26 enero, 2015

Los grandes museos del siglo XXI: visitas de calidad o morir de éxito

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Quien haya visitado alguna vez el Louvre habrá tenido que hacer una cola kilométrica, que a veces llega a las cuatro horas de espera; habrá sorteado a miles de personas en los pasillos, en la tienda, en los baños, en el guardarropa, en el restaurante y, con un poco de suerte, habrá visto –de refilón– alguna obra en sus salas. «La Gioconda», de lejos y gracias. Misión imposible hacerse un hueco entre la marabunta de asiáticos que inmortalizan a la Mona Lisa con sus móviles, tabletas y cámaras de fotos, cual Angelina leonardesca en la alfombra roja de los Oscar. No mucho más fácil lo tendrá quien quiera hacerse un selfi con la «Venus de Milo» o «La Victoria de Samotracia».

No es, desde luego, la mejor forma de visitar un museo, la manera más placentera de disfrutar del arte. De hecho, se ha puesto en marcha un plan para humanizar el museo parisino, que en 2014 acogió a 9,3 millones de visitantes. Si hacemos las cuentas, y dado que abre seis días a la semana, por sus salas pasan diariamente más de 29.500 personas. Un infierno. Su presidente-director, Jean-Luc Martínez, invertirá 53,5 millones en hacer más «humano» el Louvre: habrá más accesos de entrada, compra de tickets por internet, abrirá todos los días de la semana… Una delegación de los museos franceses acaba de visitar el Prado para conocer, y acaso copiar, su modelo.

Los museos más visitados

De lejos, pero superando los 3 millones de visitantes, otros grandes museos como el British Museum de Londres (6,8 millones), el Metropolitan de Nueva York (6,2 millones), la National Gallery de Londres (6 millones), los Museos Vaticanos de Roma (5,5 millones), la Tate Modern londinense (5 millones), la National Gallery de Washington (3,9 millones), el Pompidou (3,6 millones) y el d’Orsay, ambos de París (3,5 millones)…

Cifras muy alejadas de nuestros principales museos, que, pese a haber incrementado sus visitantes en 2014 –excepto el Reina Sofía, que no pudo superar el «efecto Dalí», que aupó en 2013 al museo hasta los 3,1 millones de visitas–, mantienen cifras de público mucho más discretas. El Prado se quedó en 2,5 millones, el Reina Sofía le superó por poco (2,6 millones) y el Thyssen pasó del millón de visitas. También lo hizo el Guggenheim de Bilbao y muy cerca estuvo el Arqueológico Nacional (768.836 visitantes en tan solo nueve meses). ¿Ello quiere decir que el público da la espalda a nuestros museos? ¿No logran seducir a los visitantes?

Una compleja ecuación

A la hora de comparar museos hay que tener en cuenta una ecuación con muchas variables: el número de habitantes de la ciudad donde se ubican, las cifras del turismo, su tamaño físico y el de sus colecciones, si son gratuitos o no, además de cómo andan de financiación propia y pública, lo cual suele incidir proporcionalmente en las programaciones: a más dinero, más y mejores préstamos, y, se supone, más visitantes. De recortes públicos, los museos españoles saben mucho. El Prado perdió 16 millones en cinco años. El Reina Sofía, 30 millones en tres años. Y el Thyssen vio cómo se esfumaba el patrocinio de Caja Madrid, y con él 3 millones anuales. Ello se ha reflejado, en mayor o menor medida, en sus programaciones.

Las muestras más visitadas en 2014 siguen siendo las de artistas de renombre: El Greco en el Prado (400.000 personas), Hamilton en el Reina Sofía (310.000) y Cézanne en el Thyssen (203.533). El Prado tira de «fondo de armario», centrándose en investigar sus fondos y exhibir los resultados cientíticos de estudios y restauraciones (Van der Weyden, Tiziano…), mostrar colecciones de otros museos (dibujos españoles de la Kuntshalle de Hamburgo, diez Picassos del Kunstmuseum de Basilea)… Aunque no han faltado exposiciones de gran calado, como «El Greco y la pintura moderna», con piezas excepcionales. Su director, Miguel Zugaza, comenta que «2,5 millones de visitantes es un número muy razonable. Era el objetivo marcado en nuestro plan de actuación». ¿Por qué ya no vemos habitualmente colas en el Prado? «Tener colas en un museo no es una virtud, sino un defecto. No hay que asociar colas en un museo a éxito. Antes de la ampliación, el Prado las tenía. Al mejorar los accesos y los servicios a los visitantes, han desaparecido».

Múltiples minorías

El Reina Sofía intercala muestras de tesis, más minoritarias, con grandes nombres, pero también echa mano del mecenazgo para suplir la falta de recursos: donaciones, préstamos (en marzo llegarán 170 obras del Kunstmuseum de Basilea)… Manuel Borja-Villel, director del museo y elegido entre los cinco mejores directores de museo de Europa, valora muy positivamente los 2,6 millones de visitantes en 2014: «Es bastante. Dirigimos nuestra programación a múltiples minorías, a públicos muy diversos. Se trata de potenciar los grandes nombres, pero también las exposiciones de tesis o más contemporáneas, que son visitadas por menos gente. Un museo es como una ciudad, debe haber gente de todo tipo».

El Thyssen también combina pesos pesados del arte (Munch y Zurbarán en 2015) con muestras más populares, más comerciales (Givenchy, Cartier, Testino). ¿El fin de estas exposiciones es atraer a más público al museo? «Toda la actividad del Thyssen está al servicio del público –advierte Guillermo Solana, su director artístico–. Si una exposición no alcanza los 100.000 visitantes, no es sostenible. Por debajo de esa cifra, te arriesgas a no cubrir gastos. Desde que llegué al museo me propuse atraer a más gente, a públicos nuevos. Si algo he conseguido, ha sido eso. Pero no aspiro a tener dos millones de visitantes. Hemos superado el millón, me parece una buena cifra. El tamaño del museo no da para más. El Thyssen es un museo pequeño de presupuesto (18 millones anuales), de espacio, de colecciones (770 pinturas), tiene un centenar de empleados… No podemos compararnos con el MET, que es 20 ó 25 Thyssen. La escasez de presupuesto te obliga a ser popular. Con el patrocinio de Caja Madrid podíamos hacer exposiciones exquisitas, menos populares. Ahora no hay tanto margen. Ha habido muestras muy caras: la de Cézanne costó más de un millón de euros. Pero no ha habido ni un proyecto cancelado por falta de presupuesto».
Nuestros museos, en la primera liga

Los tres directores están de acuerdo –y esto ya de por sí es noticia– en que nuestros museos están en la primera división museística mundial y en que son «tramposos» estos rankings de visitantes: «Las comparaciones son odiosas, dice Zugaza. París tiene 13 millones de habitantes y es la ciudad más visitada del mundo. No es comparable a Madrid. El Louvre es cinco veces mayor que el Prado. Pero ellos padecen el fracaso del éxito. Si tenemos en cuenta la ecuación residentes, turistas y visitantes, el museo más exitoso del mundo sería el Guggenheim de Bilbao. Una ciudad de 1,5 millones de turistas con un museo que atrae a un millón de personas».

Para Borja-Villel, «es muy fácil para un museo aumentar el número de visitantes y dar un pelotazo en taquilla. Algunos lo hacen: exponen cuatro nombres, cuatro marcas. La exposición de Dalí fue masiva, pero no fue pensada para eso. ¿Queremos público o consumidores? Son dos cosas muy distintas y no hay que confundir a la gente. Buscamos visitantes activos, que quieran volver al museo. Más que el número, hay que valorar la calidad de los visitantes. ¿Queremos una cultura entendida como valor económico o de servicio al público? No debemos cometer con la cultura el mismo error que con el ladrillo».

Sin complejos

«No hay motivo para que los museos españoles estén acomplejados», apunta Solana. Y piensa que «clasificar los museos por número de visitantes es un enfoque equivocado. Acabamos tratando a los museos como parques de atracciones. La importancia de un museo nada tiene que ver con los visitantes, sino con sus colecciones, sus exposiciones… A veces coinciden, pero otras no. Hay museos maravillosos, con colecciones exquisitas, como la Frick Collection de Nueva York, con menos visitantes, y es uno de los mejores del mundo».

En 2014 España recibió la cifra récord de 65 millones de turistas extranjeros. Madrid, con 3,1 millones de habitantes, cerró el año pasado con 8.358.498 turistas. Cifra aún muy alejada de las de las grandes ciudades del mundo. Londres recibió 16,8 millones de turistas en 2014. La capital londinense, con 13 millones de habitantes en su área metropolitana, cuenta además con una ventaja para el público: visitar las colecciones de sus museos es gratis. En Madrid, visitar el Prado cuesta 14 euros; el Thyssen, 10 y el Reina Sofía, 8.

Distorsiones

Miguel Ángel Recio, director general de Bellas Artes, conoce muy bien el mundo de los museos. Durante unos años fue gerente del Thyssen. Cree que la vorágine por tratar de tener más visitantes distorsiona a los museos: «Hay que valorarlos por la calidad de sus visitas, su labor didáctica, la fidelización del público, la calidad de sus exposiciones… Visitar el Louvre es muy incómodo. ¿Y es más conocido que el Prado? No tiene por qué. Si tenemos en cuenta la escala de la ciudad, el número de turistas, el Prado es más exitoso. Y el Thyssen es uno de los museos más valorados del mundo por la calidad de su visita. La experiencia de visitar museos más pequeños es más gratificante. Y en España tenemos algunos magníficos».

Los museos, más visitados que los campos de fútbol
N. P. MADRID

En 2012, más de 59 millones de personas visitaron los más de 1.500 museos que hay en España. Los campos de fútbol de Primera División reciben unos 11 millones de personas al año. Aun contando las otras categorías, no alcanzarían a los museos. En 2013 el Reina Sofía quedó en el número 12 del «top 100» mundial, el Prado en el 18, el Thyssen en el 67 y el Guggenheim de Bilbao en el 70. Con cifras de visitantes similares al Prado y el Reina Sofía aparece el Rijksmuseum de Amsterdam (2,5 millones), con Vermeer y Rembrandt como grandes imanes para el público. El MoMA neoyorquino, el mejor museo de arte moderno del mundo, cerró el último ejercicio con 3 millones de visitantes, no muy lejos de las cifras del Prado y el Reina Sofía, pese a la distancia abismal que hay entre Nueva York y Madrid. Con menos público, instituciones tan señeras como los Uffizi de Florencia (casi 2 millones), el Museo de Pérgamo de Berlín (1,2 millones), la Galería de la Academia de Florencia (con el «David» de Miguel Ángel como estrella, «sólo» atrajo en 2013 a 1,2 millones), el Kunsthistorisches Museum de Viena (pese a atesorar una de las mejores colecciones del mundo, cerró 2013 con 778.853 visitantes)… La espléndida Frick Collection de Nueva York ni siquiera aparece entre los cien museos más visitados del mundo, según el último informe publicado por «The Art Newspaper».

Por Natividad Pulido en ABC.