23 mayo, 2013

Mariano Fortuny: el renacimiento de Da Vinci

Mariano Fortuny

Su curiosidad era insaciable. Cual Da Vinci moderno, este humanista de porte distinguido, 1,82 de estatura y ojos azules, tocó casi todos los palos, y de manera ejemplar, aunque no fue en el Renacimiento, sino en plena Belle Époque. Trabajador incansable, él se lo guisaba y él se lo comía: fabricaba los colorantes y pigmentos que utilizaba, estampaba sus grabados en un tórculo que tenía en su biblioteca, inventó su propio papel fotográfico, diseñó los muebles y lámparas de su casa y las máquinas para imprimir sus tejidos, que él mismo confeccionaba; encuadernaba sus libros… Este MacGyver patrio no es otro que Mariano Fortuny y Madrazo (Granada, 1871-Venecia, 1949).

Hace décadas, un jovencísimo estudiante de Historia del Arte, Guillermo de Osma –hoy uno de nuestros galeristas más reconocidos–, se topó de bruces en Calcografía Nacional con unos grabados de temas wagnerianos, muy simbolistas, que llamaron poderosamente su atención. Su autor, Mariano Fortuny y Madrazo. Quiso saber más de él, pero tan solo halló su obituario. Buceó entonces en archivos, bibliotecas y museos tras su rastro. Una vez recompuesto el puzle de su vida y su obra publicó en 1980 una monografía en inglés. Más de 30 años después, ve la luz en español, revisado y actualizado, aquel libro, rebautizado «Mariano Fortuny. Arte, ciencia y diseño»(Ollero y Ramos), que se ha presentado en el Museo del Prado.

Aquel artista desconocido lo es hoy mucho menos. Se han escrito libros, artículos, tesis doctorales y se han organizado exposiciones en España y en el extranjero. No oculta De Osma su fascinación por este personaje «fantástico, tan rico, difícil de aprehender y clasificar». Enigmático y misterioso, tiene mucho, dice, de alquimista, de mago encerrado en su torre de marfil, una fabulosa cueva de Alí Babá en pleno Gran Canal veneciano: el espléndido Palacio Orfei, hoy sede del Museo Fortuny. «Fue un revolucionario, un innovador total que experimentó con todo», advierte De Osma.

La pintura en los genes

Pintor, grabador, fotógrafo, escenógrafo, diseñador, inventor… «He estado interesado en muchas cosas, pero siempre he considerado la pintura como mi profesión», confesaba. Los genes mandan. Hijo del célebre pintor Mariano Fortuny y Marsal (aunque su padre murió cuando él tenía solo 3 años, heredó de él su gusto orientalista por todo lo exótico), se casó con Cecilia Madrazo, hija y hermana de famosos pintores. «Pero curiosamente es en pintura donde fue menos rompedor –comenta Guillermo de Osma–. En plena irrupción de las vanguardias, nunca se plegó a las modas. Pasó de La Bauhaus, mantuvo su fidelidad por la figuración, por la pintura tradicional. Sigue a Tiziano, Tintoretto, Velázquez… Fue un posmoderno avant la lettre. No se esforzaba por enseñar sus pinturas».

Donde sí fue un innovador total, un revolucionario, es en lo relacionado con la ciencia y la tecnología. Estudió Física y Óptica y a lo largo de su vida registró muchas patentes: inventó un sistema de impresión textil, otro de iluminación de espectáculos y la llamada Cúpula Fortuny, que supusieron una auténtica revolución en la puesta en escena teatral del siglo XX… Y hasta un medio de propulsión para embarcaciones.

La moda le dio la fama

Pero fue en el ámbito de la moda donde alcanzó mayor fama. Siguiendo su interés por lo exótico y oriental, le entusiasmaban los kimonos, caftanes, chilabas, saris… Sus dos grandes logros: la seda plisada y los terciopelos estampados. Han pasado a la Historia el chal Knossos (de inspiración cretense) y, sobre todo, el Delphos –de satén de seda, finamente plisado, es más una obra de arte que un vestido–, que lucieron mujeres de bandera como Isadora Duncan, Peggy Guggenheim, Sarah Bernhardt, Lauren Hutton, Lauren Bacall…Natalia Vodianova llevó uno en la gala del Met de 2011. Y Annie Leibovitz «amortajó» a Susan Sontag con un Delphos, aunque al parecer no era original. Mariano Fortuny liberó a las mujeres de sus corsés mucho antes que Coco Chanel, aunque ella se llevó la gloria. Orson Welles utilizó trajes de Fortuny en su «Otello».

La sombra de su herencia es alargada y llega hasta Miyake, Lagerfeld… Balenciaga le admiraba profundamente. Sus obras están en los mejores museos del mundo: el Victoria & Albert, el Metropolitan, el Smithsonian… El Museo del Traje de Madrid recibió en 2003, por parte del Ministerio de Cultura, 88 piezas de vestir y 144 fragmentos de telas estampadas originales de Mariano Fortuny. Fue una dación en pago de impuestos por parte de Inditex. Mariano Fortuny ayudó a romper las barreras entre las bellas artes y las artes decorativas. Hoy, arte y moda van de la mano, como podemos ver en Sevilla con las santas de Zurbarán y la recreación que han hecho de sus vestidos nuestros diseñadores más internacionales.

Por Natividad Pulido en ABC.