12 marzo, 2013

Los Sherlock Holmes del arte

Son tres leyendas. Los mejores detectives especializados en obras de arte robadas. Descubra lo que se mueve detrás de cada gran golpe y su recuperación.

EL negociador Christopher Marinello

“Así rescaté “El jardín”, de Matisse

La pintura fue robada hace 26 años del Museo de Arte Moderno de Estocolmo. Los ladrones entraron por la noche rompiendo una ventana con un mazo. El robo de la obra, valorada en setecientos mil euros, se inscribió en nuestra base de datos. El año pasado, un marchante británico consultó nuestro registro. Un anciano coleccionista polaco, que había adquirido la obra de buena fe hacía veinte años, le había pedido que se encargase de la venta de la obra. El marchante nos hizo la consulta por teléfono y comprobamos que figuraba como robado, así que lo citamos en nuestra oficina y le informamos de las implicaciones legales. Le cambió la cara y se puso a temblar. El hombre se prestó a colaborar. No hubo que romper ningún brazo [ríe] ni pagar nada. Nos entregó el cuadro, lo metimos en una caja fuerte y se lo devolvimos al Gobierno de Suecia. Solemos recibir una remuneración por parte de las aseguradoras. Pero como este cuadro es propiedad de un ejecutivo, no está asegurado».

El infiltrado Robert K. Wittman

“Así rescaté “El columpio”, de Goya”

Ex agente del FBI, es el mayor especialista del mundo en operaciones encubiertas

Los ladrones entraron en la casa de Esther Koplowitz en el verano de 2001 y se llevaron 19 obras muy valiosas; entre ellas, El columpio, de Goya, valorado en nueve millones de euros. Se sospechaba que había sido la banda de Ángel Suárez Flores, alias Casper. Un año después, la Policía española contactó con la oficina del FBI en Filadelfia, donde yo trabajaba, y pidió mi colaboración para tenderles una trampa. Mi especialización son las misiones de infiltración. Querían que me hiciese pasar por un profesor de arte contratado por un comprador potencial para autentificar los cuadros. Había de Brueghel, Picasso, Juan Gris… La ley española requiere que los ladrones sean arrestados con los cuadros robados en las manos. Así que me organizaron una cita en el hotel Meliá Castilla de Madrid con Casper. Le ofrecí diez millones de dólares por el cuadro. Picó. Una vez hecha la transacción, intervinieron los geos. Agarré la pintura y me lancé debajo de una mesa gritando: ‘¡No me disparen!’».

 

Por Carlos Martínez Sánchez para Finanzas.com