6 marzo, 2013

Los recuerdos de la infancia que marcaron la obra de Pablo Picasso

La malagueña Plaza de la Merced vio nacer a Pablo Ruiz Picasso en 1881. Ya desde ese momento comenzó a gestarse su obra, o mejor dicho, sus influencias. Entre las más importantes está la que ejerció su padre y catedrático de Bellas Artes,José Ruiz Blasco. Del influjo de haber crecido rodeado de pintores, sumado a lo vivido en su ciudad natal y a una prodigiosa memoria –según destacan sus contemporáneos-, se obtienen las obras recogidas por el Museo Picasso de Málaga para la exposición temporal Picasso de Málaga: obra de su primera época, que podrá visitarse hasta el próximo 9 de junio. Esta muestra reúne 53 obras de la infancia y juventud del artista, así como una selección de trabajos que realizó en su madurez.

Exposición “Obra de la primera época”, en el Museo Picasso de Málaga (EFE)

Para ofrecer la relación directa que tiene la obra de Picasso y la de sus referentes, la exposición incluye además 35 trabajos de otros artistas como José Denis Belgrano,Antonio Muñoz Degrain, Joaquín Martínez de la Vega o del mismo Ruiz Blasco. También se incluyen otros 104 documentos, entre los que se encuentra una colección de fotografías, mapas y objetos que recrean la ciudad en la que residió Picasso hasta sus nueve años de edad.

Sus primeras obras

A pesar de que abandonó Málaga muy joven, sus más cercanos destacan la excepcional memoria óptica de Picasso, que recreó sus experiencias vitales en sus obras, según refleja la publicación Picasso de Málaga, editada por el museo con motivo de la exposición. Las temáticas de sus dibujos y pinturas que más conoce el público tienen mucho que ver con su niñez, como son las figuras femeninas y el toreo.

Bautizado como Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad –tal y como consta en su acta de nacimiento-, lo primero que dibujó fueron espirales. Así lo expresan los testimonios más remotos, un recuerdo transmitido a sus biógrafos “de viva voz”. En esa Plaza de la Merced, frente a la que vivió hasta los tres años, esbozó sus primeros dibujos. Unas espirales que recreaba también en las dedicatorias a los amigos en sus últimos años.

La presencia femenina y los toros

Las mujeres fueron una parte muy importante de su infancia y creció entre sus referentes pictóricos. La muestra recoge los recuerdos sobre sus dos hermanas, su madre, su abuela y sus tías Eladia y Heliodora. Con todas ellas (y con su padre) vivió cinco años. La exposición alberga dibujos y pinturas sobre ellas del propio Pablo Picasso, como el retrato de su madre María Picasso López (Antibes, 1923), pero también obras de otros autores, como una fotografía de 1915 de una fiesta familiar en la que aparecen sus dos tías; las mismas que le prestaban sus tijeras de modista para los recortables y collages a los que era tan aficionado.

Las imágenes sobre su familia son una parte importante de la obra artística de Picasso, además de servir como recuerdos para sus sucesores; los retratos esbozados de su hermana Concepción, nacida en 1884, son el único documento gráfico que queda sobre ella, ya que murió de difteria en 1895, cuando la familia se había trasladado ya a La Coruña.

El interés por la tauromaquia de Pablo Picasso procede también de su niñez y de interiorizar la trascendencia de las corridas de los grandes toreros de entonces en la plaza de La Malagueta. Todo aquello quedó retenido en su memoria y se convirtió, según indican sus biógrafos, en “una persistente obsesión y frustración” a lo largo de su carrera como artista.

La influencia paterna

Picasso fue hijo de pintor y vivió rodeado de pintores. Así lo podemos ver en Picasso de Málaga a través de dos obras idénticas en el título y en el código genético de los que las crearon. Se trata de una de sus primeras pinturas, Crepúsculo en el puerto de Málaga, un pequeño óleo del Picasso niño elaborado en 1889, copia de la pintura homónima que su padre había creado dos años antes. Esta vista del atardecer malagueño la había copiado Ruiz Blasco de otro Crepúsculo, obra del también malagueño Emilio Ocón, pintado en 1878.

“Hay cosas que sueñas, como que sería fantástico reunir piezas y ver las correspondencias entre ellas, como el palomar del abuelito Pepe (Ruiz Blasco) y, al lado, las palomas de Pablo”, aseguró Xavier Vilató, sobrino-nieto de Picasso, en la presentación de la muestra. Vilató destacó la importancia de la influencia en Picasso de la pintura de su padre y otros artistas: “Fue un niño que había mamado esto desde muy pequeño, con una visión muy clásica del oficio que viene casi del siglo XVIII y, al mismo tiempo, con ganas de romper los moldes”.

La exposición, organizada en colaboración con el Museu Picasso de Barcelona, ha congregado todas estas obras de procedencia múltiple: coleccionistas privados malagueños, el Museo del Prado, Museo de Málaga, la Biblioteca Nacional, la Fundación Pablo Ruiz Picasso Museo Casa Natal o el Museo del Patrimonio Municipal, además de varias instituciones museísticas internacionales, según indica el propio centro de Málaga. Por otro lado, esta es la primera de las tres muestras enmarcadas en la celebración del décimo aniversario del museo, situado en el malagueño Palacio de Buenavista.

Por Verónica Ramírez para El Confidencial