22 julio, 2015

¿Quién decide cuándo se termina un cuadro?

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El comisariado de exposiciones es un arte muy poco apreciado. No es fácil conseguir que una exposición resulte interesante y además didáctica, pero a menudo, las muestras organizadas en la Courtauld Gallery de Londres lo consiguen. Recientemente además lo ha hecho tirando de fondo de armario, un malabarismo aún más difícil. Desde el pasado 18 de junio y hasta el 20 de septiembre una de sus salas reúne más de una veintena de obras bajo el título Unfinished… Works from the Courtauld Gallery (Sin terminar… trabajos de la Courtauld Gallery) . Se trata de una exposición sencilla y modesta pero de calidad extraordinaria: cuadros considerados oficialmente inacabados, cuyos autores no pudieron o quisieron terminarlos y que han pasado a la historia como obras sin finalizar. Sin embargo, en muchas de ellas cabe preguntarse si en realidad la intención del artista era dejar el lienzo tal y como lo vemos, aunque sus contemporáneos fueran incapaces de comprenderlo.

Es muy probable que ese fuera el caso de Manet, Degas, y Cezanne, quienes durante muchos años fueron despreciados precisamente por no amar los contornos firmes con los que sus predecesores definían el arte. En lo que quizás sea uno de los cuadros más bellos de esta exposición y hasta de la producción de Manet, titulado En el baile, (1877), apenas le hacen falta unos trazos rápidos para mostrarnos a una mujer con el rostro entornado, de la que se insinúa su cuello largo y su traje elegante con unas pocas pinceladas. Al fondo se entrevé movimiento. Nada impediría que esa imagen estuviera firmada hoy mismo dada la modernidad que rezuma. Se considera inacabada pero en la propia muestra se reconoce que no se puede saber con certeza si Manet quiso que la viéramos precisamente así.

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Lo mismo le ocurre a Mujer en la ventana (1871-72), de Degas. Se trata de una silueta de mujer a contraluz en una ventana, donde su rostro apenas se vislumbra ya que está casi sumergida por el color negro. Paul Durand-Ruel, el marchante que apoyó y dio a conocer a los impresionistas, vendió este cuadro muy barato porque lo consideró inacabado. Si hoy se subastara se vendería por varios millones.

La exposición, comisariada por Karen Serres, también sirve para entender cómo trabajaban algunos artistas. A Monet ,por ejemplo, le gustaba regresar a sus cuadros años después de haberlos comenzado. Así lo hizo con sus muchos jarrones de flores, de los que aquí se muestra un ejemplo de uno comenzado cuarenta años antes de que él mismo lo diera por concluido.

Manet, Degas, y Cezanne fueron despreciados precisamente por no amar los contornos firmes con los que sus predecesores definían el arte

Inconcluso y zanjado

En 1905 Matisse pintó La playa roja. Es un pequeño lienzo muy evocativo cargado de colores fuertes y donde, como dice su título, la arena de la playa es de color rojo. En su momento se pensó que por ello el cuadro estaba sin terminar aunque ahora los expertos se plantean que probablemente el artista buscaba jugar con los colores y por eso el resto de las imágenes del cuadro aparecen de forma muy esquemática, algo que entonces llevó a pensar que estaba inconcluso, aunque hoy cualquiera soñaría con tener esta pequeña y poderosa tela en casa.

En la muestra abundan los ejemplos relacionados con los impresionistas porque la Courtauld Gallery posee abundante obra de estos artistas pero también es fascinante viajar un poco más atrás en el tiempo y admirar algunas obras renacentistas, estás sí, claramente inconclusas, como Virgen con niño, (1527-28) del Parmigianino, donde el fondo está perfectamente acabado mientras que el primer plano –el pie de la virgen o los pliegues de su vestido- están claramente a medio hacer.

En la exposición se muestra una de las joyas de la colección de esta institución, Sagrada familia con San Juan Bautista (1534), de Perino del Vaga, un discípulo de Rafael. La virgen y el santo aparecen con sus siluetas perfectas pero los rostros y el cuerpo están apenas dibujados en sus contornos con un pincel negro mientras que el niño ya ha adquirido color y forma clara. Es un cuadro raro puesto que la mayoría de los lienzos del renacimiento nos han llegado perfectamente terminados y aunque está a medio hacer mirarlo permite entender cómo se trabajaba en aquella época.

En la muestra no faltan pequeños dibujos, grabados y aguafuertes, como uno de Rembrandt fechado en 1639 que aparece como un claro estudio sobre la figura humana, un grabado de Mantegna completamente experimental y un dibujo de Turner titulado Un barco en alta mar (1840) donde el pintor británico juega de forma libre con las líneas para insinuarnos una de sus célebres tormentas sobre el océano.

En el centro de la sala hay varias esculturas de Degas y es ahí donde uno descubre que el artista nunca aspiró a mostrar a sus bailarinas en tres dimensiones. Hizo docenas de modelos en arcilla y cera para estudiar los movimientos del cuerpo que después llevaría a sus lienzos pero nunca quiso exhibirlas. Sin embargo, tras su muerte, aquellos modelos se enviaron a fundir y hoy los vemos en museos de todo el mundo como esculturas terminadas que para su autor nunca debieron serlo. Si hay algo que queda claro al visitar esta exposición es que en el arte todo es subjetivo, incluido el acabado de las obras.

Por Bárbara Celis en El Confidencial.