20 diciembre, 2013

Madrid protege menos Patrimonio Histórico que Nueva York

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Madrid se está vaciando como una naranja seca. Y la cáscara es el Patrimonio Histórico. De los edificios históricos sólo interesa la fachada, el escenario, lo que se ve. La recuperación de sus funciones y del conjunto arquitectónico no interesa, porque el pasado es un engorro para el progreso. Los años de la crisis han acelerado, en el conjunto histórico de la capital, los procesos de ruina y legitimado el recorte presupuestario en recuperación del patrimonio. Bienvenidos al futuro.

La política de conservación (impulsada por reformas de leyes acusadas de inconstitucionalidad como esta) de las Administraciones fomenta el fachadismo, enfatiza el olvido y desecha la preservación histórica de los hitos arquitectónicos que durante siglos han formado parte de la identidad de la ciudad y de España. Buen ejemplo de ello es la macrooperación especulativa en Canalejas, que arrasará con el interior del conjunto de siete edificios enclavados entre las calles de Alcalá, Sevilla, plaza de Canalejas y Carrera de san Jerónimo, para unificarlos en un único inmueble de uso comercial.

El primero de ellos fue levantado en 1887 y la voluntad del Banco Santander (propietario del conjunto tras la absorción de las diversas entidades que lo ocupaban, y que puso a la venta por 350 millones de euros, aunque fue finalmente vendido a Juan Miguel Villar Mir por 215), ha forzado a las autoridades a la retirada de la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) que protegía el edificio del Banco Hispano Americano desde 1999, para reducirlo exclusivamente a la fachada. Con el interior los nuevos dueños podrán hacer lo que consideren oportuno. El proyecto de Villar Mir consiste en viviendas, hotel y un centro comercial gigante.

Expolio consentido

La asociación Madrid, Ciudadanía y Patrimonio, grupo independiente y sin ánimo de lucro, asegura que para profundizar las tres plantas de sótano tienen barra libre: “Les han prometido desde el Ayuntamiento que la arqueología no va a ser un problema”. “Esto es un expolio artístico y está prohibido por nuestra Constitución”, declara Alberto Tellería, uno de los miembros de la agrupación, que ha hecho de guía por las ruinas del patrimonio madrileño desde un minibús para un grupo de periodistas.

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Han marcado casi 20 localizaciones para el recorrido del desastre, pero dice que podrían multiplicarse. Estas son sólo las más representativas y, lamentablemente, las más sangrantes. Es una manera especial de anticipar la celebración el próximo sábado del Día Internacional del Patrimonio Mundial en un país con una histórica tradición de menosprecio al mismo. La asociación ha organizado unas jornadas de reflexión y debate sobre la voluntad política con la que tienen que pelear día tras día para evitar la degradación histórico-artística.

“Nueva York tiene más edificios catalogados como patrimonio histórico que Madrid”, dice Alberto, alarmado ante el hecho de que la ciudad del progreso y la novedad, una ciudad joven (que se consolidó tal y como la conocemos a principios del XIX), cuide su patrimonio histórico más que Madrid, donde la corte se estableció en el siglo XVI y cuyos primeros asentamientos son del IX. Según los últimos datos de la Comisión de Preservación de Hitos de Nueva York, en 2012 otorgaba protección a 27.000 edificios, incluyendo 107 distritos históricos, 1.304 individuales, 114 interiores, etc. Según las últimas cifras son poco más de 15.000 los madrileños.



La política de la destrucción

Este periódico ha tratado de contactar con la Dirección de Gestión y Defensa del Patrimonio del Ayuntamiento de Madrid, con resultado nulo al cierre de la edición. Otra notable diferencia entre la ciudad de Nueva York y Madrid: mientras el catálogo de una ciudad se amplía con cada edición, en la otra se abre cada año para revisar qué bienes pierden su protección. Pueden imaginarse cuál es esta última. Por supuesto, todo lo que no esté en ese catálogo no se protegerá. ¿Y lo que esté pendiente por descubrir? Olvido.

Es curioso cómo los defensores independientes del patrimonio tienden a hablar en pasado. Es un interminable discurso a referencias que ya no están entre nosotros, como si el progreso se lo hubiese comido todo: “Allí había una fuente”. “Arriba había una escultura”. “Aquí estaban las caballerizas”. “En el gran salón del palacio había una decoración mural que se ha perdido cuando tiraron el techo y la lluvia lo devoró todo”. “Esas ventanas estaban cubiertas con el enrejado más importante de Madrid”. “Ahí había unos jardines. “En ese parque estaba el monasterio originario, pero lo tiraron, lo enterraron y no excavaron”. “Este era el frontón más bonito de la ciudad”… La lista de la destrucción parece interminable, pero ¿y lo que queda?

El Teatro CalderónEl Teatro Calderón

“A las reuniones con los políticos tenemos que ir con los jueces”, ironiza Alberto para resumir las acometidas que la Administración, local y estatal, dispone sobre el patrimonio que sobrevive al maltrato. En la protección y conservación del pasado y la identidad de este país no hay aliados. “Los técnicos han perdido poder y lo han ganado los políticos, que actúan bajo otros intereses que no son los de protección. Pero hay una masa crítica que es contraria a las reglas de la destrucción. Vivimos en un estado de prostitución en el que, si tienes dinero, no tienes problemas ni prohibiciones”, explica Álvaro Bonet, otro integrante de Madrid, Ciudadanía y Patrimonio.

Déjalo morir

El olvido del patrimonio es la erosión de los edificios, que actúa en silencio. Un día desaparece una cosa, otro día desaparece otra. El Teatro Calderón, es un ejemplo de ello. Hasta que un día no hace falta restaurar nada, porque el edificio no es ni la sombra de lo que fue. Es lo que los expertos llaman “erosión por ocultación”. “No nos damos cuenta de lo que los edificios van perdiendo hasta que no queda nada. Imagina a un amigo que hace mucho que no ves y cuando os reencontráis ha cambiado algo, no sabes qué, pero ya no es el mismo”.

El abandono es la lacra y el silencio administrativo el que lleva a los edificios emblemáticos a la ruina, como el Palacio de la Duquesa de Sueca, la única obra conocida del arquitecto neoclásico del discípulo de Juan de Villanueva, Antonio de Abajo. Construido en 1792 como escuela, llegó a derivar en sus usos hasta convertirse en el primer cuartel madrileño de la Guardia Civil. El Ayuntamiento lo expropió hace 15 años y desde entonces no se han ejecutado obras de rehabilitación que garanticen su integridad. ¿Resultado? Este año el Ayuntamiento ha puesto en marcha un expediente de ruina para permitir el derribo del inmueble, aunque tiene protección integral por Patrimonio. Pero los trabajos han sido paralizados por orden judicial.

Jueces contra políticos. Ciudadanos amparándose en jueces contra las actuaciones políticas contra el patrimonio. Descabellado. La ruina del patrimonio revelando la miseria de una gestión que no defiende el legado del pasado de su pueblo, que se inventa atajos para saltarse normas que los mismos gestores crearon y aprobaron: la figura “ruina económica” permite demoler edificios si la restauración cuesta más de la mitad de su valor. La “ruina inminente” permite demoler y prevalece sobre la conservación, pero “hoy se puede parar cualquier proceso de derrumbe, como nos enseña la Torre de Pisa”. Excusas para olvidarlo y dejarlo caer.

“Los ciudadanos estamos indefensos ante la Administración. Hemos pagado 9.000 euros en abogados para frenar derribos. Y lo más kafkiano de todo es que la Administración contrata abogados que pagamos con nuestros impuestos para acabar con nuestro patrimonio…”, cuenta otro de los integrantes de este viaje por el paisaje oculto de una ciudad que vive de sus turistas y de sus hitos históricos, a pesar de que no quiera conservarlos.

Por Peio H. Riaño en El Confidencial.