27 noviembre, 2013

¡Muerte al currículo! ¡Viva la biografía!

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía inaugura Formas biográficas. Construcción y mitología individual (hasta el 31 de marzo), llamada a ser una de las estrellas de la temporada de la institución y una cita reveladora por la lectura del arte moderno y contemporáneo que plantea, a partir de la vida de los artistas. ¿Cómo los artistas, a semejanza de los escritores, han manipulado su relato biográfico? Más de 270 obras muestran las técnicas con las que se han camuflado desde el siglo XIX ante los ojos del espectador.

Escritores de su propia vida, creadores de una mitología individual, que llevan el relato más allá del currículo, formato universal con el que el ciudadano se da a conocer a su comunidad y en el que sólo se destacan datos que hablan de la persona, no de su identidad ni de su proyecto vital. La biografía es la vida, el currículo es el testimonio. La narración de las vidas de arte-exposicionartistas que trazó Vasari, en el Renacimiento, se recreaba en la profusión detallada de aspectos cotidianos y vulgares de los más grandes representantes de las artes plásticas del momento, una narración más o menos verídica.

La nueva mitología fue anunciada por los escritores, y como tal son reconocidos en la exposición del Reina Sofía: Gérard de Nerval –autor romanticista que adelantó las pautas de Artaud y Breton- y Franz Kafka. El relato de la propia vida ya no estaba en manos de otro, uno era el dueño de su vida y de su comunicación. “El artista puede hacer de su obra la forja y el relato de su transcurso vital, con distintos grados de veracidad, ocultación, recreación, deseo, farsa, esperanza o negación”, explica en el catálogo, el director del museo Manuel Borja-Villel.

Laberinto conceptual

El historiador del arte francés, Jean-François Chevrier, especialista en fotografía contemporánea, es el responsable de este retrato biográfico fragmentado y mutilado, que compone un mosaico limitado por la complejidad del proyecto que ha diseñado para el museo español. La estructura del mismo es doble: por un lado, la “mitología individual”, aquellos artistas que elaboran su propia historia, y, por otro el camino inverso, de la la-caja-de-doritos-con-bote-de-nutella-un-cuchillo-y-un-tenedor-de-henrik-olesenobra de arte a la biografía o “construcción”. “Es una visión alternativa del arte moderno del siglo XIX y siglo XX”, ha explicado en rueda de prensa.

Pero, para complicar al cubo la narración, las dos partes se entrelazan en el amplio recorrido de 13 salas, hasta crear un laberinto de conceptos que convierten el proyecto en 13 islas indisolubles, en las que se tratan temas como la casa, el territorio, la infancia, las fronteras, el cuerpo o la memoria. Más de sesenta artistas distribuidos en una narración que sobresale por su contenido más que por el envoltorio.

Una visión tan abrupta como la explicación que trata de darse en el mismo catálogo: “La dimensión legendaria de las vidas de artistas procede por lo general de una elaboración secundaria a partir de la obra. Nosotros, en cambio, hemos separado el aura de los monstruos sagrados del arte moderno. Pero la biografía de los artistas se inscribe ante todo en su obra”.

Entre los nombres de lujo de una inmensa lista de invitados: Paul Klee, Pistoletto, Mark Rothko, Louise Bourgeois, Jeff Wall, Edvard Munch, Gerhard Richter, Max Ernst, Alberto Giacometti, Tadeusz Kantor, Maruja Mallo, Dorothea Tanning o Francesca Woodman. Pero es en las partes dedicadas a la fotografía, donde el discurso de Jean-François Chevrier destaca sobre el resto, con la inclusión y apuesta de los trabajos de Ahlam Shibli y Ed Templeton.

arte-exposicionCrisis vital

La sala dedicada al drama de la vida y su vínculo entre Kafka y los bocetos de Munch para la obra Espectros (1882), del dramaturgo noruego Henrik Ibsen, trata de mostrar una escenografía fantasmal y dolorosa. “Munch tuvo conocimiento de las litografías de Redon, pero no comparte su visión del negro como color supremo. Para él, el negro sigue siendo el fondo oscuro sobre el que se destaca el blanco del pavor y de la ausencia”, explica el comisario en el catálogo.

La palabra es inherente a la imagen en los reportajes de Ahlam Shibli, que reinventa al margen del servicio de la información y de los formatos mediáticos. El último reportaje hecho por Shibli, en Nablus (pueblo y campo de refugiados) muestra la multitud de retratos de “mártires de la causa palestina”, en su espacio doméstico y en el espacio público. “La crisis de la biografía afecta aquí a toda una comunidad, a la manera de una intimidad, forzada, dramatizada, con los muertos. Un pueblo de imágenes cohabita con los vivos”.

Ed Templeton hace un collage con su vida, un álbum de recortes compuesto por sus fotos y sus textos. Un relato autobiográfico descarado y descarnado. Al parecer, Templeton es uno de los grandes nombres del skate, pero en esta selección nada deja ver. De hecho, es una crónica de suburbios. Deformer es la deformación de la corrección, y como tal, la culminación de la verdad.

Herir la sensibilidad

“Recoge los fragmentos de su historia o más bien, unos fragmentos, mezclados con cosas vistas, con instantáneas sacadas de otras vidas, de otros dorothea-tanningcuerpos”. Templeton se fija en lo que no interesa, como un gran montaje fragmentado de pequeños instantes vulgares de su propia vida. Quizá por eso el Museo se haya visto en la obligación de avisar que en esa sala, la dedicada al género autobiográfico, hay imágenes que pueden herir la sensibilidad del espectador. La vida misma es lo que más molesta.

La sala conjunta a la que recoge el gran mosaico de heridas de Templeton, se presenta al danés Henrik Olesen, que con la serie Sr. Cuchillo y Sra. Tenedor (2009-2010) retrata a su familia. Una de las partes de esta biografía es una caja de cartón de Doritos, con un bote de Nutella dentro, un cuchillo de plástico y un tenedor, y cuatro páginas de texto. La obra se titula El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía presenta al Sr. Cuchillo y a la Sra. Tenedor (2009).

El cierre del extenso recorrido corre a cargo de Dorothea Tanning, con Habitción 202. Hotel du Pavot (1970), una recreación escenográfica surreal, grotesca y quimérica. Cuerpos desnudos que atraviesan las paredes, desnudos, tejidos en lana. Figuras de trapo. Envolturas para cuerpos que huyen como amantes sorprendidos. Formas efímeras y frágiles, que se enredan, en una habitación ficticia. Un sueño perdido en la habitación del amor.

 

 

por PEIO H. RIAÑO, EL CONFIDENCIAL