14 marzo, 2017

Los enemigos del patrimonio histórico

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Artículo original de El Diario Montañés

En los últimos años, los vándalos han dejado su huella en algunos de los principales hitos de la herencia cultural de la región

Aunque el efecto del paso del tiempo y los factores medioambientales deberían ser los principales enemigos a los que se enfrenta el patrimonio cultural de la región, hechos como los ocurridos el domingo pasado en la Colegiata de Santa Juliana de Santillana del Mar, cuando aparecieron una serie de pintadas en las paredes del edificio, han vuelto a poner sobre la mesa una realidad.

El vandalismo se ha convertido en un factor más contra el que se debe luchar para preservar el patrimonio histórico. En los últimos años, los vándalos han dejado su huella en algunos de los elementos más destacados de la herencia cultural de la región, como es el caso de la iglesia de Santa María de Castro Urdiales, los Torreones de Cartes o el parque de las Estelas de Barros (Los Corrales de Buelna), donde las pintadas y la acción de algunos desalmados se ha dejado sentir en varias ocasiones.

En el momento en que se tiene conocimiento de que se ha producido un daño contra el patrimonio, los propietarios de ese bien presentan una denuncian ante la Guardia Civil y, si lo consideran oportuno, ante la Dirección General de Patrimonio del Gobierno de Cantabria. La denuncia puede presentarla también el ayuntamiento o el párroco, si se trata de un edificio religioso. En el caso de las pintadas aparecidas en la Colegiata de Santillana, fue su director, Agustín García, quien presentó la denuncia ante la Guardia Civil. En ocasiones, este escrito puede estar respaldado también por una asociación de protección del patrimonio.

La Guardia Civil, quien en primera instancia recibe la notificación de que se han producido un daño contra el patrimonio, es quien se ocupa de investigar y perseguir a los autores de ese delito. Únicamente en el caso de que se trate de un robo de cierta entidad, de la sustracción de algún objeto, es cuando actúa la Unidad Central Operativa, dependiente del Servicio de Policía Judicial, uno de cuyos grupos está dedicado con carácter exclusivo a los robos de bienes culturales. Es este grupo el responsable, por ejemplo, de la recuperación, en el año 2001, de la imagen de la Virgen de la Buena Leche, de Lebeña. Este grupo se ocupa de investigar los delitos que afectan al patrimonio cultural y que no pueden ser realizados por las unidades territoriales por diferentes motivos.

Hace unos meses, en octubre del año pasado, la víctima de los ‘enemigos del patrimonio’ fue la Puerta de San Lorenzo de la Puebla Vieja de Laredo que amaneció cubierta de pintadas. Fue la presidenta de la Asociación Cultural El Palenque, Marian Riñones, quien se percató de lo ocurrido e inmediatamente después el Ayuntamiento de Laredo se ponía en contacto con una empresa especializada para limpiar los muros. Para limpiar el monumento, perteneciente a la muralla medieval del siglo XIII y que se denominó ‘Arco de la Calzada’, se descartó el uso de un jabón que contuviese disolvente, y se optó por un sistema de limpieza que no causara daños en la piedra.

El año 2015 no fue un buen año para la iglesia de Santa María de la Asunción de Castro Urdiales. Hasta en cuatro ocasiones el templo gótico amaneció lleno de pintadas en alguna de sus fachadas. La Concejalía de Medio Ambiente fue la encargada de tratar de restituir la piedra a su estado original, una tarea que, al tratarse de un templo del siglo XIII, entraña mayores dificultades técnicas y que en muchas ocasiones implican también un importante desembolso económico. Al igual que el templo castreño, la iglesia de Santa María de los Ángeles de San Vicente de la Barquera también ha aparecido con grafitis en varias ocasiones en los últimos años.

Las baterías de Santoña

Las baterías napoleónicas de Santoña han sido también en varias ocasiones el lugar elegido por los vándalos para dejar su huella en los últimos años. Es el caso de la batería de Los Galvanes del Monte Buciero. En este espacio llegaron a aparecer en una misma jornada hasta dieciséis grafitis de gran tamaño tanto en la escalera de acceso como a lo largo del muro defensivo de un monumento declarado Bien de Interés Cultural. El responsable o los responsables, que habían utilizado pintura de color azul y negro, dejaron también su firma en distintos lugares de la villa. Desde el Ayuntamiento de Santoña, el titular de Medio Ambiente, destacó que la limpieza de estas pinturas era, además de costosa, «agresiva para la piedra, ya que daña la argamasa centenaria que une la mampostería y los sillares».

Pese a ser uno de los símbolos que forman parte del escudo de Cantabria, la estela de Barros tampoco se ha librado de la acción de los vándalos. En una de las últimas acciones de los vándalos, éstos golpearon y rasparon la superficie de la estela de Barros y en otra de las estelas grabaron un nombre y varios números en la pasta que une los diferentes fragmentos. Como consecuencia de ello, el área de interpretación de las estelas abierto en Barros, junto a la ermita en la que se hallaron estos testimonios, dejó de ser de libre acceso y las visitas han pasado a ser con cita previa. Así, la última ocasión en que el centro ha permanecido abierto ha sido durante el otoño pasado cuando se ha abierto un día por semana.

No muy lejos de Barros, en Cartes, los Torreones que junto con el núcleo urbano de la villa fueron declarados conjunto histórico-artístico en 1985, fueron el lugar elegido por los ‘enemigos del patrimonio’ para dejar en ellos su testimonio. Hace dos años, coincidiendo con la celebración de las fiestas locales, en el edificio medieval aparecieron varias pintadas que rápidamente se procedió a retirar. Tras poner en conocimiento del propietario (la Consejería de Cultura) lo sucedido, se pusieron manos a la obra para limpiar la pintura «con todas las garantías y en el menor tiempo posible». Los Torreones de Cartes, situados en el Camino Real de la villa, son también Bien de Interés Cultural con la categoría de monumento.

Los delitos

La Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985 y la Ley de Patrimonio Cultural de Cantabria de 1998 , que desarrolla la anterior, son las que marcan las pautas sobre la manera de actuar contra los autores de daños al patrimonio histórico.

En lo que se refiere a las sanciones, es el Código Penal en los artículos 321, 322, 323 y 324 el que recoge las penas que se fijan para cada caso. Así, señala que «los que derriben o alteren gravemente edificios singularmente protegidos por su interés histórico, artístico, cultural o monumental serán castigados con las penas de prisión de seis meses a tres años, multa de doce a veinticuatro meses y, en todo caso, inhabilitación especial para profesión u oficio por tiempo de uno a cinco años».

Señala también que «será castigado con la pena de prisión de seis meses a tres años o multa de doce a veinticuatro meses que cause daños en bienes de valor histórico, artístico, cultural o monumental o en yacimientos arqueológicos, terrestres o subacuáticos». En todos los casos, señala también el artículo 323 que «los jueces o tribunales, podrán ordenar a cargo del autor del daño, la adopción de medidas encaminadas a restaurar, en lo posible, el bien dañado».