7 marzo, 2013

Monasterio de Bonaval

Situación. Retiendas. Guadalajara.

Cómo llegar. Desde Madrid por A-2 hasta Guadalajara. Seguir por CM-101 dirección Humanes, CM-1004, dirección Tamajón, y GU-188 hasta Retiendas.

Distancia. 100 kilómetros desde Madrid.

Recorrido. Ruta lineal.

Accesos. Sin entrar en Retiendas, seguir por la carretera que va al Embalse de El Vado, para abandonarla antes de cruzar el arroyo del Pueblo. Continuar por la pista que dirección Oeste lleva en un kilómetro al monasterio de Bonaval.

Regreso. Por el mismo camino que a la ida.

Refugio ‘finsemanal’ de urbanitas y terreno de juego predilecto de cazadores estas semanas de veda recién terminadas. Los cruzan esporádicas cuadrillas de ciclistas, efímero toque de color en su rápida pasada, y excursionistas que perduran unos instantes más en el paisaje. Poca cosa. Los campos y sierras alcarreños no logran llenar de ninguna de las maneras la vacía existencia que estos tiempos los define.

No siempre fue así. Por ejemplo en las postrimerías del siglo XII. En aquel entonces, Alfonso VII, rey de Castilla acogió como orden favorita al Císter. Simpatizante el monarca de la austera reforma puesta en marcha por San Roberto de Molesmes y San Bernardo de Claraval, permitió que en 1164 los cenobitas se instalasen en este apartado paraje a orillas del Jarama, en velut precarium, o sea, de prestado. Los primeros monjes llegaron del entonces no menos rural monasterio de Santa María de Valbuena del Duero, en Valladolid.

No tardó mucho ?once años justos? el rey castellano en otorgar la propiedad de los terrenos a la orden para que dejasen de estar de prestadillo, erigiéndose este cenobio como uno de los primeros del Císter de nuestro país.

El Monasterio hizo honor al sitio, llamándose de Bonaval, es decir del Buen Valle. Nunca fue lugar tumultuoso, pero creció lo sufiente para dar vida a la comarca. Las sucesivas concesiones de los monarcas castellanos dieron fuerza a la abadía, que fue ampliando sus propiedades así como su influencia en la zona.

El lugar nunca perdió su alejamiento, lo que le permitió mantener una independencia bastante notable, sobre todo en los primeros tiempos. Terminó bajo la tutela de la Congregación Cisterciense de Castilla. Prueba de su aislamiento es el hecho de que durante la Guerra de la Independencia se mantuvo a salvo de los franceses, cuyas huestes utilizaron como principal vía de acceso, y retirada, la relativamente cercana carretera de Burgos, no sufriendo sus brutales saqueos.

Dos siglos de abandono

No pudieron, sin embargo, los cistercienses sobrevivir a Mendizabal, cuya convulsiva desamortización vació el monasterio. Abandonado, fue vendido en 1821, no haciendo otra cosa sus propietarios que saquear la propiedad y permitir con su falta de tutela, que fuera asaltada por cualquiera que pasase por aquí. No hay más historia. Así ha permanecido desde entonces, sin más cambios que un cada vez más palmario derrumbe, fruto del lastimoso abandono por parte de la propiedad y las autoridades.

Para alcanzar este remanso de paz, no hay más que echarse a andar desde la entrada de Retiendas. Sin atravesar el puente sobre el arroyo del Pueblo, que da entrada a la villa, continuar camino abajo, paralelos al río. Se pasa ante el cementerio de la localidad y se alcanza un segundo puente, que tampoco debe cruzarse. En este punto arrancan dos pistas, tomar la inferior y recorrerla hasta su final.

Enseguida penetra en un espeso robledal, bastante desnudo de hojas a estas alturas del invierno. En suave descenso, la pista rectilínea no guarda otra sorpresa que la situada en su final: el monasterio de Bonaval. Ocho siglos de historia, religión y cultura que se hacen polvo.

En un claro entre la arboleda, con los muros cubiertos de enredaderas, el cenóbio tiene un aspecto melancólicamente romántico. La iglesia de poderosos muros y algún que otro deslabazado resto esparcido entre los zarzales es todo lo que queda. El templo aú no ha perdido sus antiguas hechuras. Tres estilizadas y robustas naves de un estilo románico tardío.

La bóveda del altar mayor y otra lateral son las que mejor conservadas están. En un muro lateral se abre un agujero que da acceso a la pequeña escalera de caracol que subía a la espadaña. En el mismo muro y por el exterior, se conserva un reloj de sol mancado de su gnomon y alguna ventana con partes de la celosía original de piedras.

Desde hace décadas vecinos, asociaciones y personalidades públicas han pedido su restauración. Ningún plan se ha puesto en marcha. Menos se hará ahora con la crisis. Sólo un cartel en Retiendas señala que se trata de un Bien de Interés Cultural. Suficiente para los responsables.

Durante siglos, la proverbial paz de Bonaval fue lugar predilecto de los monjes más ancianos para su retiro final. Los últimos 190 años en su calma se han refugiado el abandono y la ruina. Permanecerán hasta que no quede piedra sobre piedra.

Ficha

Horario: Entre 2 y 3 horas para el recorrido descrito sin contar las paradas.

Longitud: 4 kilómetros.

Desnivel: 215 metros de desnivel positivo (Canto Cochino, 1.025 metros, base del Cancho de los Muertos, 1.240 metros).

Recorrido: Ruta circular.

Dificultad: Media. A pesar de su corta longitud y de no superar un desnivel excesivo, el paso entre los numerosos bloques que se esparcen en algunos tramos de la excursión, otorgan un punto de dificultad a esta excursión.

Material: Botas de marcha, bastones y ropa de abrigo en invierno. Agua en abundancia durante el verano.

Recomendaciones: Ante la menor duda de pérdida del sendero, desandar hasta el último punto reconocido para recobrar el camino correcto. Evitar con tiempo inestable, niebla y si está la piedra mojada.