25 febrero, 2014

Orta San Giulio, la acuarela de Dios

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En el norte del Piamonte, a espaldas del lago Maggiore y a orillas del Orta, donde los Alpes tocan el cielo que se refleja en el agua y ocultándose de la mirada de casi todos, descubrimos un rincón de capricho, un lugar casi secreto, único, encantado, singular, diferente, acogedor… un pueblecito que parece sacado de un cuento y que enamora a primera vista. De una belleza absolutamente excepcional, natural, sin maquillaje. Orta San Giulio, el pueblo que un clásico definía como ‘la acuarela de Dios’.

Es la composición perfecta. En la orilla, el pueblo; en el centro del lago, la pequeña isla de una arquitectura sencilla, color rosa palo, que va cambiando de matices según avanzan las horas del día. A primera hora, la niebla cubre todo de misterio; después, el sol limpia el ambiente y al final del día, las luces artificiales colorean el paisaje. En invierno las tormentas sobrevuelan el valle y en verano el lago se presenta azul y brillante. De noche, cuando se ilumina la isla, las luces ámbar dominan las aguas quietas.

Refugio de escritores, a Nietzsche, su visión le cambió la vida. Lord Byron y Balzac encontraron aquí la calma y la magia necesaria para poder escribir y saber crear.

Villas de colores crema pastel se alzan como empalizadas, como desfiladeros sobre sus estrechas callejuelas. En la típica plaza Mediterránea encontramos el ayuntamiento, en un edificio del siglo XVI. Un poco más arriba, la iglesia parroquial, de tonos suaves, melocotón.

Orta San Giulio se levanta sobre la ladera de una empinada colina, el Sacro Monte, en una península que se adentra en el lago. Veinte pequeñas capillas construidas entre el siglo XVI y XVII muestran la devoción italiana por San Francisco, en escenas de su vida representadas por policromadas figuras de terracota. Visita el Santuario de Nuestra Señora de la Roca, en un promontorio sobre el valle con vistas espectaculares sobre el lago y las montañas que lo circundan.orta-san-giulio

Al atardecer, coge un bote hasta la isla, iluminada por un sol bajo que destaca las tonalidades color teja de los palacetes y villas que adornadas con flores de todos los colores siempre huelen a fresco por la intensa humedad del ambiente. El único restaurante de la isla, el San Giulio, merece la pena, no tanto por la cocina como por su situación y su esplendida terraza junto al lago, además de un bonito comedor decorado con frescos. Los caminos de la meditación y el silencio suben hasta el monasterio Benedictino, en cuyo rico interior destaca un púlpito del siglo XII tallado en mármol, junto a esculturas y pinturas magníficas. Sus campanadas resuenan y se escuchan en todo el lago.

Aquí la gastronomía es sencilla, embutidos, verduras, buena pasta, pizzas al horno de piedra y sabrosos pescados sin pretensiones pero resueltos de forma excelente en la plancha. En la Taberna Antico Agnello preparan buenísima carne a la parrilla. Las mejores trattorias: Edera y Pizzeria La Campana. En Al Boeuch, una acogedora y vieja taberna iluminada por la luz de las velas y escondida en uno de los numerosos callejones de la ciudad, Andreas sirve estupendos vinos acompañados de muy buenos quesos sobre un pan caliente recién tostado. Prueba los exquisitos raviolis con queso de cabra en Al Sorriso, a 8 kilómetros de Orta, un magnifico tres estrellas Michelín.

Dónde dormir: Albergo San Rocco es el único hotel de la villa, ubicado en un convento del siglo XVII, con vistas sobre el lago. Su restaurante es muy bueno. Prueba las verduras a la parrilla y cómo no, la pasta fresca.

Por Daniel Camiroaga en Vanitatis.com