1 abril, 2013

Los devoradores de iglesias

La restauradora Marta Eva Castellanos agachada ante el retablo de Grajalejo de las Matas, devorado por las termitas.

La restauradora Marta Eva Castellanos agachada ante el retablo de Grajalejo de las Matas, devorado por las termitas.

Las iglesias de León ocultan criaturas voraces. En la de San Martín de Tours, en Grajalejo de las Matas, hundieron el retablo. Son silenciosas e invisibles. Las termitas se han convertido en una auténtica plaga. Vaciaron la madera y «el retablo murió», explica Marta Eva Castellanos, restauradora del Centro de Conservación del Patrimonio de la Diócesis de León, que ha tenido que aparcar todo el trabajo y dedicarse exclusivamente durante el último año a salvar esta ‘joya’ del siglo XVI .

Ha sido una empresa colosal, que ha puesto a prueba la maestría del taller de carpintería que dirige Ángel Miguel y al resto de los trabajadores del centro que financia Caja España. La situación del retablo era tan crítica que Castellanos tuvo literalmente que escayolarlo para poder transportarlo desde el pequeño pueblo de la comarca de Sahagún al taller que ocupan en un ala del Seminario Mayor, frente a la Catedral.

La primera intervención consistió en limpiar de pequeños ‘inquilinos’ -termitas y carcoma- el retablo de Grajalejo, que fue introducido en la cámara de desinsectación adquirida con fondos de Caja España hace cinco años por 41.000 euros y por la que ‘desfilará’ todo el patrimonio sacro de la provincia. El proceso se basa en someter durante 24 horas a estos insectos y otros ‘patógenos’ a muy bajas temperaturas, sobre los 20 grados bajo cero.

Lo curioso es que, cuatro años antes, cuando el Obispado solicitó a la Junta 80.000 euros para restaurar el retablo de Grajalejo, nadie advirtió su delicado estado. Hasta que la estructura se desplomó.

El retablo, dedicado a San Martín de Tours —advocación francesa que, sin duda, llegaría por el Camino de Santiago— procede de la escuela de Juan de Juni, y está fechado en el año 1597, como figura pintado en el propio altar. Un auténtico tesoro barroco.

También se encontraban muy dañadas las diez pinturas (ocho sobre tabla y dos sobre lienzo) que cubren los encasamientos del retablo, donde hay representaciones de la Anunciación, de las virtudes de la prudencia, justicia, fortaleza y templanza, así como de San Isidro Labrador en el momento de realizar el milagro del agua y de San Martín de Tours compartiendo su capa con un pobre.

Del retablo sólo se ha salvado la ‘película pictórica’ y una capa mínima de madera —más fina que un palillo—. Luego llegó lo más difícil. Restituir la madera a este delgadísimo estuco. «La madera nueva produce tensiones, que habrían acabado agrietando el retablo. Hemos tenido que ir colocando la madera por capas, para que no incida en la policromía», explica la restauradora. «Lo peor ya está hecho». En León no hay precedentes, ni de un retablo devorado por termitas ni de una restauración in extremis de esta envergadura.

El taller de los milagros

El Centro de Restauración se ha convertido en el taller de los milagros. Ha salvado de la ruina decenas de tallas y retablos que, sin su intervención, tenían los días contados, como dos relieves barrocos del siglo XVII de la iglesia de Villademor de la Vega o dos tablas del siglo XVI encontradas en el cementerio del pueblo de Voznuevo. Del taller también han salido restauradas la Magdalena de Ciguera, el Crucificado de Otero de las Dueñas y las tablas del retablo de Carbajosa de la Sobarriba.

Cuando se puso en marcha el taller, el Obispado anunció su intención de limpiar los retablos de las 700 parroquias de León. Un gigantesco proyecto, teniendo en cuenta que la media por iglesia es de tres retablos. Sin contar la recuperación de esculturas, tallas y ornamentos de los 1.200 edificios religiosos de León, entre iglesias y ermitas.

Máximo Gómez Rascón, responsable de Patrimonio de la diócesis de León, destaca el trabajo riguroso del taller, cuya misión no sólo es la conservación del patrimonio histórico y artístico de León, sino la labor formativa de los trabajadores, algunos de ellos con alguna minusvalía, así como su inserción laboral. «Este es un centro catalizador de todas las restauraciones», asegura Rascón. Lo cierto es que prácticamente todas las rehabilitaciones de bienes muebles pasan por la cámara de desinsectación, porque «ahorran tiempo, dinero y toxicidad». Casi nadie sabe que esta cámara también la pueden utilizar los particulares por una módica cantidad (se cobra por metro cúbico).

Por Verónica Viñas de Diario de León.