7 diciembre, 2010

Los Códices de la Capilla Sixtina

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Comisarias: Elena De Laurentiis y Emilia Anna Talamo
Lugar: Sala Hipóstila. Biblioteca Nacional de España
Fecha: Del 20 de octubre de 2010 al 9 de enero de 2011

Fig_1Durante los trágicos acontecimientos de la ocupación francesa de Roma en 1798, el cardenal Francisco Antonio de Lorenzana, legado extraordinario de Carlos IV ante la Santa Sede, adquirió numerosos códices litúrgicos procedentes de la Sacristía de la Capilla Sixtina y los envió a Toledo para salvaguardarlos de la «maxima in Urbis direptione». Después los donó a la Catedral Primada, donde aún se conservan en su gran mayoría. Otros fueron a parar, tras varias vicisitudes, a la colección Borbón-Lorenzana de la Biblioteca de Castilla-La Mancha y a la   Biblioteca Nacional de España.

El hallazgo de estos espléndidos códices miniados –en muy buen estado de conservación– ha permitido reconstruir y presentar en parte el que fuera uno de los núcleos de manuscritos litúrgicos más importantes y valiosos del patrimonio bibliográfico pontificio.

Utilizados por papas, cardenales, patriarcas, obispos y arzobispos para los servicios litúrgicos en la Capilla Sixtina, los libros de sacristía estaban mucho más profusamente miniados que los de capilla, utilizados por los cantores. A diferencia de estos últimos –en su gran mayoría conservados en la Biblioteca Apostólica Vaticana– los códices de sacristía terminaron dispersándose. Los manuscritos fueron desmembrados, despojados de sus miniaturas, y sus fragmentos se encuentran hoy desperdigados en colecciones públicas y privadas de todo el mundo.

Fig_66La exposición muestra por primera vez al público los manuscritos sixtinos recuperados por el cardenal Lorenzana en su totalidad: cuarenta preciosos códices miniados, fechados entre los siglos xi y xviii, pertenecientes a los papas y a los cardenales de la corte pontificia. La riqueza de las miniaturas y el valor de las encuadernaciones, en las que aparecen los escudos de los propietarios de los códices, confirman el prestigio de sus dueños.

El objetivo principal de esta exposición es ofrecer, a través de las obras que en ella se exponen, un panorama general del estado de la miniatura en Roma entre los siglos xv y xvii con una particular atención al Cinquecento y el Seicento, momentos en los que esta refinada producción artística continuó desarrollándose, sobre todo en la corte pontificia, gracias al mecenazgo de papas y cardenales.

Los códices más antiguos
Los códices más antiguos que se exhiben en la exposición son el precioso Evangelistario benedictino del siglo xi (ms. Vitr. 20-6), conservado en la Biblioteca Nacional de España, y el Sacramentario de Brescia (ms. 39.3), fechado entre los siglos XII y XIII. Ambos confluyeron en los fondos de la Sacristía Sixtina quizás como legado de un  prelado de la corte papal, pero no fueron producidos en Roma.

Fig_138Además, se muestran magníficos ejemplares de los siglos XV a XVIII, primorosamente iluminados por los mejores artistas de cada momento.

Así, entre los catorce códices del siglo XV que se exponen destacan cuatro manuscritos que pertenecieron a Pietro Barbo: Barbo –dos durante su época de cardenal y dos habiendo sido ya elegido pontífice con el nombre de Pablo II- además del Evangelistario y el Epistolario del cardenal Jean Balue, la Preparación a la misa del cardenal Girolamo Basso Della Rovere y otra preparación a la misa con el escudo obispal de Francisco de Borja.

El siglo XVI se abre con el Misal de la Natividad del cardenal Antoniotto Pallavicini, sin duda uno de los códices más ricos y preciosos entre los que se exponen, fechable entre 1503 y 1507 y obra del Maestro que desarrolló su labor de manera casi exclusiva para el prelado italiano.

Al pontificado de Pío V (1566-1572) pertenece el Misal con la misa de la Purificación, en el que la refinada Crucifixión –que, como es habitual, introduce el canon de la misa– evoca los modelos compositivos adoptados en el famoso Leccionario Farnese, obra de Giulio Clovio y tres de sus discípulos, hoy conservado en la Public Library de Nueva York y procedente de la Sacristía de la Capilla Sixtina.

Fig_189La mayoría de los códices del siglo XVII que se exhiben en esta exposición fueron encargados por Urbano VIII Barberini o producidos en los años de su largo pontificado (1623-1644). Su precisa identificación en el inventario de la Sacristía Sixtina de 1714 revela el renovad interés por el códice miniado en esta época, cuando todas las artes ligadas a la realización del libro manuscrito, desde la caligrafía hasta la miniatura o la encuadernación, alcanzaron cotas artísticas muy elevadas, equiparables al resto de las artes, y eran la expresión de un ambiente refinado como el de la corte pontificia.

Al siglo XVIII pertenece el último códice de la exposición, perteneciente a Benedicto XIII (1724-1730), que se exhibe abierto por una anotación del Cardena Lorenzana –fechada en 1798 y repetida en cada códice sixtino de la Biblioteca Capitular de Toledo– donde el prelado recuerda que salvó los manuscritos y los dona a la catedral toledana. Con las palabras del cardenal culmina el recorrido de la exposición, que enlaza con la figura gracias a la cual hoy todos podemos admirar los espléndidos códices de la Capilla Sixtina.

Antonio de Lorenzana, cardenal ilustrado
Francisco Antonio de Lorenzana y Buitrón, una de las figuras más significativas de la Ilustración española, mecenas de las artes y las letras, nació en León en 1722. Elegido obispo de Plasencia en 1765, al año siguiente fue trasladado como arzobispo a México, donde convocó y presidió el IV Concilio Provincial. En 1772, antes incluso de la conclusión de este concilio, Lorenzana fue promovido a la sede de Toledo. Nombrado cardenal en 1789 por Pío VI e inquisidor general en 1794, el infatigable purpurado se distinguió en Toledo, como antes en Nueva España, por sus dotes pastorales, su interés por la cultura y sus obras de caridad. Construyó edificios como la nueva sede de la Universidad y el Hospital del Nuncio Nuevo, restauró iglesias, reinstauró el empleo del antiguo rito hispánico en las parroquias mozárabes de la ciudad, fomentó la edición de libros y, sobre todo, se empeñó con tenacidad en la creación de la Biblioteca Pública Arzobispal.

expoEn 1797 Lorenzana fue enviado junto a Pío VI para asistirlo y aconsejarlo durante el difícil período de la invasión francesa. A la muerte del papa, desempeñó un importante papel en la organización y financiación del cónclave celebrado en Venecia que condujo a la elección del nuevo pontífice, Pío vii. En 1800 renunció a la sede de Toledo para acompañar al papa en Roma, donde permaneció hasta su muerte, acaecida en 1804.

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