10 febrero, 2016

Los vigilantes de los museos

Museo Naval de Madrid

“Muchas mujeres pierden a sus maridos en este museo”. Katy Samojedna, 42 años.

“Llevo seis años trabajando aquí. Yo tengo claro que a quien más le gusta este museo es a los hombres, tanto que muchas veces se pierden entre sus salas; como es tan grande… Más de una vez se me ha acercado una esposa desesperada para que llame a su marido por megafonía. ¡Lo había perdido! En verano estamos muy pendientes de los extranjeros, muchos se quitan los zapatos y caminan descalzos por el museo. Naturalmente les llamamos la atención para que se calcen. Mi sala preferida, y la que recomiendo sin duda, es la Sala del Real Patronato. Tampoco hay que perderse la Carta de Juan de la Cosa, del año 1500, que es el mapa más antiguo del continente americano que se conserva”.

Museo de Bellas Artes de Bilbao

“Recuerdo a un chico que se quedaba horas mirando los cuadros”. Conchi Pascua, 56 años.

“Este es mi cuadro preferido, Mujer sentada con un niño en brazos, de Mary Cassatt. Llevo aquí 14 años y la zona donde estoy más a gusto es la que llamamos la ‘parte antigua’, sobre todo la Sala de los Impresionistas. Hay momentos inolvidables. Recuerdo a un chico que vino tres días seguidos. El primero estuvo desde la diez de la mañana hasta que desalojamos, a las ocho menos diez. Al día siguiente, al abrir, otra vez estaba en la puerta. Nosotros nos preguntábamos: ‘¿No come?, ¿se alimenta de arte?’. Y al día siguiente volvió por la mañana y se marchó a las tres. Se sentaba delante de los cuadros y se quedaba horas, mirándolos y sin decir nada, totalmente concentrado”.

Centro Pompidou de Málaga

“Un hombre se acercó a oler una obra”. Fernando Coto, 27 años.

“En el control de salida, una señora me tiró a la cara el envoltorio de un caramelo que llevaba en la mano y me dijo con un fuerte acento francés: ‘El arte de la provocación, ¡EL ARTE DE LA PROVOCACIÓN!’. Y se marchó sin más. En la Sala de los Autorretratos, un hombre se acercó a oler una obra, con tanto afán que casi roza con la nariz el cuadro. Cuando le llamamos la atención, nos dijo que solamente quería saber el tipo de óleo con que estaba pintada la obra. Llevo aquí desde la inauguración. Solo diez meses. Y ya tengo mis anécdotas… Tengo también sala preferida, El Cuerpo Político, que es la más tranquila. Además, me gusta porque tienes una vista única del tragaluz cúbico de colores. Por la tarde, la luz es increíble”.

Museo Reina Sofía

“Me asusta la zona de las bóvedas de ladrillo, los sótanos”. Pilar Morlón Marrufo, 56 años.

“Antonio López es uno de mis artistas preferidos. Pero la anécdota más curiosa me pasó con el Guernica. Un grupo muy grande de turistas japoneses apareció un día cuando estábamos cerrando. Ya no podían entrar. Ellos vienen con todo programado, siempre con prisa, y ese día se iban para Toledo. ¡Si vieras a todos arrodillados pidiéndonos ver el Guernica! Fue impresionante. Los vimos tan angustiados que los llevamos corriendo a verlo. Estuvieron solo un minuto frente al cuadro, pero tenías que ver la importancia que le daban a ese instante. También recuerdo a un señor mayor, de más de 90 años, antiguo médico de cuando el museo era un hospital, que se emocionó al recordar a sus pacientes. Llevo en este trabajo 15 años y los sótanos del museo, la zona de las bóvedas de ladrillo, todavía me sobrecoge. Se dice que allí estaban los enfermos terminales…”.

Museo Nacional Del Prado

“Un ‘runner’ visitó el museo corriendo”. Óscar Arribas Muñoz, 39 años.

“Hace poco yo estaba vigilando en la sala de las Pinturas negras, justo en la entrada, cuando vi salir a un hombre de unos 45 años que caminaba marcha atrás, como despidiéndose de las pinturas. Cuando me fijé, vi que lloraba. Me contó que había visitado la sala cuando era niño con su abuelo y que le habían dejado tal huella que siempre había querido volver. Su emoción me conmovió. Llevo solo dos años como vigilante del museo, pero una de las cosas que más me choca es la vestimenta de algunos. Hemos tenido monjes budistas con sus túnicas naranjas, geishas con su maquillaje blanco… Pero uno de los visitantes más singulares fue uno que hizo literalmente una ‘visita a la carrera’. Llegó con el cuerpo aún sudoroso y vestido de runner. Entró como una exhalación a mis salas y las vio a paso ligero sin detenerse lo más mínimo a contemplar los detalles de ningún cuadro. A ese ritmo debió de realizar toda la visita. Apenas media hora más tarde vi cómo abandonaba el museo. ¿Mi obra preferida? El jardín de las delicias, del Bosco. Una de las obras más misteriosas de todos los tiempos”.

Museo Cerralbo (Madrid)

“Un señor se sentó en el Comedor de Gala y no había quien lo moviera”. Maribel Álvarez, 48 años.

“El Salón de Baile es mi rincón preferido. Llevo 29 años en el museo, pero recuerdo que a los 15 días de entrar a trabajar, aún en pruebas, un señor muy grueso me lo hizo pasar fatal. Se sentó en una de las sillas del Comedor de Gala. Le dije que no se podía sentar ahí y que se tenía que levantar, y él me respondió que no se levantaba hasta que hubiera descansado. Por más que lo empujé y tiré de él, no conseguí moverlo. Ahora es una anécdota divertida, pero en aquel momento menudo disgusto. ¡Me daba miedo que me despidieran!”.

Museo Ruso de Málaga

“La gente confunde el extintor con una obra de arte”. Daniela Martín, 24 años.

“En nuestro museo, todas las obras tienen al lado de la cartela con el título y el autor un número de referencia para la audioguía. En la Sala 2 hay un panel que contiene un extintor que puede parecer un cuadro. Varias personas me han preguntado cómo se llama esa obra y cuál era el número que le correspondía en la audioguía, que no eran capaces de encontrarlo. Llevo en este trabajo desde la inauguración del museo, el 25 de marzo de 2015 (diez meses), y ya tengo sala preferida: la del realismo soviético, por su estructura y la calidad de los cuadros”.

Museo Guggenheim Bilbao

“Cuando Pierce Brosnan (James Bond) visitó el museo, fue una locura”. Nagore Matxain Aguirregoiti, 40 años.

“Este es un museo de arte contemporáneo y aquí ha habido exposiciones en las que se tocaba el piano, se cantaba, había que tumbarse en el suelo mirando al techo… Como es arte contemporáneo, a veces cuesta entenderlo y lo confundimos. Igual el visitante ve una silla y piensa que es una silla normal y que se puede sentar y ¡resulta que es una obra de arte! Llevo 18 años en el museo, desde que se abrió, así que esas confusiones son parte de mi rutina. Ahora, lo que nunca olvidaré fue cuando grabaron aquí partes de una película de James Bond protagonizada por Pierce Brosnan y el actor entró a visitar el museo. Fue una locura; la gente desapareció de las galerías, lo seguían a él, que iba vestido con un abrigo grande tipo James Bond. ¿Mi obra preferida? Está detrás de mí: 150 Marilyns multicolores, de Andy Warhol”.

 

Texto y fotografías: Jonás Bel y Rafael Trapiello  en XL Semanal