28 octubre, 2014

Picasso dialoga con su padre entre palomas en la Casa Natal

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“Una vez hizo un cuadro enorme que representaba un palomar abarrotado de palomas. Con miles y millones de palomas…”. En estos términos reaccionó Pablo Picasso al cuadro ‘Palomar’ de su progenitor y primer maestro José Ruiz Blasco, pintor del montón y profesor de dibujo en la Málaga del XIX. En una época muy concreta en la que se encuentra el punto de partida de una exposición recién inaugurada por la Fundación Picasso Museo Casa Natal del Ayuntamiento de Málaga para ahondar en la relación entre el genio y su padre, y la importancia del cultivo de la paloma en la creación de ambos.

Así, con el título de ‘Ruiz Blasco. Ruiz Picasso. Millones de palomas’, esta muestra ha sido concebida como el acto fundamental del programa ‘Octubre Picassiano’ que conmemora el 133 aniversario del nacimiento del genio, y estará abierta hasta el 18 de enero de 2015 en la malagueña plaza de la Merced en la que el universal artista vino al mundo. En ella, pueden admirarse dibujos y pinturas de ambos, cerámicas, recortes de prensa, documentos personales, grabados o incluso fotografías realizadas a Picasso por Juan Gyenes o Roberto Otero.

La apertura de esta exposición que reflexiona sobre la paloma como nexo de unión entre Picasso y su padre también hizo que saltaran a la palestra algunas de las leyendas que rodean a esta cuestión. Así, el comisario de la exposición y experto en el artista Rafael Inglada desmintió que Picasso le pintara las patas a las palomas de su padre porque a éste no le alcanzaba la vista: “Esto no es así, sobre todo si tenemos en cuenta que José Ruiz Blasco estuvo trabajando hasta sus últimos días en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona y, al parecer, no tuvo problemas en la vista; es más bien una leyenda o una de esas boutades que tanto le gustaban a su propio hijo”.

Ahora bien, Inglada admitió que, entre los ejercicios que Ruiz Blasco le mandaba a su hijo cuando este daba sus primeros pasos como pintor, se encontraba lo de dibujar patas de palomas, “al igual que paraguas abiertos, tijeras, objetos como un bol o manos”.

Detalle de otra de las obras.

Sobre el padre del genio, a quien su familia sigue viendo como el gran olvidado, Inglada recordó que “era un gran copista y pintaba palomas porque eran muy demandadas por la sociedad en su época”. “A veces me he preguntado cuántas obras llegó a pintar el padre, y aunque no lo sé con exactitud tengo contabilizadas 40, que no son muchas”. “Además, es muy curioso que aunque fuera profesor de dibujo no haya ningún ejemplo de él dibujando, aunque hay un dibujo que hizo para el papa León XIII que debería estar en el Vaticano”, añadió este biógrafo del precursor del cubismo.

Sobre todo, Inglada insistió en que esta es una exposición que huye de cronologías o del reflejo de algún grupo concreto, porque “pretende un diálogo íntimo entre un padre y un hijo”. “Si no hubiera existido la enseñanza y la figura de Ruiz Blasco como profesor, padre y primer maestro de Picasso, tampoco hubiera existido la figura que conocemos de Pablo Picasso; por eso, me da mucha pena que se hagan exposiciones sobre los maestros de Picasso y en ellas no se incluya a su padre”, apostilló Inglada.

Por su parte, el director de la Fundación Picasso Casa Natal, José María Luna, trató de desmontar la creencia de que Picasso llegara a odiar lo de pintar palomas, y señaló que cuadros como ‘Tres palomas’, cedido para esta exposición por el Museo Picasso Málaga, o su afición por los palomares dejan claro “la colombofilia” que le acompañó durante su vida.

Además, Luna rechazó que las relaciones entre Picasso y su padre estuvieran rotas, como se ha señalado en ocasiones, y se remitió a una postal presente en la sala que Picasso le envió a Juan Temboury y fue firmada como ‘el hijo del pintor José Ruiz Blasco’.

Documentos e iconos

Más allá de los universos artísticos de padre e hijo, en el itinerario expositivo se sugieren otra serie de documentos e iconos que refuerzan la idea de la importancia que adquirió este animal en la obra de Picasso. Por ejemplo, derrochan un simbolismo especial sendos carteles que fueron ilustrados por el malagueño con la paloma como eje estético. Uno de ellos, titulado ‘Paloma de la Paz y hombre entre rejas’, fue editado en Francia para Amnistía por el Comité nacional de victimas del franquismo. Y cerca de él se observa otra cartelería aún más reveladora la que realizó para el Congreso Mundial por el desarme bajo el título ‘La paloma de la paz sobrevuela las armas’. Igualmente, una de estas aves pacifistas aparece en la dedicatoria de un libro para el pintor José Caballero que se exhibe igualmente en la sala.

Entre las piezas, hay también cuadros de compañeros de generación de José Ruiz Blasco, como Horacio Lengo, o una obra especialmente entrañable que ha sido prestada por la Fundación Berrocal y se titula ‘Picasso pinta la primera paloma de la paz’. En esta pintura, firmada por el sobrino de Picasso Manuel Blasco Alarcón, aparecen tanto el genio de niño como su padre entregado a la pintura de sendas palomas.

Por Cristóbal G. Montilla en El Mundo.