28 enero, 2014

¿Quién vigila a la ‘policía del arte’?

A close up is seen of British artist Damien Hirst's hands as he poses at the Tate Modern gallery in London

Damien Hirst no quiere que le ocurra como a Andy Warhol, Francis Bacon, Paul Gauguin, Pablo Picasso, Francisco de Goya o Harmensz van Rijn Rembrandt, por citar algunos, aunque hay más, muchos más, casi todos. El artista conceptual ha creado un Comité de Autentificación para sus obras de arte como escudo para blindarse contra las falsificaciones que atiborran el mercado, quiere dejar atado y bien atado lo que lleva su firma y se cotiza a sus precios y separarlo de lo que los malhechores intentan colar en el mercado.

Las falsificaciones de obras de arte, o copias con intención de pasar por originales, son tan antiguas como el arte mismo, y la decisión de Hirst llega en un momento en que los comités de autentificación están en el ojo del huracán tras recibir considerables regañinas: demandas judiciales y escándalos de parcialidad e incompatibilidad… Estas comisiones suelen estar vinculados al artista y/o sus herederos, cuyo interés económico contamina, a menudo, el trabajo. Y si los comités de autentificación no tienen la autoridad sobre la obra de un artista, ¿quién la tiene?

El Comité de Autentificación creado por Hirst está formado por cuatro miembros: dos de sus impresores, Paul Stolper y Charles Booth-Clibborn, y, junto a ellos, Hugh Allan y James Kelly, directores de Science Ltd., la compañía comercial fundada por el artista. Kelly explica que “se están falsificando obras, que nunca se han publicado por Science Ltd. ni por otra ninguna imprenta autorizada; quienes no tengan un gran conocimiento de la creación de Damien Hirst pueden ser engañados fácilmente”. La comisión, que se reúne seis veces al año, intenta controlar la producción del artista en todos los medios utilizados por él, sin embargo, los tiburones sumergidos en una pecera de formol no atraen a los imitadores con la misma ligereza que las imágenes de puntos coloreados o mariposas multi color.

“Hemos detectado un problema con obras de la primera etapa a las que se les está decolorando la firma. El comité ha decidido que las identificaremos para que Hirst las firme de nuevo, gratuitamente”, ha comentado Kelly. Durante varias décadas los comités de autentificación, que recogían la opinión y el análisis de más de un experto, parecían la solución al eterno problema de las reproducciones ilícitas. En los últimos años los nombres más doctos y respetables del mercado se han visto afectados por escándalos de falsificaciones y los comités también han caído en desgracia.

La Fundación Andy Warhol anunció la disolución de Comité de Autentificación tras una demanda judicial por la verificación de 44 obras del artista, desde un auto retrato hasta la serie de cuadros ‘Campbell’s Soup Box’, tanto la de fideos con pollo como la de cebolla. Las obras estaban calificadas como falsificaciones desde la muerte del artista en 1987, hasta que los precios de trabajos de Warhol se dispararon y el comité -uno de cuyos miembros, Vincent Fremont, que cobraba entre un 6 a 10% por venta como agente de la fundación- cambió la calificación de 35 cuadros de las 44 piezas previamente falsas.

oveja

Tras el anuncio de la disolución del Comité de Autentificación, la Fundación Andy Warhol no reconoce a nadie como autoridad en la obra warholiana. En Francia, se suele adjudicar a la familia del artista el papel de garante de la obra del creador, como si los lazos sanguíneos garantizaran el conocimiento artístico. En el caso del pintor Francis Bacon, ha sido David Edwards, hermano del difunto John Edwards, amigo y heredero del artista irlandés, el que ha metido dibujos falsos por más de un millón de euros en el mercado. Martin Harrison, académico y miembro del Comité de Autentificación, detectó la mentira. David Edward fue condenado a pena de cárcel el pasado octubre por un tribunal de Londres. El filtro de Harrison ha servido en este caso para separar el trigo de la paja.

Andy Warhol no es el único que se ha quedado sin comité. El expresionista abstracto Robert Motherwell, cuyo ente de autentificación, la Fundación Dedalus, fue embestida por dos demandas judiciales, tampoco tiene voz autorizada sobre su obra original y/o falsa. Los trabajos de Motherwell han sido algunos de los que han cerrado abruptamente la galería Knoedler de Nueva York, un nombre veterano desde el siglo XIX, en el mundo del arte. El escándalo de las falsificaciones de Knoedler ha salpicado hasta la casa de subastas Christie’s, que en el 2009 vendió un rothko falso en negro y naranja por 2.8 millones de euros procedente de la galería. Otra obra fraudulenta fue adquirida por 2.45 millones de euros por el coleccionista americano John Howard creyendo que era del artista Willen de Kooning. El propietario, la ex directora de Knoedler y la marchante Gafira Rosales están dando cuenta de una auténtica saga de engaños y transacciones en los tribunales de Nueva York que los juzga por años de conspiración: colocaban en el mercado cuadros de gran envergadura, atribuidos a artistas conocidos y, sin embargo, salían de la mano y el pincel de un chino de un barrio de Nueva York.

Prestigio arruinado

Otro de los venerables nombres del mundo del arte es el de la dinastía Wildenstein, cinco generaciones de galeristas que ejercían de irrebatibles comités de autentificación. El Wildenstein Institute de París dominó durante 40 años la autoridad mercantil -no se vendía nada que ellos no hubiesen salpicado con su agua bendita- de artistas como Paul Gauguin, Claude Monet, Edouard Manet o los maestros antiguos. Las piezas que no se incluían en sus catálogos razonados, considerados como escrituras sagradas, no se las calificaba como auténticas. Hasta que toparon con varias demandas judiciales por robo. Hubo un cuadro de Monet ‘Les bords de la Seine á Argentueil’, que se negaron a autentificar sin ni siquiera examinarlo, en contra de la opinión de académicos del Courtauld Institute de Londres. Los vínculos entre la verificación de una obra y su salida al mercado han colocado bajo sospecha a los Wildenstein, que como Knoedler, ha perdido su viejo prestigio.

Georgina Adam, experta en el mercado del arte para ‘Financial Times’ y ‘The Art Newspaper’, habla sin tapujos para EL MUNDO: “Las falsificaciones son un problema cada vez mayor, el caso de Beltracchi y el arte de la vanguardia rusa ha demostrado lo fácil que resulta filtrar calcos en el mercado; los precios que se pagan empeoran el tema. Los comités de autentificación podrían ayudar, pero tienen miedo a las demandas judiciales. La situación, de momento, está liada”.

El falsificador Wolfgang Beltracchi está cumpliendo una pena de prisión en Alemania por haber vendido copias de obras de arte presentándolas como originales de artistas modernos. El que hace tiempo salió de la cárcel por el mismo delito es el copista, ahora sin ánimo de engañar, John Myatt, quien calculaba en entrevista con EL MUNDO que circulan por el mundo unas 200 producciones de su creación atribuidas a renombrados artistas. Sólo la Fundación Alberto Giacometti, sin comité de autentificación, se resistió a los embustes de Myatt y John Drewe. Este último inyectó en el mercado durante más de una década reproducciones ilícitas pintadas por Myatt y atribuidas a Picasso, George Braque, Juan Gris, Donald Judd o Jean Dubuffet.

La especialista en el comercio artístico es del parecer que el arte moderno resulta más fácil de falsificar y más difícil de autentificar que el antiguo. El comité Rembrandt tiene en el limbo varias obras del artista holandés sobre las que los miembros de la comisión no se ponen de acuerdo en la autentificación. La duda se cierne sobre obras de maestros como Goya, y discípulos, del arte antiguo.

Con los comités de autentificación bajo sospecha, Damien Hirst, que trabaja en equipo en sus estudios de Glouscertershire y de Devon, aunque firma en solitario sus obras, intenta que su producción sea legítima, ajena al objetivo de los falsificadores que no respetan artistas muertos ni vivos, ni caros ni baratos. Pablo Picasso, favorito en las ventas por las desorbitadas cifras que consigue, no tiene ni comité ni autoridad que garantice sus producciones. John Richardson, el mayor conocedor de la obra picassiana, solía contar que “hace varias décadas que no autentifico ninguna obra porque cada vez que me piden hacerlo era para venderla; los precios lo han corrompido todo; los académicos no quieren meterse en el mercado porque pierden su independencia y los mercaderes lo que quieren es vender originales aunque sean falsos”. Richardson tuvo de mentor al fallecido profesor Douglas Cooper, cuya fiabilidad en verificar piezas de artistas impresionistas y modernos cayó bajo sospecha tras enlazar sus veredictos de autenticidad con una transacción comercial. Una relación perniciosa, la de la autentificación y venta lucrativa de un cuadro o una escultura. Quizás ni el Comité de Autentificación de Damien Hirst pueda llegar a mantener la independencia para verificar sus propias obras de arte de aquí a 20 o 30 años, el tiempo que ha tardado la comisión de Andy Warhol en perderla.

Por Conxa Rodríguez en El Mundo.