5 julio, 2013

Pinault regala a China dos símbolos nacionales expoliados

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La fuente del Zodiaco, que adornaba el palacio de verano del emperador Quianlong al noroeste de Pekín, estaba constituida por 12 surtidores en forma de cabezas de animales. La obra del siglo XVIII fue destruida en 1860 por las tropas francesas y británicas en la Segunda Guerra del Opio y las esculturas de bronce desaparecidas están clavadas como una espina en el patriotismo chino, igual que Grecia reclama el retorno de los mármoles del Partenón a Londres. Pekín ha recuperado siete de las 12 obras. Dos de ellas, la cabeza del conejo y la del ratón, justo ahora acaban de ingresar en el Museo Nacional de China gracias a François Pinault, dueño de la casa de subastas Christie’s, tras una rocambolesca maniobra artística y diplomática no ajena a la sospecha de motivación económica.

El par de esculturas de bronce que han vuelto a China con gran regocijo patriótico pertenecían al diseñador francés Yves Saint Laurent, fallecido en 2008. Al año siguiente, su compañero y heredero, Pierre Bergé, sacó a subasta a través de Christie’s la colección de arte, antigüedades y otros objetos del finado. La cabeza del conejo y el ratón de la fuente del Zodiaco del siglo XVIII afloraron a la luz pública. La diplomacia china, a la chita callando, reclamó, sin grandes titulares, la devolución de ambas obras aduciendo que fueron saqueadas y robadas del palacio imperial en el siglo XIX. En Christie’s tomaron nota de la reclamación.

Pierre Bergé argumentó que Yves Saint Laurent las había adquirido de forma legal y, por lo tanto, no iban a ser devueltas a nadie. Si la República China las quería, podía pujar en la subasta. No estaría sola: algunos de los nuevos millonarios chinos se han dado a conocer por adquirir arte y antigüedades de su país en el mercado occidental. El caso de un jarrón chino vendido en noviembre de 2010 en Londres por más de 60 millones de euros es uno de los más espectaculares, pero no el único ejemplo.

La subasta de la colección de Yves Saint Laurent, en febrero de 2009, en el Gran Palais de París estuvo envuelta de un cierto morbo. En total, alcanzó 374 millones de euros. La gran sorpresa fueron las dos esculturas de bronce que reclamaba China, por las cuales un comprador anónimo chino ofreció 31 millones de euros, 12 millones más del precio previsto. Después, el pujador se negó a pagar la cifra ofrecida en la subasta generando todo tipo de rumores sobre el funcionamiento de la diplomacia de Pekín. ¿Había sido todo una operación para obstruir la venta? El ratón y el conejo, convertidos en litigio diplomático, continuaron tan tranquilos en Christie’s de París. Se los quedó el dueño de la casa, el hombre de negocios François Pinault, propietario del conglomerado de marcas de lujo Kering.

El mejor mercado

La polémica en torno al conejo y el ratón del siglo XVIII ha coincidido con la expansión de Kering en el mercado chino. Según el ‘Financial Times’, “China es el mercado de mayor crecimiento de Kering y sus productos de lujo”. En abril pasado, François Pinault ofreció al Gobierno de Pekín el retorno de las dos esculturas de bronce que un día regaron por sus inocentes bocas la fuente del Zodiaco. A principios del pasado mes de junio Kering obtuvo una licencia para operar en China. El pasado 28 de junio François Pinault hacía entrega de las dos esculturas de bronce al Gobierno en el Museo Nacional de China en un acto triunfal para todos y, sobre todo, para el Ejecutivo de Pekín, poco dado a marcarse pulsos en asuntos como éste.

Publicaciones como ‘Financial Times’ o ‘The Art Newspaper’ han resaltado la coincidencia en el tiempo de la concesión de la licencia a Kering y Christie’s y la generosidad de François Pinault devolviendo al césar lo que fue del Cesar. Christie’s emitió un comunicado haciendo constatar que la coincidencia en el tiempo era simplemente eso: pura casualidad. “La decisión de la familia Pinault no está relacionada con las operaciones de Christie’s en China. Christie’s cree en el valor universal del patrimonio cultural. Nos alegramos enormemente de que se haya resuelto el futuro de estos preciosos e importantes objetos”, constata la portavoz de la casa de subastas ante las sospechas de que haya ido una cosa por la otra: una licencia comercial por las cabezas de un conejo y un ratón.

Por Conxa Rodríguez para El Mundo