24 abril, 2013

París desvela la cara más subversiva y militante de Keith Haring

The 10 Commandments

El Museo de la Villa de París y el centro de arte CentQuatre (anexo de la burocracia cultural de la alcaldía) consagran dos exposiciones «paralelas» a la obra de Keith Haring (1958-1990), con un mismo título, «The political line», para subrayar la dimensión «subversiva» y «militante» de un artista muerto prematuramente, víctima del sida, convertido en icono decorativo para residencias de millonarios.

Haring se educó en el mercantilismo «crítico» de Andy Warhol y el pop decorativo americano, iniciándose como grafitero en un Nueva York que comenzaba a convertir el arte callejero en una excelente fuente de negocios, muy cotizada en Wall Street y su clientela más adinerada.

Homosexual militante, curtido en las artes más convencionales de la «performance», Haring pasó muy pronto del grafiti callejero a la «ilustración» de camisetas, con gran éxito comercial. Inspirándose en los dibujos animados, la publicidad y las fantasías oníricas infantiles, el artista decidió muy pronto dar una dimensión «simbólica» y «política» a todas sus obras, profundamente impregnadas por la cultura popular neoyorquina de su tiempo (los años 80 del siglo XX, esencialmente).

Un éxito fulminante

Ese puzzle artístico tuvo un éxito fulminante, ya que Haring tuvo la gran idea de enriquecer sus trabajos con temas siempre polémicos y actuales, tratados con cierta «provocación» al gusto de la época: bebés gateando, sexos enormes, alusiones políticamente correctas a la energía nuclear, glosa de la «inquietud moral» ante todo tipo de catástrofes, amoríos entre todo tipo de sexos, «crítica» de las mitologías convencionales, maquilladas con el mesianismo más puro.

Reducida su cultura gráfica a la iconografía pop y la subversión de los códigos publicitarios de su época, Haring dejó una obra considerable, realizada en soportes pictóricos muy variados (camisetas, papel, fibra de vidrio, lienzo, vaciado en escayola de obras de arte más o menos conocidas), que siempre tienen la virtud de ser muy accesibles y decorativas.

Pasado el «susto» de su revelación, los compradores de arte más convencionales descubrieron en Haring un filón inagotable. Su obra decora de manera muy llamativa camisetas deportivas o mansiones de lujo. Sus pequeños formatos en colores tuvieron un éxito espectacular entre muchos fabricantes de ropa «casual». Sus grandísimos formatos no caben en salones de apartamentos de cien o ciento cincuenta metros cuadrados. Pero son ideales para amueblar grandes salones de residencias de lujo.

La alcaldía de París, en precampaña electoral, espera que sus dos grandes exposiciones tengan un gran éxito de público, ya que el antiguo artista «subversivo y militante» se ha convertido en artista más que apto para todos los públicos prestos a degustar emociones fuertes al fin consumibles sin efectos secundarios de ningún tipo.

Por Ángeles García en El País.