29 diciembre, 2015

Misterioso rosario de robos en la Biblioteca Joan Maragall

La escritora Isabel Nunez durante un Sant Jordi

Misterioso rosario de robos en Sant Gervasi. El valor de lo sustraído es más sentimental que económico, pero, por las características de lo hurtado, es peor, porque es un pequeño tesoro irremplazable. Se trata de biblioteca privada de la escritora, traductora, experta en arte y, lo que es más escaso en esta ciudad, cronista de Barcelona Isabel Núñez. Tras su fallecimiento en noviembre del 2012, casi la mitad de su colección particular de libros sirvió para dotar de un mejor fondo a la Biblioteca Municipal Joan Maragall, entonces aún en obras. Los libros llegaron allí sellados con el ex libris personal de Isabel, la silueta de un azufaifo, en homenaje al árbol que a pocos metros de aquel lugar salvó tras una durísima pelea con las autoridades municipales. El misterio es que un buen pellizco de la donación, tal vez un 5% de los 2.013 volúmenes donados, por decirlo suave han volado, quiza a manos de algún lector fetichista no solo de la obra de lsabel Núñez, sino también de las que fueron sus pertenencias más preciadas, los libros.

El hallazgo de tan sorprendente delito es triste porque lo hicieron personalmente y al alimón el exmarido y el hijo de Isabel, Jose y Guillermo, respectivamente, que desde que supieron de los sucedido, entre enojados y divertidos, no descartan resolver el caso, un poco como Diane Keaton y Alan Alda en ‘Misterioso asesinato en Manhattan’, pero sin un crimen de sangre entre manos.

Fue a mediados del pasado noviembre cuando descubrieron accidentalmente lo ocurrido. Quedaron junto al azufaifo, un punto de encuentro para ellos emocionante, y, después, como en un juego, decidieron ir a la biblioteca a ver quién de los dos era más rápido en encontrar un libro con el sello de la autora en los estantes de la Joan Maragall.
EL DESTIERRO DE LAS ESTANTERÍAS

Extrañados por no dar con ninguno, como es natural preguntaron. Eso les llevó al despacho de la directora de la biblioteca, Angelina Cabré, que les comunicó la desdicha. Alguien se llevaba los libros. Nada de préstamos no retornados, pues así sería fácil dar con ellos. Se supone que el ladrón los sacaba del edificio bajo la gabardina o algo parecido. La solución más sensata fue retirarlos de la colección expuesta al público. Forman parte aún del fondo del centro, es decir, cualquier usuario de las bibliotecas públicas puede recibir en préstamo algún libro que un día perteneció a la biblioteca particular de Isabel, pero no se muestran ya en las estantería. Una pena.

Inspirados en el método deductivo Holmes, padre e hijo buscaron primero un patrón de comportamiento del mangante. Fue decepcionante para ellos ver la lista de los libros distraidos. No se intuía en ella ningún buen gusto en especial. Casi parecía un simple orden alfabético. Un chasco. Hacer una ralación de sospechosos gracias a recuerdos de Isabel en vida (una frase que dijo aquel, un comentario que hizo el otro…) era, pronto lo vieron, un callejón sin salida.

Lo que quedaba, pues, era solo el mal sabor de boca, sobre todo porque antes de que llegaran a la biblioteca, un pellizco de los libros ya había desaparecido. Se extravió, o algo peor, una de las cajas que salió del piso de Isabel.

FAMILIAS BIBLIOGRÁFICAS COMPLETAS

Siempre habrá quien diga que solo son libros, pero cualquiera que conozca un minimo el mundo editorial sabe que a veces son irremplazables. Y en el caso de los de Isabel, el daño es más lacerante porque estaban agrupados en círculos perfectos. Fruto de su labor como traductora tenía el libro de tal o cual autor en su lengua materna, la primera traducción que hizo ella, la edición posterior en formato de bolsillo, el ejemplar más noble reeditado visto el éxito del escritor… Como en el conocido juego infantil de cartas, no se alcanza la satisfacción de la victoria si no están todos los miembros de la familia bantú o de la esquimal.

Lo ocurrido, en definitiva, es un triste epílogo para una escritora que con ‘Mis postales de Barcelona’ presentó su candidatura para ser una cronista indispensable de esta ciudad. El elogio que Enrique Vila-Matas le dedicó meses antes de que falleciera así lo corrobora (“envidio un bellísimo libro que Isabel Núñez acaba de publicar…”). Y el autor de ‘Bartleby y compañía’ era solo uno más de la constelación de amigos de la que formaba parte Isabel Núñez, en la que destacaban, entre otros, el antropólogo Manuel Delgado, el documentalista José Luis Guerín, los poetas Enric Casasses y Carles Hac Mor, y la exconcejala Itziar González, con la que sintonizó cuando puso en pie la campaña para salvar al azufaifo de la calle de Arimon y para el que hay una petición expresa de que sea bautizado con el nombre de Isabel, algo insólito por infrecuente, pero tal vez tome en consideración el gobierno de Ada Colau.

A la espera de eso suceda o, mejor aún, que, arrepentido, el ladrón devuelva a los estantes los libros robados, de Isabel Núñez queda, afortunadamente, su corta pero notable carrera como escritora y, para quien lograr una conmovedora comunión con ella, la última entrada de su blog personal, Crucigrama, titulada ‘Alea jacta est’, en la que intuía cercana la muerte. Su lectura no deja indiferente.

Por Carles Cols en El Periódico.