13 diciembre, 2013

Ousmane Sow, primer artista negro en la Academia de Bellas Artes de Francia

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Escultor de origen senegalés, afirma que «hace 30 años no había racismo en Francia, pero la ascensión de las ideas de la extrema derecha da mucho que pensar»

A los veintidós años, Ousmane Sow (Dakar, 1935) huyó de su Senegal natal soñando con estudiar Bellas Artes en París. No consiguió estudiar, víctima de la pobreza. Cincuenta y seis años más tarde, es el primer negro que ingresa en la Academia francesa de Bellas Artes. Sin estudios, sin trabajo, sin familia, Ousmane Sow vivió en el París de su juventud una «bohemia» nada dorada. Se vio forzado a realizar los trabajos más miserables y peregrinos, antes de poder conseguir un estudio de enfermero, primero, y fitoterapeuta, más tarde.

Su complicada y difícil lucha por la subsistencia lo forzó a enterrar el proyecto original de estudiar Bellas Artes. Por el contrario, su trabajo como enfermero en el parisino hospital Laennec le permitió seguir su vocación artística como autodidacta. Ousmane Sow invirtió mucho tiempo y energías en concebir una técnica escultórica propia, utilizando materiales que combinaba según rituales muy particulares, aprendidos en Senegal, donde se vio forzado a regresar, tras un primer despido laboral.

Reconocimiento tardío

Trabajando como enfermero, en Dakar, Ousmane Sow siguió soñando con París, el arte, el triunfo, etcétera. Y consiguió ahorrar un pequeño capital, para volver a la capital francesa e instalarse como fitoterapeuta en una ciudad de la periferia parisina, Montreuil. El segundo viaje a París tampoco fue el bueno. Un negro fitoterapeuta, instalado en un suburbio, no era bien recibido por los medios artísticos, insensibles al personaje y su obra. De vuelta a Senegal, el hombre ya muy maduro decidió consagrarse definitivamente a la escultura. Su técnica, muy personal, había conseguido la madurez definitiva. Y comenzaron a ser realidad sus primeros sueños juveniles.

Ousmane Sow comenzó a vender bien sus obras y conseguir gran reconocimiento público pasados los cincuenta años, cuando comenzó a realizar algunas de sus series de esculturas más famosas. Hombres y mujeres africanos, homenajes a grandes personalidades históricas (Víctor Hugo, Dumas, entre muchos otros). En 1999 culminó su reconocimiento, de manera espectacular. Una gran exposición de una serie de sus esculturas, «Littel Big Horn», se presentó en uno de los puentes más célebres de París, el Pont des Arts. Tuvo un gran éxito popular, y recibió, por vez primera, quizá, una gran ovación de la crítica internacional.

Tras el triunfo parisino, siguieron encargos, ventas, subastas, en Europa y Estados Unidos. Ousmane Sow decidió instalarse definitivamente en Senegal. Ahora, tantos años después, lo reclama París, recibiéndolo con todos los honores en la Academia de Bellas Artes. «¿Ha crecido el racismo en Francia?», le preguntan los periodistas franceses. Y Ousmane Sow responde: «Hace treinta años no existía el racismo. Un negro como yo no hubiera podido vivir en Francia en una sociedad racista. Hoy, la ascensión de las ideas de la extrema derecha da mucho que pensar…»

Por Juan Pedro Quiñonero para ABC