22 diciembre, 2010

Museo arqueológico del Castro de Viladonga (Lugo)

Cabecera_museo_Interior

Felipe Arias Vilas
Director del Museo

Una introducción necesaria sobre los Museos de sitio arqueológico
Creemos útiles algunas consideraciones previas como la que, en primer lugar, nos lleva a insistir en los diversos valores del patrimonio arqueológico, es decir, en esa dualidad que tiene como fuente de información y como documento histórico y, también, como acervo propiamente patrimonial, cultural, social e identitario. Los yacimientos y los materiales arqueológicos ofrecen datos e informaciones para el investigador pero, al mismo tiempo, constituyen un patrimonio de utilidad social en su más amplio sentido: educativo y didáctico, económico, turístico…

El propio concepto de “musealización” aplicado a sitios arqueológicos puede ser discutido y, de hecho, así es en las reuniones y foros sobre el tema. Sin embargo, dicho término – y de ahí su uso entre comillas -, supondría equiparar la presentación, exhibición o adecuación de unos restos para la visita comprensible de un yacimiento, al complejo mundo de funciones, objetivos, actividades y misión de un museo, que van mucho más allá de la simple – o complicada – exposición de restos materiales. A este respecto la bibliografía es muy extensa pero la coincidencia parece ser total a la hora de considerar la musealización como un programa que permita, además de la propia conservación y el acercamiento del Patrimonio Arqueológico al público, facilitarle a este, in extenso, su lectura, interpretación y aprovechamiento, con la exigencia de unas condiciones determinadas de rigor y seriedad pero también de amenidad y uso para el ocio, lo cual conectaría con otros temas como, por ejemplo, el del turismo cultural.

Existen diversas soluciones o modelos posibles que permiten aprovechar desde el punto de vista social, cultural, educativo, turístico e incluso puramente económico, el Patrimonio Arqueológico y concretamente los yacimientos llamados a veces “visitables”, con una connotación que deja ver claramente cual es uno de sus objetivos y utilidades principales.

La ya muy extensa bibliografía sobre esta cuestión ofrece diversas caras y variantes, a veces sólo de detalle o matiz. Los Parques, Áreas o Zonas Arqueológicas pueden ser figuras muy sencillas en su conformación y presentación, si bien en la actualidad se tiende a complementarlas, lógica y razonadamente, con los llamados Centros de interpretación (o incluso Aulas didácticas, Áreas de acogida, Centros de recepción…). Las legislaciones autonómicas (como en Aragón o Andalucía) vienen recogiendo en los últimos años figuras como los “parques”, “espacios” o “paisajes” culturales, arqueológicos o monumentales y esto ya es indicativo de la tendencia actual en estos temas.

Dejando aparte la figura de los Parques Temáticos – de clara connotación lúdica, turística y sobre todo económica -, el estado de la cuestión puede resumirse si hacemos cuatro grupos o tipos de centros para acompañar los yacimientos visitables, sea uno aislado o varios de un área y estén o no “musealizados”, pero, en todo caso, sí preparados para su visita pública con rendimiento social, educativo y, también aquí, turístico. Puede decirse, con razón, que existe igualmente un componente económico pero no lo es tanto de modo directo (“rentable” en primera instancia crematística) como de modo indirecto e incluso con una transcendencia social que va desde la potenciación de la identidad comunitaria hasta la creación de empleo y el aumento de la calidad de vida.

Todas las variantes posibles están presentes en la bibliografía al uso, entre ellas los Museos de Sitio Arqueológico propiamente dichos, es decir, como centros que cumplen las tres funciones museísticas básicas (conservación, investigación y comunicación) y cuentan además con fondos patrimoniales reales (y no sólo “virtuales”); este es el caso del Museo del Castro de Viladonga.

Otras figuras son los Centros de Interpretación, que, en general, se vienen diferenciando de los anteriores precisamente por la ausencia de patrimonio mueble – real – que apoye su discurso y que pueden ser tanto de yacimientos como de áreas y “paisajes culturales” extensos. Las Aulas Didácticas, muy similares a los anteriores, tienen, como su nombre indica, una vocación más educativa (no sólo pedagógica) y, en general, no exponen restos materiales. Los Centros de Recepción de visitantes suelen ser los más sencillos y los menos costosos pues funcionan como oficinas de información y orientación para la visita, tanto cultural como, o a mayores, como un simple servicio turístico.

El Museo del Castro de Viladonga
Fig_01Este Museo está vinculado a un yacimiento castreño y galaico-romano en el término municipal de Castro de Rei, y está situado a 23 km. Al N.E. de Lugo, muy cerca del km.70 de la carretera N-640 de Lugo a Asturias (fig. 1).

El Castro de Viladonga destaca en el paisaje por su carácter monumental, lo cual, unido al hallazgo casual en 1911 de un torques de oro, dio lugar al inicio de trabajos arqueológicos a partir de 1972, en una primera fase y hasta 1978, dirigidos por Manuel Chamoso Lamas y desde 1982 y hasta el presente bajo la dirección o supervisión de Felipe Arias Vilas.

Las estruturas defensivas y de habitación, así como los materiales que continuamente proporciona, evidencian para el Castro de Viladonga un asentamiento duradero e importante, particularmente entre los siglos II y V d.C., sin perjuicio de una probable ocupación prerromana en el s. I antes de nuestra Era, aunque sea muy localizada en el tiempo y en el espacio. Todo esto hace de este sitio arqueológico un lugar clave para conocer, estudiar, comprender y explicar la evolución del mundo de los castros en la etapa galaico-romana (con su carácter de asentamiento rural con múltiples actividades económicas y sociales), hoy en un contexto natural relativamente adecuado y ofreciendo desde el Museo unos servicio culturales y de ocio y turismo muy apreciables, incluso en comparación con otros conjuntos similares.

Fig_02La visita al Castro de Viladonga se complementa con el Museo construido al pie de su última muralla del lado E. (fig. 2). En este centro se explican las características del yacimiento y se guardan y exhiben los objetos aparecidos en él, de modo que el visitante, cualquiera que sea su extracción social y/o su nivel cultural, pueda obtener una comprensión más completa de esta parte del patrimonio histórico gallego en general y lucense en particular, pues este Museo siempre quiso integrarse plenamente en el medio y en el contorno social que le rodea.

Es una institución museística y no un centro sucedáneo o más parcial (asimismo muy útiles en su ámbito), esto es, se trata de una entidad que tiene que cumplir las funciones conservadora, científica, didáctica y comunicativa (y, también, turística), basándose en unas estructuras arqueológicas y (en ello está lo fundamental de su definición y caracterización diferenciada) en unas colecciones y objetos patrimoniales que tienen un valor cultural intrínseco además de una indudable utilidad social.

El Museo del Castro de Viladonga, con un primer edificio construido entre los años 1975 y 1977, fue creado por el Ministerio de Cultura en 1983 y se abrió al público en 1986. En 1989 su gestión (que no su titularidad, que sigue siendo estatal) se transfirió a la Xunta de Galicia, que habría de hacer unas importantes obras de reforma y ampliación entre 1992 y 1994, así como proveer una decisiva dotación de personal en 1997 y una última actualización museográfica en los años 2008 y 2009.

De cara al público el Museo se estructura en cinco salas, de las cuales cuatro se destinan a exposición permanente. Su montaje museográfico se concibió (ya en la primera instalación de 1986 y mucho más en la de 1994 y en la última de 2009) de manera que se muestren, se interpreten y se expliquen, de un modo didáctico, comunicativo y ameno (pero no por eso menos riguroso y científico), los diversos materiales del Castro y las informaciones sobre sus estructuras, su configuración y disposición, los recursos económicos de la comunidad que vivió en él, sus relaciones sociales y simbólicas, la cronología, etc.

Fig_03Así, la Sala 1 (fig. 3) muestra los aspectos relacionados con el medio natural en el que se inscribe el yacimiento, informa sobre un posible nivel prerromano del Castro (muy parcial dentro de su conjunto) y explica la disposición y el tipo de defensas, la organización del poblado y las diferentes variantes o modelos de construcciones así como sus elementos. Pueden verse materiales como piedras de quicio y goznes, pesas de techo vegetal o “colmo”, tégulas e ímbrices de barro, etc. Todo esto se expone, como sucede en todas las salas, por medio de amplias vitrinas con abundante información escrita y gráfica, con medios visuales complementarios para facilitar la comprensión de la ocupación del espacio en el Castro y de todo lo relacionado con sus defensas y construcciones. En esta Sala se exhiben dos maquetas, una de ellas con la reconstrucción de uno de los barrios o grupos de construcciones en los que se organiza el espacio de la corona o “croa” interior.

Fig_04La Sala 2 (fig. 4), la de mayor amplitud, se dedica a los elementos de la vida común y de la cultura material en el Castro de Viladonga y, por extensión, en la Cultura Castrexa y Galaico-romana del Noroeste: numerosos útiles y herramientas de piedra, hierro y bronce (fig. 5), materiales domésticos como la cerámica castreña y romana (y dentro de esta, la común de cocina y de mesa -fig. 6- y la de importación -la terra sigillata-), piezas de vidrio, molinos de mano planos y circulares, algunas armas y muchos otros objetos e instrumentos diversos. En esta Sala puede verse, a dos niveles de altura, una gran maqueta que reconstruye este poblado castreño en su conjunto, y que lleva unos pulsadores y unas luces que identifican las diferentes zonas excavadas y que la hacen de alguna manera “interactiva”.

La Sala 3 (fig. 7) completa el panorama de como era la vida en el Castro según la interpretación que en este Museo se hace de ella. Se muestran aquí los elementos de vestido y adorno para personas (figs 8-9-10) o para caballerías (fig. 11), apliques para útiles y trebejos variados, joyas y aderezos similares, monedas (de oro, plata o bronce) (fig. 12), juegos (fig. 13), amuletos y otros materiales de factura y usos muy diversos.

Una Sala de Información Complementaria (fig. 14) viene a completar la exposición selectiva y representativa de los materiales aparecidos en el yacimiento. En ella se resume la historia del Museo, así como los trabajos realizados en el Castro desde 1972. También puede encontrase en esta Sala una información global sobre la Cultura Castrexa y sobre la época galaico-romana, además de referirse al entorno natural, arqueológico e histórico-artístico en el que inserta el Castro de Viladonga, ilustrado todo con mapas, dibujos y fotografías y con el apoyo de monitores y pantallas complementarias, junto con la exposición de algunas piezas (fig. 15) halladas de modo casual en esta comarca “chairega” (de la Terra Chá lucense).

Fig_05Además de esta parte expositiva, existe también una Sala de Actos o “multiusos”, para la proyección de audiovisuales y vídeos o para conferencias y reuniones, utilizándose incluso como aula y como espacio para exposiciones temporales. Es precisamente este último aspecto el que se vino potenciando desde 1996, a base de preparar muestras que luego se hacen itinerantes para dar a conocer el Castro y difundir la labor del Museo de Viladonga en muy diversos ámbitos, algunos de ellos apartados de los circuitos culturales habituales, lo que sin duda da un valor especial a este tipo de actividades complementarias de la exposición permanente, y que también sirve para dar a conocer otros sitios patrimoniales.

Fig_06El hecho de que esta institución sea propiamente un museo quiere decir que tiene que ser bastante más que unas salas de exposición y de información al público. Por esta razón, cuenta con otras instalaciones y servicios internos (“el corazón del Museo”) que se pueden resumir en: despachos y salas de trabajo (de oficina, de documentación, de reprografía…), una biblioteca especializada en Arqueología, Historia, Antropología y Patrimonio Cultural (con especial atención a Galicia), un taller de conservación y restauración, un sencillo laboratorio fotográfico, un ordenado almacén o sala de reserva para fondos arqueológicos en armarios compactos (hay que tener en cuenta que lo que está expuesto, unas 1.200 piezas, no llega a ser el 2% de los materiales procedentes del Castro y guardados en el Museo), además de otras dependencias, como un área dedicada a servir de base para la realización de los trabajos arqueológicos y didácticos, así como otros espacios y servicios complementarios. Todo ello permite que el Museo, a mayores de conservar, interpretar y estudiar sus fondos para una adecuada transmisión y comunicación a la sociedad, funcione también como un centro de documentación y de investigación sobre el mundo castreño y galaico-romano del Noroeste.

Fig_07Como ya se apuntó, esta dotación de infraestructuras se complementa (desde 1997) con una provisión estable de personal suficiente para atender, en la medida indispensable, todas aquellas funciones, con dieciséis puestos de trabajo (técnicos de museos de nivel superior y medio, restauradora y dibujante especializadas, auxiliares de museos y de administración, vigilantes de museos y una guarda del monumento), además de las imprescindibles contratas de limpieza y de seguridad jurada.

El uso educativo, socio-cultural y turístico del Castro de Viladonga: el Museo como experiencia en la interpretación del Patrimonio Arqueológico
El Castro y el Museo se conforman, pues, como las dos caras de un mismo espejo – el Patrimonio Arqueológico – e igualmente se vinculan a un contorno geográfico y ambiental determinado, donde los elementos del paisaje, de la fauna y de la flora también se consideran dentro del mismo entorno, incluido en un contexto histórico y cultural concreto, el de la Terra Chá lucense.

Fig_08El Museo del Castro de Viladonga, que nació para complementar decisivamente una función socio-cultural y educativa del propio yacimiento arqueológico, trata de cumplir sus fines como tal Museo (es decir, conservador, científico y didáctico-comunicativo), del modo más cabal y completo posible. Los más de 385.000 visitantes recibidos desde a su apertura al público en 1986 (mientras son más de 450.000 en el Castro) permiten deducir que se está en el camino correcto y adecuado, con las limitaciones generales y particulares que pueda haber y de las que somos conscientes, y con las mejoras que siempre se podrían acometer. Con todo, creemos que constituye un muy buen ejemplo de conservación y puesta en valor de un bien arqueológico por medio de la integración y conjugación de un yacimiento, presentado como patrimonio consolidado, y un museo propiamente dicho, que quiere ofrecer un discurso riguroso y al mismo tiempo con una clara orientación didáctica y comunicadora para toda la sociedad.

Fig_09La actividad de difusión siempre pasó por la atención a diversos factores y aspectos, entre los que basta recordar aquí, a modo de ejemplo y corolario final, los siguientes:

1) Una adecuada señalización en la red de carreteras, que complemente la información disponible en oficinas de turismo, agencias de viajes, establecimientos hosteleros, etc.
2) Una presencia continua en las “agendas” de los medios de comunicación escritos y visuales, así como en publicaciones muy variadas dentro del ámbito del Patrimonio Cultural, turismo y viajes.
3) La elaboración y difusión de un sitio Web propio e interactivo (www.aaviladonga.es, con un canal propio en You Tube), debido a la colaboración de una ejemplar Asociación de Amigos, existente desde 1989, y complementando así su presencia en otras sitios institucionales de Internet (http://museocastroviladonga.xunta.es) para la mayor difusión de Viladonga en todo el mundo.
4) El mantenimiento de un horario muy amplio de apertura del Museo de nueve horas ininterrumpidas de lunes a domingo (once horas en verano).
Fig_105) La actualización periódica de unos programas de acción didáctica (de cuatro niveles escolares en este momento) que buscan motivar la visita de estos colectivos e incrementar su rendimiento educativo y cultural (o incluso lúdico) en el más amplio sentido.
6) La producción de material divulgativo en diversos formatos (folletos impresos, vídeos convencionales y digitales, diapositivas, etc.), a menudo en cooperación con otras entidades.
7) La existencia de una producción propia de publicaciones, tanto en formato impreso (Boletín anual Croa o diversas variantes de material de divulgación), como en edición electrónica (e-Castrexo en la Web), ambas en colaboración con la Asociación de Amigos.
Fig_118) Una atención constante a la buena organización, funcionamiento y actualización de todos los servicios del Museo (dentro de las posibilidades que ofrece su dependencia administrativa, con titularidad estatal y gestión autonómica), como la Biblioteca (especializada en el ámbito temático del Museo) o las áreas de Conservación, Documentación, Difusión, etc.
9) La realización de exposiciones temporales con un decidido carácter divulgador e itinerante, para favorecer la presencia del Castro de Viladonga y su Museo en ámbitos tanto urbanos como rurales (de toda Galicia e incluso de Comunidades limítrofes), y en ambientes tanto académicos o cultos como de tipo turístico, comercial, etc.
Fig_1210) La colaboración e intercambio constante con otras instituciones culturales, prestando su cooperación a iniciativas de entidades culturales muy diversas (como el Consello Galego de Museos), con la apertura de sus instalaciones para actividades o aprovechando el Museo y el Castro para el inicio y desarrollo de itinerarios culturales: la Ruta de senderismo entre Viladonga y Castro de Rei, siguiendo el valle del río Azúmara es el ejemplo más palmario. De igual modo, es irrenunciable el compromiso del Museo con su territorio, enmarcando y potenciando la identidad “chairega”, que incluye una rica y singular literatura, tanto culta como oral.

Fig_13Este decálogo de actuaciones debe garantizar una notable presencia del Museo en el universo de las comunicaciones, con el objetivo de llegar a un espectro de público lo más numeroso y diversificado posible, pero incidiendo de modo especial en tres grandes bloques o grupos: la población de la comarca en la que se ubica el Museo – incluyendo la ciudad de Lugo -; los estudiantes de cualquier nivel educativo; y, en fin, un extenso colectivo de personas (de forma individualizada o agrupada), interesadas en una oferta cultural de calidad, grupo este cada vez más numeroso sobre todo si en él incluimos el llamado turismo cultural o turismo rural. Para todos ellos se diseñó un plan museológico que destaca a todos los niveles por su carácter didáctico y comunicativo, y por la creación de un ambiente agradable y ameno (sin caer en los modernos peligros de lo excesivamente lúdico, de lo fácilmente impactante o de lo forzosamente divertido, pero tantas veces de manera desnortada e incluso acientífica), para incitar así el conocimiento y disfrute del Patrimonio Cultural y Natural de su entorno y, por extensión, promueva el aprecio y el interés por la protección del Patrimonio Arqueológico.

Bibliografía de referencia
Fig_14– ARIAS VILAS, F. (1997): “Comunicación, didáctica e acción cultural. O caso do Museo do Castro de Viladonga (Lugo)”, Administracións Autonómicas e Museos. Cara a un modelo racional de xestión, (Xunta de Galicia), Santiago de Compostela, pp. 225-253.
– ARIAS VILAS, F. (1997): “Sobre os Museos de sitio arqueolóxico: un intento de revisión crítica”, El Museo de Pontevedra (Homenaxe a X.Filgueira Valverde, I), LI, pp. 293-322.
– ARIAS VILAS, F. (1999): “Sitios musealizados y museos de sitio: Notas sobre dos modos de utilización del patrimonio arqueológico”, Museo (APME), nº 4, pp. 39-57.
– ARIAS VILAS, F. / DURÁN FUENTES, MªC. (1996): Museo do Castro de Viladonga (Castro de Rei,Lugo), (Xunta de Galicia), Santiago de Compostela.
– CROA. Boletin da Asociación de Amigos do Museo do Castro de Viladonga (anual desde 1991, ver índices).

Museo Arqueológico del Castro de Viladonga
Dirección: Carretera N-640 km. 70. Viladonga, 27259 – Castro de Rei (Lugo)
Telfs.: 982 314 255 / 982 314 194 (fax)
E-mail: museo.viladonga@xunta.es  //  museo@aaviladonga.es
Webs: http://museocastroviladonga.xunta.es //  www.aaviladonga.es
Horario: Abierto todos los días del año salvo 24, 25 y 31 diciembre, 1 y 6 enero
De marzo a junio y setiembre-octubre: 10-20 h.
De noviembre a febrero: 10-19 h.
Julio-agosto: 10-21 h.

Fig_15Condiciones generales de entrada (Decreto 295/1994 de 30-9-94, de la Consellería de Cultura de la Xunta de Galicia, D.O.G. 14-10-94)
– Precio de entrada: 2’40 €

Tienen derecho de precio reducido (1’20 €):
– Estudiantes y titulares de “carné joven”.

Tienen derecho de Entrada Gratuita:
– Menores de 18 años
– Mayores de 65 años, pensionistas o jubilados
– Personas o grupos, de entidades culturales educativas o similares, que lo soliciten al Museo, por motivos profesionales, de estudio o de investigación
– Miembros de la Asociación de Amigos del Museo o del Voluntariado cultural y educativo
– Integrantes del “Proyecto Hombre”
– Parados y demandantes de empleo.

Visita pública gratuita:
– Con motivo de exposiciones temporales integradas en las salas del Museo
– Sábados desde las 14’30 h. y domingos todo el día
– 18 de mayo, Día internacional de los Museos
– 25 de julio, Día de Galicia
– 12 de octubre, Día de la Hispanidad
– 6 de diciembre, Día de la Constitución

Prosegur_museo