20 septiembre, 2011

Outumuro evoca a Balenciaga (Diario Vasco)

La exposición, de vocación itinerante, invitará a visitar el Museo Balenciaga.

Los tules, las sedas, los terciopelos, los satenes, o la pedrería son algunos de los elementos de los exquisitos diseños de Cristóbal Balenciaga que vistieron a las mujeres más pudientes y sofisticadas de una época pasada. Son las piezas ahora retratadas en la obra fotográfica del reconocido fotógrafo de moda, Manuel Outumuro, para el catálogo del Museo Balenciaga, que se presentó ayer con la presencia del artista. Reconoció sentirse ciertamente «desconcertado» al ver sus fotografías colgadas en una pared ya que «nunca fue esa la intención del proyecto ‘Mirar y pensar Balenciaga’».
La trayectoria profesional de Outumuro siempre ha funcionado «a base de encargos que cumplen una función específica para una revista o para un catálogo» por lo que consideró «un gran honor y un placer poder contemplar su obra en una galería de arte».

Detrás de la aparente sencillez de la obra, se esconde un mes de arduo trabajo de Outumuro en el que encontró innumerables dificultades.

Confesó el fotógrafo orensano que fue «un gran reto» enfrentarse a fotografiar los vestidos de Balenciaga con modelos sin cuerpo. «Siempre he trabajado con modelos y además con las mejores», recordó. Trabajar con «un palo seco o un maniquí sin vida en un soporte museístico supuso que no fueran demasiado cómodos los primeros días de trabajo» que concurrieron en un estudio adaptado para la ocasión en Miramón. El trabajo con este tipo de soportes está condicionado por la estaticidad y eso supone que «tú mismo debes levantar y mover el soporte o maniquí hacia un lado o hacia el otro». Este condicionante fue el más relevante durante las sesiones, más incluso que elementos como la iluminación o los fondos. En definitiva, toda la parte técnica del proceso de creación del catálogo.

Otro elemento perturbador durante el proceso fue la incorporación de los maniquíes, que debían ser colocados desde dentro hacia fuera para respetar el tallaje original y esto conllevaba largos retrasos en las sesiones.
La mirada y técnica de Outumuro en las imágenes sugieren al espectador un extraño vínculo en que parece invitarle a ‘tocar’ los materiales de los vestidos. «El truco es la luz. Generalmente, la iluminación de los museos es de muy baja intensidad porque cuanto más expuestos están los tejidos, más peligran. Durante las sesiones las piezas se iluminaron mucho más y es por eso que se aprecian mejor las costuras y los materiales», explicó.

Distintos y complementarios
Javier González de Durana, director del Museo Balenciaga, explicó que la forma en la que se materializa esta obra es en las presencias de, por un lado, la obra de Cristóbal Balenciaga siendo éste la presencia del pasado. Por otro, los retratos fotográficos que Manuel Outumuro, un artista de hoy, ha hecho sobre las piezas del diseñador. «Son dos artistas muy distintos que trabajan en tipologías artísticas muy diferentes. Sin embargo, en las fotografías, ambos se presentan de una forma muy complementaria». González de Durana alabó el «buen entendimiento» del fotógrafo a la hora de captar la obra del diseñador oriundo de Getaria.

Asimismo, el director del Museo Balenciaga quiso apreciar de las imágenes del fotógrafo que no sólo muestran la forma, el color o la textura de las piezas, sino que llega un poco más allá, superando estos límites de materiales. De esta manera, sugirió que las fotografías de la obra de Cristóbal Balenciaga nos empujan a pensar en qué tipo de mensaje o de contenido estrictamente mental contiene cada uno de éstos vestidos. «Las imágenes de Outumuro nos dicen cómo son, pero también nos invitan a pensar en cómo tenemos que volver a ver e interpretar estas creaciones de un tiempo pasado porque no las vamos a ver con un valor de uso, sino como un cambio mental». Pero como en toda doctrina artística, «la interpretación del mensaje reside en cada uno de nosotros y que además, es cambiante según la época. No interpretamos hoy la obra de Balenciaga como se interpretaba en los años 30 o 40». González de Durana nos recuerda que ese mensaje está implícito en la fotografía a la espera de la interpretación de cada uno de nosotros, los espectadores.

Quiso subrayar, además, que son vestidos sin persona, algo similar a las naturalezas muertas, pero sin embargo, «contienen una pequeña y curiosa contradicción porque de la misma manera que la alta costura tenía una fungible condena de seis meses, el contraste se mantiene en la intemporalidad y en el valor permanente de la obra de Balenciaga que traspasa el tiempo de su situación». Por ello, González de Durana incidió en que «entre lo que sucede en el tiempo y la perdurabilidad de la obra, y la obra que perdurará en las imágenes de Outumuro, es el sentido que debemos encontrar».

Vocación itinerante
Carlos Ruíz, director de comunicación y de la Obra Social Kutxa, se mostró orgulloso en recalcar que la muestra coindice con «un momento fantástico en el marco del Festival de Cine de San Sebastián». La exposición tiene, además, «una vocación de itinerancia y aunque todavía se desconoce su siguiente destino, se barajan Madrid, Barcelona y alguna ciudad extrajera para que alberguen la obra».

Por su parte el director del Museo Balenciaga expresó su intención de utilizar la itinerancia de esta exposición como tarjeta de presentación del museo para los que quizás no puedan visitar las instalaciones de Getaria por motivos de lejanía o bien para acercarles el espíritu de Balenciaga. González de Durana expresó con ilusión su intención de que «se convierta en una muestra tractora de visitantes».

Manuel Outumuro, muy relacionado con el mundo museístico de la indumentaria y apasionado de él, elogió el planteamiento del discurso y el diseño del Museo Balenciaga de Getaria. Asimismo, expresó que «tal y como está expuesto, sólo tengo apreciaciones positivas pero dependerá de la futuras exposiciones temporales y de la programación. En definitiva, todo dependerá de la vida que se le dé al museo. No es tanto lo que se expone sino cómo se potencia a lo largo del tiempo».

Los donostiarras podrán disfrutar de la obra fotográfica de Outumuro, ‘Mirar y pensar Balenciaga’, hasta el 16 de octubre en la Sala Boulevard de Kutxa, a escasas manzanas del número 2 de la Avenida de la Libertad, donde hermosas mujeres de la época se dejaban ver entrando y saliendo del taller en el que un joven Balenciaga trabajaba en sus primeras colecciones.

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