19 abril, 2013

Los robos en catedrales que conmocionaron a España

garajecodice

A lo largo del siglo XX, muchas catedrales en España han sufrido importantes desfalcos de su patrimonio artístico. Robos de película de algunas piezas con un valor histórico, cultural y económico incalculable, cuya desaparición causó una gran conmoción en la sociedad y copó muchas páginas en la prensa de la época, tal y como ocurre estos días con el Códice Calixtino de la Catedral de Santiago de Compostela.

La década de los 70 está llena de ejemplos. En 1975 se produjo el cuarto robo que había sufrido la Catedral de Toledo en el último siglo. En 1976 desaparecieron cuatro cuadros de Morales y un Tiziano de la Catedral de Salamanca. En 1977 un gran número de cruces, tallas, cálices y libros góticos de la Catedral de Burgos, y las joyas de la Virgen de la Fuensanta de la Catedral de Murcia. Y en el 78, las alhajas de la imagen de La Dolorosa de la Catedral de Ciudad Real.

«Todas las catedrales de España tienen un archivo catedralicio con documentos de un valor incalculable», cuenta a ABC el profesor de Historia del Arte Medieval de la Universidad Complutense de Madrid, Juan Carlos Ruiz Souza, en referencia al Códice de Santiago, cuyo robo y aparición en un garaje considera «una llamada de atención para reforzar la seguridad de nuestro patrimonio cultural».

Esta vez ha parecido sencillo. En el pasado se llegaron a utilizar cuerdas de nailon, escalas de aluminio unidas con esparadrapo o sierras, o se aprovecharon simples descuidos para introducirse en la catedral por la puerta trasera. Todo valía para hacerse con los importantes tesoros que albergaban los templos de la cristiandad, muchos de ellos parte de la memoria colectiva del pueblo.

Aquí tienes los cinco robos más importantes en catedrales del siglo XX:

Catedral de Pamplona (1935)

El suceso conmocionó Pamplona en el verano de 1935, ya que fue uno de los mayores expolios a los que se había enfrentado la catedral en su historia. Con una escalera, dos ladrones consiguieron introducirse en la sacristía, de la que se llevaron, entre otras decenas de piezas, la famosa arqueta de Leyre del siglo XI.
Los robos en catedrales que conmocionaron a España

Catedral de Pamplona

Se trataba de un arca de marfil de elefante de la época del Califato Omeya y era una de las principales joyas del arte islámico de la Península Ibérica. Según contaba la crónica del robo de ABC, por ella incluso habían venido de Estados Unidos haciendo ofertas millonarias, aunque su «valor artístico es incalculable».

Junto a esta joya, también se llevaron el relicario «Lignum Crucis», la corona de la Virgen del Sagrario en la que prestaban juramento los antiguos reyes de Navarra, esmaltes, otras joyas de la Virgen, algunas monedas de oro y un collar de la orden del Toisón de Oro del que Alfonso XIII llegó a decir: «¡Si es mejor que el mío!». Diario de Navarra calificaba aquel suceso de «duro, triste, amargo, doloroso y apesadumbrado».

Las primeras pistas surgieron cuando alguien solicitó el cambio en pesetas de una moneda de oro en un banco. La arqueta, sin embargo, no apareció hasta el 6 de septiembre y por casualidad, cuando un hombre se topó en una cuneta próxima a Berrioplano con la pieza envuelta en una gabardina y unos periódicos viejos

Catedral de Oviedo (1977)

«El robo en la Cámara Santa es un atentado contra la historia» o «incalculable destrozo en el tesoro y reliquias con mil años de antigüedad» fueron los titulares de ABC para informar del asalto al patrimonio de la Catedral de Oviedo el 10 de agosto de 1977.

Catedral de Oviedo

Durante la madrugada de aquel día, varios ladrones entraron en el templo por la torre románica de San Miguel utilizando cuerdas y forzando varias puertas, hasta introducirse en la Cámara Santa. Una vez allí se llevaron las capas de oro puro que cubrían la Cruz de la Victoria, la Cruz de los Ángeles y la Arqueta de las ágatas, arrancando, además, las innumerables piedras preciosas y joyas que tenían incrustadas y llevándose un medallón valorado en 500 millones de pesetas.

Se trataba de reliquias únicas de los siglos IX y X con un valor artístico e histórico enorme, que algunos expertos cifraron en unos 20.000 millones de pesetas. La Cruz de los Ángeles, por ejemplo, era considerada como una de las joyas más preciosas y notables de toda la cristiandad medieval, mientras que el Arca de las ágatas fue un regalo del emperador Carlomagno al Rey Alfonso II el Casto. Todo este tesoro apareció nueve días después cerca de la frontera portuguesa.

Catedral de León (1969)

El «Libro de las estampas» fue robado de la Catedral de León en 1969 y estuvo en paradero desconocido nada menos que ocho años, hasa que fue recuperado por la Interpol en Inglaterra, en un estado lamentable.
Los robos en catedrales que conmocionaron a España

Catedral de León.

Según contó ABC en 1977, «el famoso “Libro de la Estampas”, códice de rarísima belleza e importante contenido datado en el siglo XII, y que fue robado de la catedral hace cerca de ocho años, ha sido localizado en Inglaterra, a donde fue enviado por un anticuario alemán después de intentar fallidamente venderlo en una subasta».

El códice, que era la gran joya del museo de la catedral, contenía los testamentos de varios Reyes a favor de las iglesias de León. Desgraciadamente no volvió completo. Había desaparecido para siempre la estampa con la imagen del rey Ordoño II. Alguien la arrancó del códice antes de que el libro fuera devuelto a León.

Catedral de Tarragona (1980)

«También le ha llegado la hora a la catedral de Tarragona, que ha sido objeto de un importante robo sacrílego», comenzaba la crónica de ABC el 11 de marzo de 1980. En ella se informaba del expolio que había sufrido el museo diocesano del templo catalán, donde el valor de los objetos desaparecidos se estimaba en «cientos de millones de pesetas».

Catedral de Tarragona

Varios individuos penetraron en el recinto utilizando escalas de aluminio que habían unido con tiras de esparadrapo para alcanzar una de las ventanas. Después se deslizaron al interior de la capilla con cuerdas de nailon y serraron los barrotes de una de las vitrinas. De allí se llevaron nada menos que ocho cruces procesionales de plata y bronce de los siglos XIII y XVI, tres copones de plata, tres incensarios y 17 portapaces también de plata y bronce, varias tablas del retablo de San Bartolomé de la segunda mitad del siglo XIV y una imagen de talla policromada de Santa Tecla, del siglo XVI.

A pesar del desfalco, no tuvieron suficiente y forzaron después la puerta de la sala capitular, llavándose también un retablo de San Miguel Arcangel (siglo XV), además de una cruz y una escultura de plata. «El valor histórico, sobre todo por el peso acumulado de los siglos, es incalculable», declaró la jerarquía eclesiástica de Tarragona.

Catedral de Roda de Isabena (1979)

El 6 de diciembre de 1979 desaparecía misteriosamente el tesoro más valioso del arte románico aragonés, que se exponía en la catedral oscense de Roda de Isabena. «Ha sido robado casi la totalidad del museo de la catedral –contaba ABC–, que se encontraba situado en una de las dependencias del claustro. El valor de los objetos es incalculable, y destaca principalmente la silla de San Ramón, de estilo vikingo, uno de los muebles más bellos que se conocen, del siglo XII».

Catedral de Roda de Isabena

El robo de esta iglesia de las faldas del Pirineo oriental constituyó una de las mayores pérdidas del arte altoaragónes a lo largo de la Historia. Los ladrones, tras intentarlo por la puerta principal, entraron por la puerta trasera utilizando una cizalla y, como el que no quiere la cosa, desvalijaron todo el museo. Sólo un cerrojo protegía la entrada de atrás.

Además del citado mueble, se llevaron «más de 40 obras, algunas de tanto valor como la silla de San Ramón»: la arqueta de San Valero con esmaltes de Limoges, del siglo XII; dos mitras y dos báculos (uno de marfil y otro de metales preciosos) del mismo siglo; tres imágenes de la Virgen de los siglos XI y XII, otra imagen de San juan del Tríptico de la Cruz (siglo XI), tejidos hispano moriscos… y así un largo etcétera de piezas que el obispo de Lérida sí cifró en unos 150 millones de pesetas de la época.

Por Israel Viana en ABC.