura entre las tres administraciones es desastroso. De 1.075 millones de euros en 2008, ha caído hasta los 772 millones de euros en 2012. Los ayuntamientos españoles, por ejemplo, han pasado de invertir un 0,38 % de su presupuesto de 2010, a 0,26 % en 2012. ¿Resultado? España ha perdido 2.100 millones de euros por los recortes en cultura. José María Lassalle será recordado por prometer un 10 % del PIB generado por la cultura. En 2012 estaba en el 2,5 %. Sin olvidar otras promesas fracasadas.

Orfeo, o sea Rajoy-Wert-Lassalle, han entrado en una enfervorecida actividad, después de invernar tres interminables temporadas de profunda indolencia: se ha puesto a inaugurar como loco museos, exposiciones… Y la última propaganda, enviada desde el departamento de prensa de la Secretaría de Estado de Cultura el pasado viernes, anuncia la creación de 101 plazas de oferta de empleo público en este organismo (41 de nuevo ingreso y 60 de promoción interna).

La política barata saca sus mejores melodías en año electoral para movilizar el voto, incluso de los árboles: primero reducen el número de empleados en las administraciones (163.000 menos en dos años) y, luego, los volvemos a contratar (mínimamente) y lo anunciamos (proverbialmente).

Sin embargo, la hemeroteca tiene un do de pecho que desmonta las nuevas baladas. El Museo Arqueológico Nacional no pudo abrir antes porque no tenía personal suficiente. ¿Solución? Redujeron al Museo de América a la mitad de actividad y llevaron sus vigilantes al Arqueológico, que sigue sin poder abrir su biblioteca un año después de su inauguración por falta de personal.

El resultado de estas políticas culturales dejan a cientos de cines abocados al cierre, casi 1.000 librerías desaparecidas en 2014, los productores cinematográficos levantados en armas, los museos estatales en situación indecente, han abierto las cuevas de Altamira con la oposición científica en bloque, el Cabanyal pendiente de derribo y reconociendo que “naturalmente, en los últimos años ha sido necesaria hacer una disminución en los presupuestos destinados a patrimonio”, entre otros. Mariano y los suyos tocarán la melodía del IVA y entonces mirarán atrás para comprobar que la cultura está ahí…

Por Peio H. Riaño en El Confidencial.