1 noviembre, 2013

Martín Chirino, la fascinación de la espiral

MartinChirino

Martín Chirino (Las Palmas de Gran Canaria, 1925) esculpió Herramienta poética e inútil entre 1956 y 1957, a la vez que se implicaba en la creación del grupo El Paso, aquel grupo de artistas que a finales de los cincuenta decidió romper con el arte oficial del franquismo (Antonio Saura, Manolo Millares, Manuel Rivera….) para dar un salto hacia el arte internacional y a la vanguardia española anterior a la Guerra Civil. En el Salón Goya del Círculo de Bellas Artes de Madrid que él presidió y ayudó a recuperar para los ciudadanos, el artista muestra orgulloso la que considera que es su primera gran obra. “El título es autobiográfico. Yo soy un poeta y también un inútil”, bromea ante la estilizada y aérea composición de hierro que ahora se reencuentra con quince piezas representativas de las sucesivas etapas del artista.

La exposición, organizada con Acción Cultural Exterior (AC/E), es el resumen de 60 años dedicados a la escultura, “un trozo de la excelencia de la historia”, dice. Y también un aperitivo de lo que será la Fundación que pronto se inaugurará en el Castillo de la Luz de Las Palmas, un edificio cargado de historias y leyendas que ha sido restaurado por los arquitectos Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano. Allí irá toda su herencia: sus obras, su biblioteca personal, el archivo de todo su trabajo, recuerdos… Solo queda cerrar unos estatutos que garanticen la estabilidad de la Fundación, que quede protegida de los inevitables cambios políticos.

El repaso de su obra en el tiempo confirma su predilección por el hierro y por las espirales. “Soy un herrero. El hierro es el material de la escultura y lo he trabajado tanto que como más me gusta es cuando está caliente. He aprendido a tocarlo sin quemarlo. Hay un respeto mutuo entre el hierro y yo”.

Martín Chirino forma parte de los grandes escultores internacionales devotos del hierro. Cita a Gargallo, Chillida, Oteiza, Serra, Moore y Julio González, “el maestro de todos nosotros”. Sorprendentemente no incluye al recientemente fallecido Anthony Caro. “No, porque sus ensamblajes no resistirán el paso de la historia. Sorprendió en su momento pero luego se repitió”.

Mientras pasea por la exposición, Martín Chirino cuenta la historia de cada pieza y se entusiasma por igual ante cada una de ellas. Tienen nombre propio y un recuerdo personal vinculado a la vida del artista. Acaricia las curvas angulosas del rostro de Greta Garbo en Crónica del siglo XX (1984-85), “aquella diosa inalcanzable para todos los de mi generación”, se entretiene deslizando la mano sobre su Momento II. Reflexión sobre el Guernica (2008) y se extasía ante su última espiral titulada Viento (2013), un molinillo de plomo pegado sobre papel. “Es la primera vez que me he atrevido a mezclar dos materiales tan opuestos y la mezcla es poética. Me parece autobiográfico. Ahí estoy yo y toda mi generación pidiendo respeto y queriendo ser escuchados”.

¿No siente que se le trate con respeto? “No lo digo por mí. Me indigna mucho como están tratando en este país a la gente mayor. Me sublevo cuando oigo que llaman yayoflautas a esas personas mayores, que han trabajado toda su vida y reclaman lo que les han robado. Se lo llaman como una gracieta. No puedo con ello”.

Martín Chirino, hombre siempre templado y sonriente, abandona la momentánea indignación para retrotraerse a aquellos diez años durante los que fue el máximo dirigente del Círculo de Bellas Artes y consiguió recuperarlo para los ciudadanos. “Esto era un reducto para señoritos que venían a jugar a las cartas. Pero gracias a Javier Solana, el mejor ministro de Cultura que ha tenido este país, lo recuperamos para la cultura. Y logramos que en sus estatutos se prohíba un cambio posterior de uso. En estos tiempos de olvido de la cultura, es importante tener esa garantía. Me emociono cuando veo pasar por aquí a chicos y mayores como si estuvieran en su casa”.

El artista canario asegura que sigue trabajando a diario. Se ocupa de todo el proceso. Desde el dibujo previo, que no comercializa, hasta el fundido final de la pieza. Yo soy un artista y también un artesano que domina su oficio. No soy de los que cuentan su inspiración a otros para que se la transformen. Eso no va conmigo. Mis manos participan en todo. Incluso hago un texto sobre cada escultura”.

¿Seguirá trabajando con espirales?. “Son serenas, precisas, elegantes. Todo el universo está contenido en ellas. ¿Cómo no voy a seguir fascinado por ellas?”.

Por Ángeles García en El País.