17 marzo, 2015

Los “salvadores de monumentos” españoles

Los “salvadores de monumentos” se reúnen clandestinamente en un hotel de Gaziantep, al sur de Turquía. El equipo ha cruzado ilegalmente la frontera de Siria para asistir a un “curso de rescate” de patrimonio. Los diez profesionales sirios, entre los que hay arqueólogos, arquitectos, estudiantes y activistas, estudian las fotografías proyectadas sobre la pared. “Cuando veo nuestros tesoros destruidos me salen lágrimas de los ojos”, exclama uno de ellos.

La red de “activistas culturales”, integrada por un total de 150 especialistas, se mueve sobre el terreno en secreto. Rastrean piezas robadas, toman fotos de los destrozos o se hacen pasar por compradores para descubrir a los traficantes de arte. “Tenemos confiscados 1.700 piezas”, explica a El Confidencial uno de ellos, que acaba de llegar de la provincia de Idlib, al noroeste de Siria, una de las áreas más ricas en restos arqueológicos. Y es que este país es cuna patrimonial de la humanidad: bajo sus tierras yacen reliquias de la prehistoria, de Mesopotamia, Grecia, Roma, del periodo islámico o del otomano.

Esper Sabreen, el fundador de la organización que imparte este curso (Heritage for Peace), recuerda que el legado cultural es el gran olvidado de esta cruenta guerra. Castillos, mezquitas, ciudades milenarias y museos han sufrido el ataque de proyectiles, el saqueo de bandidos o los destrozos producidos por los yihadistas. “Alepo es la ciudad más afectada”, dice este arqueólogo de Hama, “cerca del 70% del patrimonio de la urbe ha sido dañado”. Los seis lugares protegidos por la UNESCO están severamente deteriorados y la ONU confirma que cerca de 300 emplazamientos históricos son irrecuperables.

“El Estado Islámico está destrozando estatuas con martillos, pero Bachar al Asad lo hace con misiles”, denuncia con ímpetu uno de los “salvadores” a El Confidencial. El rescate del arte también sufre, de otra manera, el antagonismo entre los bandos que se masacran desde hace cuatro años. El grupo culpa del expolio al régimen de Damasco: “Cuando el ejército sirio controla un castillo, permite la entrada a los traficantes para que se lleven objetos”. Por el contrario, defiende la “intachable” actuación de Jabhat al Nusra (la filial de Al Qaeda en el norte de Siria), que “no permite el robo” en la zona que controla. “Estamos intentando, además, que los juzgados islámicos emitan una fatwa (ley islámica) para criminalizar el pillaje”, explica.

Coleccionistas alemanes, traficantes del Golfo

Hasta la fecha, el grupo de “salvadores” se ha mantenido con la financiación del Gobierno de la Oposición (Syrian Interim Government), con base en Gaziantep. Sin embargo, la corrupción económica y las divisiones internas han provocado que la nueva ministra interina de Cultura haya cortado todos los fondos para este equipo de salvamento. Además, otras organizaciones que operan desde el exterior también son presas de esta división: APSA (Asociación para la protección de la arqueología siria) sólo dialoga con la oposición por motivos políticos, mientras que otras prefieren hacerlo con el régimen por cuestiones legales.

La guerra del Patrimonio tiene su principal reflejo en las fronteras. La UNESCO únicamente reconoce a Al Asad, y por ello ha establecido un observatorio en Líbano, aliado del régimen, para documentar daños, pérdidas de piezas y controlar el tráfico. En cambio, Turquía ha preferido no sentar ninguna base y la interminable frontera de más de 900 kilómetros es ahora un coladero no sólo de yihadistas, sino también de arte robado.

“Es por Turquía por donde se redistribuye al mercado ilegal internacional y a donde acuden coleccionistas alemanes, que son los grandes traficantes, y contrabandistas del Golfo”, explica Esper a este diario.

Los “salvadores” españoles

Dentro de esta red de profesionales que defiende “la urgencia” de salvar el legado milenario de Siria, se encuentran varios arqueólogos españoles. Es el caso de Miquel Molist, quien conoció la Siria rural en los tiempos de la preguerra, desde sus comienzos en 1987 hasta el año 2011. “Durante veinte años fui el director de las excavaciones”, cuenta a El Confidencial. En 1991, el equipo comenzó el trabajo más importante a ojos de este barcelonés, el proyecto de Tell Halula: un asentamiento del neolítico situado a orillas del río Éufrates. Una zona, “que ahora está en manos del Estado Islámico”, confirma Molist, a apenas unos kilómetros de Raqqa, la capital siria del Califato.

Fue en marzo de 2011 cuando el equipo de investigadores se vio obligado a abandonar el proyecto. “Empezaron a llegarnos noticias de que se estaban produciendo enfrentamientos en el sur; llamamos a la embajada y a los museos, aunque nos decían que la situación era de tranquilidad”, relata Molist. Pero con el paso de los días, las manifestaciones llegaron hasta Alepo, a apenas 100 kilómetros de las excavaciones. “Nos empezó a llegar la idea de que los enfrentamientos eran cada día más duros, así que en la Semana Santa de 2011 nos marchamos del país”, cuenta.

Sin embargo, el equipo pensó que no tardaría en volver. “Dejamos, como siempre, nuestros ordenadores de campo en la casa que teníamos alquilada en la zona, dejamos nuestra ropa de trabajo, nuestras cosas…”, recuerda Molist, apenado. Pero, cuatro años después, los arqueólogos han perdido toda esperanza de volver a retomar sus exploraciones. Miquel asegura que los compañeros “dicen que el yacimiento en el que trabajábamos sigue intacto, pero que ahora es zona del ISIS y que, por tanto, hay intensos combates cada día más cerca”.

La declaración de Santander

Pero ¿qué pueden hacer ambos bandos para evitar la desaparición del arte más antiguo de la humanidad? Fue precisamente esta cuestión la que sentó por primera vez en la misma mesa al Gobierno de Bachar Al Asad y a la oposición siria. Ocurrió en Santander, entre el 23 y el 25 de abril del año pasado. Una “reunión clandestina”, según explica a El Confidencial el arqueólogo español Juan José Ibáñez, quien estuvo presente en el encuentro del que surgió “la declaración de Santander”. El texto buscaba un compromiso entre ambas partes para proteger, mediante coordenadas y bases de datos, los emplazamientos culturales en Siria y mantenerlos al margen de las agresiones. Sin embargo, “la reunión fue un fracaso”, asegura Ibáñez, y en ella se produjeron gritos y desencuentros entre los asistentes.

“La intención es que el patrimonio sea una herramienta para construir la paz”, cuenta Ibáñez, quien ha trabajado durante años en distintas excavaciones en Siria. Y, según confirman a El Confidencial fuentes del Gobierno de la oposición, el encuentro va a tener una segunda oportunidad. Será en París, a finales del mes de marzo. Ambas partes buscarán un acuerdo para proteger de manera conjunta el legado cultural del país. La sensación tanto en unos como en otros es de que existe urgencia, y de que a pesar de la lejana solución al drama sirio, el patrimonio les sitúa por primera vez en una postura de negociación.

Por Pilar Cebrián en El Confidencial.