20 julio, 2010

Novedades en El Alcázar

El Museo del Ejército se inaugura hoy en Toledo con seis años de retraso.

Su apertura estaba prevista para 2004 y su presupuesto inicial era de 4.500 millones de pesetas (27 millones de euros), pero el traslado del Museo del Ejército desde el Palacio del Buen Retiro, en el corazón de Madrid, hasta El Alcázar de Toledo ha estado sujeto casi a tantas vicisitudes como el emblemático edificio que le servirá de sede. Han pasado ya 14 años desde que, en julio de 1996, el Gobierno de José María Aznar decidió que se mudara con armas y bagajes a la ciudad del Tajo para hacer sitio a la ampliación del Museo de Prado. En ese tiempo, el coste se ha disparado hasta los 101,4 millones de euros; 75,6 aportados por el Ministerio de Cultura y 25,8 por Defensa.

El traslado ha costado 101 millones. Cultura ha pagado 75,6 y Defensa 25,8

Las titulares de ambos departamentos, Ángeles González-Sinde y Carme Chacón, y el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, acompañarán hoy al Príncipe de Asturias en la inauguración de las 21 salas y 8.000 metros cuadrados de exposición, que a partir de mañana estarán abiertos al público.

La decisión de llevarse fuera de la capital uno de los museos nacionales con más solera -se creó en 1803- tuvo que superar la oposición de las instituciones madrileñas e incluso el recelo del entonces presidente castellano-manchego, José Bono, que había instalado en El Alcázar la biblioteca regional. La ampliación del histórico edificio sacó a la luz una sucesión de vestigios arqueológicos de origen romano, visigodo, árabe o cristiano, que también podrán contemplar los visitantes del museo.

No menos complejo fue el traslado a Toledo de las más de 30.000 piezas de la colección y su presentación pública.

El general Antonio Izquierdo, director del museo desde hace solo dos meses, niega que se haya excluido a la División Azul y subraya que 30 objetos de la unidad que Franco envío a Rusia en apoyo a Hitler figuran en la sala dedicada a la II Guerra Mundial. No son muchas, pero es que solo se expondrán de manera permanente 6.500 piezas, según una concepción museística moderna que prima la ilustración del relato histórico sobre la mera acumulación de vestigios.

Finalmente, Defensa ha decidido mantener abierto al público, fuera del itinerario oficial, el despacho del coronel Moscardó, que dirigió la defensa numantina de El Alcázar en el verano de 1936. Eso sí, ha suprimido la reconstrucción dramatizada, de dudoso rigor histórico, de la conversación telefónica entre el coronel y sus sitiadores, quienes le amenazaban con matar a su hijo.

Pero el Museo del Ejército no solo ha cambiado de sede. También de naturaleza. Ya no es un organismo del Ejército de Tierra, sino un “museo de titularidad y gestión estatal y categoría nacional”, a cuyo frente figura un patronato en el que se sientan, entre otros, el presidente de Castilla-La Mancha y el alcalde de Toledo. El director seguirá siendo un general, pero éste contará con un director técnico, funcionario del cuerpo facultativo de conservadores de museos.

El traslado no ha sido fácil. Franco y Primo de Rivera lo intentaron sin éxito. Si se cumple el pronóstico de que 700.000 personas lo visiten cada año, habrá valido la pena.

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