18 julio, 2014

Malévich y su supremacía de lo abstracto reinan en Londres

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La Tate Modern de Londres inaugura una gran retrospectiva del artista ruso

La obstinada búsqueda de la simplicidad y la abstracción como máxima expresión del arte entraña una serie de riesgos que el artista ruso Kazimir Malévich (Kiev, 1878-Leningrado, 1935) superó con creces. Su exquisita concepción de la belleza, despojada de una realidad visible, donde reina exclusivamente la fuerza del color y la geometría, ha quedado inmortalizada para la posterioridad en un «Cuadrado negro» (1915) sobre un lienzo blanco, reproducido en cuatro versiones. ¿Acaso existe algo más perfecto y a la vez abstracto que un cuadrado?

Para pintar esta obra con la que Malévich inaugura una nueva corriente artística bautizada como suprematismo, abrazó antes todos los estilos de sus contemporáneos embarcándose en un fascinante periplo artístico. La Tate Modern de Londres inaugura hoy la retrospectiva más completa del pintor en los últimos 25 años, que se podrá visitar hasta el próximo 26 de octubre.

La exhaustiva muestra recoge más de más de 300 piezas que incluyen esculturas y objetos diseñados por el autor, además de una colección de dibujos y grabados poco conocidos, entre ellos más de 150 trabajos sobre papel, el mayor número nunca expuesto.

«Esta exposición ofrece una oportunidad única de ver todos los estadios de su obra y permite formular una visión más compleja de Malévich como artista», declaró ayer Achim Borchardt-Hume, comisario de la exposición, durante la presentación a la prensa.

La exposición arranca con una obra inevitable, el Autorretrato de 1908-1910, en el que el artista se dibuja a sí mismo en un retrato de busto, frontal, y con unos desnudos femeninos en segundo plano.

El pintor, nacido en 1879 en Kiev (Ucrania) de padres polacos, viajó pronto a Moscú para perseguir su gran obsesión de ser artista. Allí se nutrió de todos los estilos de sus contemporáneos. Pasó del impresionismo y el simbolismo, al fauvismo, cubismo y cubofuturismo, con incursiones en el arte popular. A través de colecciones pictóricas, entró en contacto con la obra de Monet, Cézanne, Picasso o Matisse.

La influencia de estos creadores se aprecia en los óleos que se exhiben en la primera parte de la muestra londinense. En ellos se aprecia cierta obligación por aplicar los preceptos del impresionismo en un contexto ruso.

En 1913 su colaboración con el músico Mikhail Matyushin y los poetas Aleksei Kruchenykh y Velimir Khlebnikov para hacer la ópera futurista «Victoria sobre el sol» -de la que hizo el decorado y el vestuario- supuso un punto de inflexión en su carrera.

En 1915, con Rusia inmersa en la Primera Guerra Mundial, alcanza la abstracción total con «Cuadrado negro» sobre fondo blanco, obra maestra del siglo XX convertida en hito de las vanguardias artísticas. Ese mismo año publicó el Manifiesto del suprematismo, un movimiento que busca la supremacía de la nada y la representación del mundo a través de formas geométricas.

La galería británica explora este periodo a través de una sala donde se reproduce con gran fidelidad 0.10: Última Exposición Futurista, una exhibición celebrada en 1915 en Petrogrado. Londres ha logrado reunir 9 de los 12 cuadros originales de Malévich. La ubicación de una de las versiones del emblemático cuadro no es fortuita. Los responsables de la muestra lo han emplazado en una esquina de la sala (tal y como hizo Malevich el siglo pasado) el lugar tradicionalmente destinado a los iconos.

Tras la Revolución de 1917, que derroca el régimen zarista, abandona la pintura.En 1919 aceptó un puesto de profesor en la Escuela de Arte de Vitebsk que dirigía Marc Chagall y durante los años siguientes, Malévich se centró en la docencia y transmitiendo las directrices del suprematismo a estudiantes con el sueño de cambiar la sociedad.

Con la llegada del realismo socialista, el artista regresó a la pintura figurativa, pero el suprematismo, inevitablemente, había dejado su huella. Predominan las escenas rurales, donde sus campesinos adquieres siluetas geométricas.

Durante un viaje a Berlín, en 1927, para presentar la retrospectiva que le hizo famoso a escala mundial, dejó la mayoría de los cuadros en Alemania. Regresó a la entonces Unión Soviética y ya no pudo salir más.

Por Ana Mellado para ABC

En 1935, a consecuencia de una gran depresión personal, Malévich muere de cáncer a la edad de 56 años en Leningrado, hoy san Petersburgo. Su obra adquiere una nueva dimensión, cuando por concesión especial del gobierno local, se le permitió al cortejo fúnebre portar, como si de un estandarte se tratara, una representación del «Cuadrado negro» sobre fondo blanco enfrente del coche fúnebre que transportaba su féretro.