11 noviembre, 2013

Museos estatales, el Tercer Mundo de la cultura española

64cf2cba8da4230c2dfc45cb78c35442El camión cargado de gasoil para en la puerta de atrás del museo. El conductor no apaga el motor, baja y al rato se marcha por el mismo sitio por el que ha venido sin descargar el tanque de 100.000 euros de combustible para la calefacción. No hay dinero. Este invierno han encargado uno más pequeño, con una carga que les da para tenerla encendida menos de doce horas. Los pocos vigilantes que quedan llevan sus calefactores de casa. Durante el verano las cosas no han ido mejor: el aire acondicionado se estropeó y así se quedó.

Los 16 museos de gestión exclusiva de la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas, de la Secretaría de Estado de Cultura, están a un paso de la ruina. La retirada de las partidas presupuestarias destinadas a estos museos ha sido tan tajante en estos tres últimos años, que muchos de ellos han pasado de contar con un fondo de 600.000 euros a 150.000 euros. Este periódico puede publicar estas cifras gracias a los museos consultados. La política de la Secretaría de Estado de Cultura niega facilitar las cuentas públicas de estas instituciones, el objetivo presupuestario o los gastos de cada uno de ellos.

Sólo se conoce el presupuesto de dicha dirección general, que incluye en su total las partidas para cada uno de los museos -entre otros muchos apuntes-, y que en 2014 es de 46.610.640 euros. En dos años la Dirección General de Bellas Artes, dirigida por Jesús Prieto, ha perdido un 22,5%: en 2013 era de 50.028.780 euros y en 2012 tuvo 60.091.920 euros. Sólo el Museo del Prado –un ente independiente- cuenta con una ayuda de 39.111.640 euros.

La falta de transparencia sólo es uno de los graves problemas con los que se encuentran estos museos (desde el Museo de Escultura de Valladolid, Museo del Traje, Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, Museo del Greco, al Sefardí de Toledo, entre otros). Como reconocía en una entrevista con este periódico, María Bolaños, directora del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, trabajan “en la cuerda floja” porque desconocen cuál es el presupuesto que les asignan. La responsable también demandaba mayor inversión, más recursos y mayor flexibilidad (autonomía) en la gestión de los museos.

Y si la voluntad política decide que los museos estatales queden marginados y en peligro de conservación por falta de recursos económicos, ¿por qué no son capaces éstos de generar sus propios ingresos como hace El Prado o el Reina Sofía? La mayoría de ellos no son entes emancipados y dependen del sistema de “caja única”: cualquier evento que organicen para alquilar sus instalaciones, cualquier empresa que quiera patrocinar una exposición o aportar ayuda económica al museo, la aportación no acaba en el museo al que van dirigidos, sino en el tesoro público. No hay opción para la autofinanciación.

“En el Ministerio de Cultura se niegan a tener noticias”, explica un trabajador de uno de los museos, que prefiere ocultar su nombre. Ninguno de los trabajadores con los que ha entrado en contacto El Confidencial ha querido aparecer con su nombre y apellidos por temor a la represalia y a quedarse sin trabajo. “En Madrid lo único que quieren es no tener noticia”, añade este funcionario. Es de los pocos vigilantes en plantilla que quedan. Las jubilaciones hace años que quedan sin renovarse y los nuevos trabajadores salen de Empresas de Trabajo Temporal (ETT) y auxiliares contratados a las empresas de seguridad privada.

De esta manera, hay museos que tienen vigilantes que desempeñan la misma actividad, pero unos a la mitad de precio que los otros. Estas empresas han tomado el control de la protección. El pasado mayo, Seguriber –empresa imputada por la tragedia del Madrid Arena- consiguió hacerse con el concurso de gestión de la seguridad privada de todos los museos estatales. Para las exposiciones temporales de las celebraciones del Greco 2014, Prosegur logró la licitación por 1.100.000 euros (IVA excluido) para suministrar los servicios de atención al público en taquillas y sala, instalación de sistemas de seguridad en las muestras y seguridad.

Un responsable de seguridad de uno de estos museos –que también quiere ocultar su nombre- cuenta que el modelo al que probablemente tienda el Museo Arqueológico, cuando solucione la crisis de personal que le impide abrir, será similar al del Museo Thyssen: vigilantes de seguridad privada más auxiliares de sala. El auxiliar es la mitad de barato y puede hacer de todo. “Ir a por cafés”. Se contrata un puesto, no una persona. De esta manera, si el trabajador cae enfermo se le reemplaza inmediatamente. Si el trabajador comete el fallo de no gustar a sus responsables, se le substituye al momento.

Las malas condiciones de estos trabajadores cuestionan la integridad de las piezas que custodian. Pero la carestía cubre cada rincón del museo: equipos de restauradores que se jubilan y “se amortizan”, con la mala fortuna de que la única persona que sobrevive en el departamento es especialista en tejidos y, a pesar de ello, debe encargarse de las pinturas, los metales, la materia orgánica, etc.

El panorama es devastador: laboratorios químicos cerrados porque ya no hay personal para trabajar en ellos. Salas de exposiciones cerradas por falta de vigilancia. Vigilantes responsables de fin de semana que denuncian falta de formación para actuar en caso de incendio o cómo evacuar a los visitantes en una emergencia. Humedades en las paredes tapadas con paneles informativos. Audioguías rotas que esperan reparación y a unos turistas que entiendan español. Fachadas que se desprenden sobre la calle. Eliminación de todas las actividades educativas; vigilantes y empleados del museo dando conferencias para mantener con vida la programación que ya no pueden pagar… Museos con el mínimo de vigilantes para evacuar las salas, no para vigilar; donde antes hubo alrededor de 50 personas pendientes de las salas, ahora quedan 24. El Arqueológico sin poder abrir por falta de vigilantes, tratando de reciclar conductores del parque móvil estatal para controlar las salas… Suma y sigue.

“La última vez que vi al funcionario que llevaba la vigilancia del museo quería dejar su cargo y volver a su plaza de policía, porque había perdido un 52% de su plantilla y no podía asegurar que el museo no corriese peligro”, reconoce otro trabajador.

No sólo queda en cuestión la seguridad del contenido (el mayor tesoro nacional), la conservación del continente, como hemos visto, también está en precario. Y lo más grave, se incumple con el derecho constitucional del acceso libre a la cultura. Hace dos semanas, el Museo Nacional de Cerámica, en el Palacio del Marqués de Dos Aguas en Valencia, colgó el cartel que advertía del cierre varios días a la semana de la sección de cerámica. ¿Por qué? Falta de personal. El museo de cerámica, sin poder mostrar cerámica. Para José María Lassalle, Secretario de Estado de Cultura, ha sido prioridad, desde la presentación de los primeros presupuestos generales, “satisfacer el derecho constitucional de los ciudadanos a conocer los bienes culturales que forman parte del Patrimonio”.

Precisamente, en el Plan Estratégico General 2012-2015, elaborado por el equipo de Lassalle, tiene un papel destacado la elaboración y ejecución del Plan de Infraestructuras de Museos Estatales, que es en el que está sumido Jesús Prieto desde hace meses. El objetivo es “disponer de un programa priorizado, viable, sostenible y territorialmente equilibrado de actuaciones en infraestructuras”. Es difícil averiguar dónde está la gasolina para la calefacción entre esa difusa definición.

También en el ‘Plan Lassalle’ figura la creación del Observatorio de Museos de España, así como “la oficina de asesoramiento en materia museística”. También pretende “potenciar el Laboratorio permanente de público de museos”, incluyendo al Prado y al Reina Sofía entre sus objetos de estudio. Cooperar más con Latinoamérica una vez se desarrolle el Programa Ibermuseos.

En la “estrategia 3.6” del “Plan Lassalle” aparece la intención de “situar a museos y archivos como instituciones relevantes para la promoción del turismo cultural”. Si los museos siguen recortando horas de acceso, parece difícil contar con cumplir este punto. Quizá sea la “estrategia 4.2” la más necesaria y olvidada: “Facilitar a los museos estatales los mecanismos adecuados para la captación y generación de recursos con la finalidad de favorecer su sostenibilidad”.

Los empleados públicos llaman al Ministerio “misterio” y dejan al descubierto la relación existente. No hay autonomía ni para conceder entrevistas. Desde los museos se quejan de la falta de preocupación del actual equipo de la Dirección de Bellas Artes por las necesidades reales y la anulación de las capacidades: no tienen permiso ni para crear su propia cuenta en las redes sociales de Facebook o Twitter. A este clientelismo ayuda la libre designación con la que se nombran a los cargos directivos. “Todos cargos políticos, todos clientes”, se queja otro trabajador. La lealtad del designado es absoluta si quiere conservar su puesto de trabajo. Y no hay “plan estratégico” que corrija esta perversión.

por PEIO H. RIAÑO, EL CONFIDENCIAL