24 febrero, 2014

Los héroes que salvaron al arte de las balas y las bombas

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Historiadores, arquitectos, conservadores, arqueólogos, escultores…y sin embargo héroes. Son miembros de los Monuments men, los “Hombres de los monumentos”, cuya historia cuenta George Clooney en la película homónima que se estrena hoy. Gente dedicada al mundo del arte que no dudó en acudir al frente para ejercer de ángeles guardianes para proteger y encontrar las obras perdidas y dañadas durante la Segunda Guerra Mundial.

Estos héroes de guerra, cuya historia ha pasado bastante desapercibida durante años, formaron parte de la sección de Monumentos, Bellas Artes y Archivos del ejército aliado (creada en 1943), a la que llegaron a pertenecer 345 personas. La idea fue de George Stout, uno de sus miembros originarios, que al principio de la guerra comprendió la importancia de preservar y defender el patrimonio artístico mundial del expolio nazi. Para ello reunió en el Metropolitam neoyorquino a la comunidad museística estadounidense para mostrarles las imágenes de obras de arte siendo protegidas por sacos de arena, marcos vacíos en las galerías del Louvre y vidrieras de museos rotas. Convenciéndoles así de la necesidad de tomar medidas.

La primera de ellas es sencilla, permanecer abiertos tanto tiempo como la guerra lo permitiera, y la segunda, presionar al ejército para la creación de un cuerpo dedicado a la conservación de las obras de arte. Esta sección dentro del ejército no hubiera podido llevarse a cabo si no existiera como antecedente la Comisión Roberts, dedicada a la conservación del arte en tiempos de conflictos bélicos, que contaba con el apoyo del presidente Roosevelt. Estamos ante la primera vez en la historia que se combate una guerra la vez que se intenta reducir el daño cultural que esta pueda producir.

Por supuesto, estos Hombres de los monumentos estaban supeditados a la misión militar pertinente. Su cometido era de segunda categoría, ya que eran simples consejeros que en un primer momento sólo debían actuar en territorios ya ocupados para paliar los destrozos que se hubieran provocado. Sin embargo, su modo de involucrarse fue creciendo y llegaron a colaborar en el desarrollo de misiones. Sin ir más lejos, la toma de Florencia fue organizada gracias al uso de fotografías aéreas en las que estos héroes anónimos fueron marcando la localización de distintas obras de arte para evitar que fueran bombardeadas.

Labores restauradoras

En caso de que el daño fuera inevitable se intentaba restaurar la obra en la medida de lo posible. Por ejemplo, el oficial de la sección de Monumentos, Bellas Artes y Archivos, Deane Keller consiguió salvar las paredes pintadas con frescos del siglo XIV que fueron sepultadas por el techo tras un bombardeo en el Camposanto de Pisa. Keller y miembros de las tropas americanas e italianas, recuperaron los fragmentos de los frescos y construyeron un techo temporal para protegerlo.

En muchas ocasiones los soldados ignoraban sus indicaciones poniendo en peligro restauraciones y obras de arte, por lo que incluso llegaron a tomarse la justicia por su cuenta instalando falsos carteles con el lema ‘peligro minas’ para evitar a los intrusos.

Toda estas historias las cuenta el escritor Robert Edsel en el libro The Monuments Men, de editorial Destino, gracias a una tarea de documentación que recoge partes de guerra, diarios personales y de campaña y por supuesto las cartas que estos soldados improvisados mandaron a sus familias.

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Así y gracias a todo este material hemos podido descubrir el papel clave que jugó Rose Valland. Esta francesa trabajaba como asistente en el Museo de las Escuelas Extranjeras Contemporáneas con sede en el Jeu de Paume. Desde allí, una vez Francia entra en guerra, colabora ayudando a esconder y evacuar las obras de arte del edificio, que posteriormente es tomado por los nazis como sede del ERR, la organización que tenía como objetivo la expropiación de obras de arte de los territorios sometidos. Valland finge no saber alemán y sigue acudiendo a su puesto de trabajo. Desde allí va tomando notas de todas las obras de arte que entran y de su destino posterior. Incluso llegó a sustraer documentos con el fin de copiarlos por la noche y devolverlos al día siguiente. Todos estos informes fueron siendo trasladados a los aliados, que utilizaban sus informaciones a la hora de planificar misiones yrecuperar objetos.

Una vez París es liberada, Rose Valland colaboró activamente con los Monuments men y gracias a sus informes se consiguen recuperar miles de obras de arte y se llevan a cabo dos de las grandes misiones de la organización. La primera tuvo lugar en el castillo de Neuschwanstein, en los Alpes austriacos, donde los nazis habían guardado un gran número de objetos y la segunda en la mina de sal de Altausse, donde gracias a la acción de la sección de Monumentos, Bellas Artes y Archivos se evita que sean destruidas miles de obras.

Es imposible pensar en un mundo en el que no hubiéramos podido disfrutar de las obras de Da Vinci, Vermeer, Manet o Miguel Ángel por culpa de una guerra irracional. Y gracias a hombres y mujeres como Valland, Keller o Scout la historia del arte es tal como la conocemos.

por JAVIER ZURRO, EL CONFIDENCIAL