25 junio, 2013

Los vigilantes de la historia

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Una quincena de castillos y fortalezas medievales de la región son visitables

La Comunidad de Madrid lanza un plan para revitalizar estas piezas arquitectónicas, que muchas veces pasan inadvertidas para los madrileños

Levantados en flamantes atalayas, en lugares estratégicos e incluso en sitios de difícil acceso. Así son la mayoría de los más de 70 castillos y torres con que cuenta la región. Son los grandes desconocidos. Muchos de ellos se encuentran en perfecto estado de conservación, como el de Manzanares el Real, pero otros sufren los embates del tiempo sin que se acometa su conservación o reforma. Estas fortalezas, que se levantaron en la mayoría de los casos para defensa del avance musulmán, se dispersan de norte a sur por toda la región. La Comunidad va a lanzar ahora un plan para que estos monumentos sean apreciados por los madrileños.

Los castillos y torres se distribuyen en dos áreas muy distintas. Las torres del norte, en el entorno de Somosierra, se levantaron para vigilar el avance de los ejércitos y para guardar el ganado, en especial las ovejas, según explica la catedrática emérita de Historia Medieval de la Universidad Complutense Cristina Segura. Muchas de ellos se convirtieron después en castillos. Conforme avanzó la Reconquista, se alinearon en torno al río Tajo, sobre todo a partir del siglo XV, cuando los castillos se convirtieron en muestra de poder de los señores sobre sus vasallos, además de ser su residencia. Ejemplo son los de Torrejón de Velasco y Batres. “El problema de los castillos de Madrid es que la mayoría no son visitables. Durante mucho tiempo se les ha despreciado, pero poco a poco la gente se siente atraído por ellos. Al que le gusta un castillo, suele repetir”, explica Pablo Schnell, miembro de la junta directiva y bibliotecario de la Asociación Española de Amigos de los Castillos (2.400 socios, de los que 600 son de Madrid).

Algunas fortalezas sobresalen sobre otras. El caso más paradigmático es el castillo de Manzanares el Real, cuna de la autonomía madrileña. Este conjunto está formado por grandes ventanales, cuatro torres en sus vértices, adornadas con bolas al más puro estilo isabelino. Consta de seis plantas. Su construcción fue iniciada en 1475 por el primer duque del Infantado, y finalizada por su hijo, Íñigo López de Mendoza. Participó el arquitecto de los Reyes Católicos, Juan Guas, el mismo que levantó el palacio del Infantado de Guadalajara.

Íñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana, es un personaje muy destacado en la historia de los castillos de Madrid, según recuerda la catedrática de Historia del Arte de la UNED, Alicia Cámara. Este poeta y humanista cortesano revitalizó Buitrago de Lozoya, con un conjunto amurallado único en la región. “Llevó obras de arte, construyó un puente al otro lado del río para ir de caza, reedificó el castillo e hizo levantar el hospital de la localidad. Formó una pequeña corte”, explica la profesora. Además, dotó al pueblo de una coracha para poder coger agua del río y suministrarla a los vecinos. “Es una de las pocas corachas que se conservan y está en muy buen estado”, recuerda su colega de la Complutense, Cristina Segura. El castillo se encuentra ahora en fase de rehabilitación.

Uno de los monumentos que resulta más desconocido para la inmensa mayoría de madrileños es el castillo de los Zapata, en el barrio de la Alameda de Osuna (distrito de Barajas). De hecho, es el único que existe en la capital. Esta residencia señorial fortificada se levantó entre 1396 y 1404. Destaca el enorme foso que lo rodea para protegerlo, ya que se encuentra en una zona topográficamente poco ventajosa. Sufrió un incendio en 1695, y desde entonces estuvo condenado al abandono, junto a otros testigos de la historia local de los entonces extrarradios de Madrid, como los restos de la aldea de la Alameda, su iglesia, su cementerio y el camino de Alcalá.

Su recuperación comenzó en 1988, con las primeras excavaciones, cuando el conjunto estaba decorado con grafitos y pintadas. La actuación terminó en 2010; entonces se pudo trazar la planta actual y cómo era el conjunto. Un problema para el visitante es la prácticamente nula señalización para llegar.

Más alejados de la capital, hay que partir hacia el este o el suroeste para toparse con dos conjuntos muy distintos, pero extraordinariamente atrayentes. El castillo de la Coracera de San Martín de Valdeiglesias es atribuido al temido condestable de Castilla, Álvaro de Luna; se caracteriza por su torre del homenaje, de planta pentagonal, situado en un lateral del conjunto y flanqueada por otras tres torres cilíndricas y los restos de lo que fue una barrera perimetral.

No se conservan ni los restos de su foso ni las estancias que lo rodearon. Recientemente ha sido restaurado por la Comunidad de Madrid, que ha hecho accesibles la torre del homenaje y parte de sus adarves (pasillo estrecho situado sobre la muralla).

A otro extremo de la región, se levanta un monumento original a la par que imponente: el castillo de la orden de Santiago en Villarejo de Salvanés. Fue, junto con el de Fuentidueña, el que levantó la orden. Se caracteriza por una torre del homenaje rodeada por una barrera. Es un ejemplo excepcional de arquitectura militar, formado por ocho cubos rematados por matacanes (obra ubicada en lo alto de la torre que sobresale por su parte exterior). El recinto principal, con su patio y sus estancias, se omitieron. Un atractivo añadido para el visitante es que se puede contemplar el anochecer desde su parte más alta.

Con la misma finalidad que el de Villarejo se construyó en Arroyomolinos el castillo de Gonzalo Chacón, el vasallo de Isabel I de Castilla. Se trata de una obra iniciada por Juan de Oviedo, muy similar a la de Pinto. Del mismo sólo se conserva la torre, de planta rectangular con esquinas redondeadas y construidas en ladrillo mudéjar sobre basamento de fuerte mampostería. Tiene cuatro plantas. Ha sufrido una gran restauración en los últimos años, lo que ha permitido recuperarla para el municipio. De hecho, no se ha terminado aún. Se espera completar el interior para que sea visitable en breve.

Las obras de conservación también han permitido recuperar los vestigios de dos pequeñas edificaciones dedicadas a alojar los servicios del castillo. Además, se han colocado paneles explicativos y unas cubiertas para proteger los restos arqueológicos hallados.

El Gobierno regional va a poner en marcha un plan denominado Centinelas de piedra, el título utilizado en un libro de Fernando Sáez Lara. Se pretende acercar estas fortalezas a los madrileños, que dejen de ser los grandes desconocidos de la región, según explica Carmen Jiménez, jefa del servicio de dinamización de recursos turísticos y culturales de la Comunidad. Primero se promocionarán los seis castillos más famosos para después llegar hasta 2015 al resto de los existentes en la región. “Es una gran idea si sirve para promocionarlos”, destaca la catedrática Cámara. “Debería haber más medidas para recuperar todo este patrimonio medieval que se está perdiendo”, concluye Segura.

Por F. Javier Barroso para El País.