12 julio, 2010

Los protagonistas de la batalla de Algeciras

 

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Rafael Vidal
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

figura_1La batalla terrestre-naval que se produjo en una bahía de aguas relativamente tranquilas, como la de Algeciras, tuvo por lógica muchos protagonistas. Si ponemos por un lado a los “aliados”: España y Francia, aparte de la división naval francesa, compuesta de tres navíos de 80 y 74 cañones y una fragata de 44, todo ello al mando del contralmirante Charles Alexandre Leon Durand, conde de Linois; y de una fuerza de desembarco bajo el mando del general de brigada Pedro Devaux, se encontraban las tropas de la comandancia general del campo de Gibraltar, dos de cuyos regimientos de infantería desplegaban entre Algeciras y San Roque; la comandancia de artillería de Algeciras, con seis baterías de costa, aparte, por supuesto de las unidades de caballería, ingenieros y demás regimientos de infantería, que no participaron en la batalla, excepto algunas secciones de zapadores. De la Armada se contaba con una flotilla de siete lanchas cañoneras, de gran efectividad en la bahía y de una serie de buques corsarios. Las fuentes inglesas hablan de catorce lanchas cañoneras, contando entre ellas, no sólo las pertenecientes a la Armada, sino también a las que se dedicaban al corso en la aguas de la Bahía.

Por parte británica, estaban las fuerzas del gobierno de Gibraltar, cuya guarnición, tanto de infantería como artillería, no tuvieron intervención en la batalla; se encontraban los buques corsarios, algunos de ellos de gran eficacia; unos buques menores, compuesto de lugres y polacras, y una escuadra de seis navíos, de 80 y 74 cañones, una fragata de 40, y dos buques que se encontraban en el Atlántico, vigilando a la flota española del Almirante Moreno, uno de ellos el “Superb”, que días más tarde será uno de los causantes de la tragedia que se produjo en aguas del Estrecho entre dos navíos españoles, y un bergantín. Este conjunto estaba al mando del contralmirante James Saumarez.

En la bahía de Cádiz se encontraban diez buques españoles, entre navíos y fragatas, al mando del almirante Moreno, y cuatro franceses: un navío, dos fragatas y un bergantín, al mando del contralmirante Pierre Etienne René Dumanoir Le Pelley.

Las únicas fuerzas que directamente participaron en la batalla del 6 de julio de 1801, fueron la división naval francesa, las baterías de costa y la flotilla de lanchas cañoneras, y los seis navíos ingleses.

Las demás fuerzas alcanzaron la zona, días más tarde, participando en los distintos combates navales que se produjeron a partir del 12 de julio.

Los libros de historia, editados en Francia, Gran Bretaña, y la Historia de la Armada Española (FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo. Historia de la Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Instituto de Estudio y Cultura Naval. Tomo 8º, capítulo X.) recogen los nombres de los buques y de sus comandantes. Hoy en día, por ejemplo, se entra en Internet con esos datos y veremos que nos responden páginas y páginas de información, ventajas de la red de redes, dado que hasta hace escasos años, todo ese proceso exigía muchas horas de investigación. Dejemos, pues, a los almirantes James Saumarez y Linois,  y sus comandantes: Stirling, Brenton, Hood, Ferris, D’Esterre Darby, Perd y Paffard, por parte inglesa y Aimable-Gilles Troude, Palliere, Martineng y Moncoure, por los franceses, así como los marinos españoles que alcanzaron la zona los días posteriores a la batalla, y centrémonos en los olvidados por la Historia, los generales, oficiales, soldados y paisanos, todos ellos del ejército de tierra, que se comportaron bizarramente en la acción.

figura_2Si caemos en la tentación de investigar en Internet los nombres de Río Soto, Izquierdo, Jácome, Saint-Hilaire, Velasco, Cabrera, Sánchez, etc., que no nos lleve a engaño el que aparezcan en los artículos relacionadas con esta acción bélica, no son fuentes históricas distintas las que los sacaron a la luz, sino la misma, es decir el libro publicado, por este autor, en el año 2001 y que se ha hecho mención en el Recuadro de la Historia sobre los antecedentes de la batalla de Algeciras (


VIDAL DELGADO, Rafael. El fuerte de Santiago y la batalla de Algeciras. Edita RACTA Nº. 5. Algeciras, 2001.).

Cuando se efectúa una investigación histórica, cada dato que se obtiene para la reconstrucción del pasado, hay que pasarlo por un tamiz de tres parámetros: fiabilidad, veracidad, e independencia de la fuente. Por ejemplo si nos encontramos un documento de un contemporáneo, debemos de analizar la posición en que se encontraba ante el hecho, su objetividad o subjetividad y el nivel desde el que narra los acontecimientos, porque no es lo mismo una fuente documental de un ministro que de un ciudadano cualquiera. Otro aspecto a considerar es el de veracidad, analizar si los acaecimientos pudieron suceder tal como se dice en la fuente, y por último la independencia de la fuente, porque en muchas ocasiones, creemos que el mismo hecho es contado de la misma forma por tres fuentes distintas, cuando en realidad esas fuentes han bebido a su vez de otra, resultando que las tres fuentes son la misma. En Internet, he visto, que se narra la batalla, desde un punto de vista terrestre, cuando en realidad todas ellas han bebido del libro del autor.

Un periodista puede permitirse el lujo de escribir una noticia, mencionando de pasada, si quiere, la fuente de la que procede, pero un historiador no debe hacerlo, dada su responsabilidad ante la propia historia, porque cuando se declara que un hecho histórico ocurrió de una determinada manera, debe tener los elementos de juicios necesarios para afirmarlo así.

Pero entremos en los protagonistas olvidados. La Comandancia General del Campo de Gibraltar o de San Roque, fue creada por Felipe V a raíz de la toma de la plaza de Gibraltar por los ingleses y después del llamado primer sitio, que duró hasta 1713, es decir hasta la paz de Utrech, desplegando un ejército numeroso en los alrededores de la Roca, como advertencia a sus ocupantes, que la paz les había concedido la propiedad del Peñón, nunca su “soberanía” y que no podían salir de sus estrictos límites.

El Comandante General tenía generalmente la graduación de capitán o teniente general, con su cuartel general en la ciudad de San Roque, donde todavía se conserva el palacio que ocupaban.

figura_3La orgánica de los ejércitos del siglo XVIII era totalmente distinta a la actual, la cual procede de la Revolución Francesa. Había una serie de mariscales de campo y brigadieres a las inmediatas órdenes del comandante general, sin mando específico, encontrándose también los comandantes de Artillería e Ingenieros, que mandaban todas las unidades de estos cuerpos en la zona, así como las fábricas de pólvora y armas, los parques de herramientas, almacenes, etc.

En cada ciudad o cantón, dentro de la jurisdicción, contaba con un comandante de armas, el cual estaba al frente de todas las unidades que se alojaban o desplegaban en ella. Además existían una serie de plazas y puntos fuertes, que el general en jefe deseaba conservar a toda costa, de cualquier ataque enemigo, los cuales, según su entidad, estaban al mando de un gobernador militar, de graduación diversa, desde coronel a oficial subalterno. En la bahía de Algeciras se encontraba Isla Verde, que era punto fuerte de 3ª clase.

La comandancia de Artillería se dividía a su vez en otras comandancias, en este caso territoriales, existiendo las de Tarifa, Algeciras y de la Línea de Contravalación.

En la batalla de Algeciras participa plenamente la comandancia de Artillería del mismo nombre, cuyas baterías se relacionan a continuación:



Batería

Fortificación

Bocas de fuego

Misión

Tolmo

Fuerte en la ensenada del mismo nombre

2 cañones de 24 libras y 3 de 18.

Impedir la navegación próxima a la costa española

San Diego

Fuerte en Punta del Fraile

 

Idem

Punta Carnero

Fuerte mismo nombre

4 cañones de 24 libras y 1 de 18

Idem

San García

Fuerte del mismo nombre

5 cañones de 24 libras, 1 de 18 y 2 morteros

Idem e impedir desembarcos.

Isla Verde

Fuerte del mismo nombre

12 cañones de 24 libras, 2 de 18 y 4 morteros de 14 pulgadas

Proteger el puerto y fondeadero de Algeciras

Santiago

Fuerte el mismo nombre

12 cañones de 24 libras, 2 de 18 y 4 morteros de 14 pulgadas

Idem anterior

Almiranta

Torre de la Almiranta

3 cañones de 18 libras

Proteger por el este la batería de Santiago

Mirador o de Palmones

Fortificación de fagina, es decir provisional

4 cañones de 24 libras

Impedir la navegación próxima a la costa española

En la figura 1 que se adjunta de la bahía de Algeciras (


VALLÉS, Camilo. Gibraltar y la Bahía de Algeciras. Publicaciones de la Revista Científica Militar. Barcelona, 1889.) puede verse la ubicación de las baterías existentes, así como las que participaron en la batalla. No aparece la batería del Tolmo, por encontrarse el fuerte del mismo nombre en el centro del Estrecho. En este fuerte se alojaba la compañía de escopeteros de Getares, mezcla de policía fiscal y de orden público, antecesora de la Guardia Civil. En el Portulano de 1813, se visualizan perfectamente las distintas obras de fortificación (figura 3).

figura_4La artillería de plaza tenía la ventaja sobre su homónima embarcada de su mayor alcance, no por ser piezas diferentes, lo único que eran distintas eran las cureñas (donde se asentaba el tubo o boca de fuego), y por encontrarse en emplazamientos elevados. El alcance de las piezas de costa era de unos tres mil metros, por algo más de la mitad de la naval.

No podemos, por imperativo de la extensión máxima del recuadro, describir uno por uno los distintos fuertes y baterías de la bahía, pero al menos, nos detendremos en el principal, en el Fuerte de Santiago, que tuvo una incidencia muy directa en el éxito de la confrontación, dado que sus certeros disparos obligaron al navío de línea “Hanníbal” a rendirse.

De todos los fuertes, baterías y torres vigías, tanto del Estrecho, como de las costas atlánticas y mediterráneas, existe una profusa documentación, recomendándose, en este caso al profesor Ángel Sáez Rodríguez (


SÁEZ RODRÍGUEZ, Ángel. Las líneas españolas. Los fuertes costeros del Campo de Gibraltar. Cátedra General Castaños. Sevilla, 1999. Este autor ha escrito varios títulos sobre este tema.), el cual, a través de artículos y diversos libros ha sacado a la luz todas esas fortificaciones, que comenzaron a construirse durante el reinado de los Reyes Católicos y culminaron tras la guerra civil de 1936-1939, para impedir que los aliados pudieran desembarcar en las provincias de Cádiz y Málaga.

El fuerte de Santiago ha permanecido como tal desde 1716 hasta el 2000, primero como batería de costa y desde mediados del siglo XIX como plana mayor de la comandancia de artillería de Algeciras y posteriormente del regimiento de Artillería de Costa nº 5. En el momento que el regimiento, salía desfilando, tras arriar la Bandera, del fuerte, el Alcalde de aquel entonces de Algeciras, prometió a este autor, entonces coronel de dicha unidad militar, que una parte del fuerte, permanecería como “paseo del mirador”, precisamente el que daba a la Bahía, manteniéndose el baluarte, y en donde se instalarían reproducciones de las piezas que tanta gloria habían dado a la ciudad. Las palabras se las llevó el viento y años después, estando ya en la reserva, me conminaron desde un juzgado de instrucción, que repitiera de la forma más literal posible aquella conversación con la primera autoridad municipal, la cual había sido comentada en los diarios de los días en que se abandonó la instalación militar. Volví a afirmar que aquellas promesas eran ciertas y que el Alcalde se había comprometido a ello, donando el Regimiento a la ciudad una reproducción del fuerte de Santiago en el momento de la batalla de Algeciras, efectuado por un artista campogibraltareño, asesorado por mis conocimientos de la época y la batalla (figura 4). Ni que decir tiene que el Fuerte de Santiago desapareció por la guadaña de la construcción y un trozo de nuestra historia se ha hundido ante el progreso y la modernidad.

Otra artillería española que se cubrió de gloria en la batalla y regó con su sangre la página de la historia, fue la embarcada en las lanchas cañoneras. Estas embarcaciones fueron creadas por el almirante Barceló para el sitio de Gibraltar de 1780, permaneciendo operativas hasta fechas posteriores a la guerra de la Independencia.

De las inicialmente existentes, quedaban siete, a las que se unieron otras tantas de los contrabandistas y corsarios, las cuales seguramente no serían blindadas.

No eran buques pequeños, en el concepto que tenemos de “lancha”, sino que sus dimensiones eran de 56 pies de eslora, 18 de manga y 6 de puntal. Montaban un cañón de 24 libras, que si al principio era fijo, con el paso de los años se convirtió en giratorio. Su tripulación era de más de cuarenta hombres, entre remeros (llevaba quince remos por banda), marineros para atender la vela, timón y demás maniobras, y los artilleros. Cada lancha se encontraba al mando de un oficial de la armada (figura 2).

figura_5Durante la guerra de la Independencia se utilizaron profusamente este tipo de embarcaciones en la costa mediterránea, con objeto de bombardear desde el mar a las unidades imperiales que se movían por la carretera de la costa (actualmente la carretera nacional 340 que comienza en Cádiz y termina en Barcelona, costeando siempre).

Vistos lo medios, hagamos una breve mención a los protagonistas personales.

El Comandante General era el teniente general Pedro Herinque de la Haye Saint-Hilaire, noble francés que tras la Revolución Francesa ofreció sus servicios a Carlos IV. En 1791 se encontraba al frente del regimiento de dragones de Sagunto y dos años más tarde era brigadier en la campaña del Rosellón.

A las inmediatas órdenes del Comandante General se encontraba el de igual empleo: Domingo Izquierdo y García del Valle, teniente general desde 1794, es decir de mayor antigüedad que Saint-Hilaire. En la relación de comandantes generales figura en dos o tres ocasiones como tal, aunque al ser por poco tiempo, se presume que sustituía a Saint-Hilaire por ausencia de éste.

Como segundo Comandante General y comandante de armas de Algeciras se encontraba el mariscal de campo, don Adrián Jácome de Linden, marqués de Tablantes, el cual también participó en la campaña del Rosellón al mando del regimiento de caballería de Calatrava.

Adrián Jácome permaneció en el campo de Gibraltar hasta bien entrada la guerra de la Independencia y de hecho existen documentos que en 1810 se encontraba residiendo en Gibraltar, como embajador español, de hecho figura en el archivo del ministerio de Asuntos Exteriores como embajador en Londres en 1809, cuando en realidad no abandonó la península Ibérica.

Nada se sabe de los comandantes de Artillería e Ingenieros y muy poco del coronel don Juan de Río Soto, comandante de artillería de Algeciras, conociéndose que fue promovido a subteniente en 1869 y que con posterioridad a la batalla estuvo destinado en la plaza de Cartagena (


MERCURIO HISTÓRICO POLÍTICO. Imprenta Real. Madrid, 1769.). Durante su mando mejoraron extraordinariamente las fortificaciones, el armamento y las dotaciones de todas las baterías de costa de su comandancia, de hecho Leandro Fernández de Moratín que visitó Algeciras en 1796, decía de sus fortificaciones: “La defensa que hoy tiene consiste en dos baterías, la una en la misma costa (precisamente la de Santiago) y la otra en la isla de las Palomas (isla Verde): los fuegos se cruzan y protegen bastante el fondeadero; pero si importase algo apoderarse de la población, no sería difícil empresa”, lo que hace pensar que en pocos años, las baterías adquirieron una operatividad importante.

Gracias a la historia de la Artillería del general Vigón (VIGÓN, Jorge. Historia de la Artillería Española. Madrid, 1947.) conocemos el nombre del capitán de la batería de Santiago: don Manuel Velasco y Coello, artífice de la victoria sobre los ingleses. Velasco nació en Villa del Prado en 1776, ingresando en el elitista colegio de Segovia con 13 años, egresando con 17 con el empleo de subteniente. No se conoce cuando fue destinado al campo de Gibraltar, pero en el año 1801 ostentaba el empleo de capitán 2º y comandante del fuerte de Algeciras. Durante la guerra de la Independencia tuvo una actuación heroica, principalmente en el segundo sitio de Zaragoza, ya con el empleo de comandante, promoviéndole el general Palafox al grado de brigadier, siéndoselo confirmado en 1814, ascendiendo a mariscal de campo de 1815. Fue leal a Fernando VII, hasta 1820, momento en el que intentó nadar “entre dos aguas”, apoyando primero a Riego, oponiéndose al ejército del duque de Angulema, para a continuación unirse a él. Al establecerse el régimen absolutista en 1823 fue depurado, desapareciendo de la vida pública refugiándose en Cádiz en la buhardilla de un amigo suyo, viviendo en la mayor miseria, muriendo de muerte natural en 1824 y enterrado con nombre supuesto, para no perjudicar políticamente a la persona que lo había ocultado en su casa.

figura_6La biografía militar de Velasco y Coello se repite a lo largo del reinado del único rey felón que ha tenido nuestra Patria: don Fernando VII, que Dios lo tenga en su gloria, porque los españoles no podemos perdonar sus actuaciones.

Con respecto a las fuerzas navales españolas, es decir las lanchas cañoneras, sabemos que el jefe del apostadero de Algeciras era el brigadier de la armada don Bruno de Heceta y Dudagoitia, el cual tuvo una magnífica actuación en la campaña americana que culminó con la independencia de los Estados Unidos, siendo aparte de ello gran científico y explorador, alcanzado Alaska ante las noticias que los rusos querían asentarse allí, lo que verdaderamente hicieron en el siglo XIX.

Como jefe de las cañoneras se encontraba el capitán de navío don Juan Lodares, siendo su segundo el capitán de fragata, Francisco Antonio Mourelle de la Rua, también gran explorador, el cual alcanzó años después el empleo de almirante, uno de los escasos oficiales que lo hicieron no procediendo del cuerpo general sino del de pilotos.

Los comandantes de los barcos, todos tenientes de fragata o alféreces de navío, solamente sus nombres han permanecido en la historia: Adrián Valcárcel, Francisco Birmighan, Rafael Domínguez, José de la Puente, Bernardo Rojas, Nicolás Abreu y Jerónimo Lobatón.

Hubo un protagonista de excepción: la bandera roja y gualda, que como bandera de combate fue izada en las distintas baterías de costa en el momento de iniciar las acciones de fuego (figura 5).

Por último ha sido la primera batalla narrada en directo por un periódico: el Gibraltar Chronicle, tal como puede verse en la figura 6, y también la primera que los familiares y amigos de los contendientes fueron espectadores de excepción, unos desde las alturas de Gibraltar y los otros desde San Isidro, tal como lo comenta el periódico, incluyendo la crónica de su corresponsal en Algeciras.

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