29 julio, 2014

Los amos de la moda, al rescate del arte

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Cuenta Diego Della Valle que fue algo natural para él, como respirar o cerrar negocios. “Cuando supe que la Superintendencia buscaba patrocinador para restaurar el Coliseo, me propuse. Es un honor para mí y mi familia contribuir a la recuperación de uno de los monumentos más bellos e importantes del mundo”, afirma el dueño de la firma de moda Tod’s desde su cuartel general de Sant’Elpidio mientras se prepara para bajar a Roma a recoger los primeros frutos de una inversión de 25 millones de euros. Tras años de trabas burocráticas y escepticismo, la primera fase de las obras para fortalecer el antiguo anfiteatro acaba de terminar. Della Valle lo celebra: “El arte y la cultura, como la comida y la moda, son los recursos verdaderos de nuestro país. Varios empresarios han emprendido este camino de defensa del patrimonio común y espero que sean cada vez más”.

Con su porte distinguido, el empresario textil lidera un ejército de colegas que batallan contra el desgaste y deterioro de las glorias artísticas nacionales. Los señores de la alta moda se han entregado con munificencia al mecenazgo. Una cruzada valiosa en tiempos de vacas tan flacas que el presupuesto del Estado abandona el patrimonio a un destino de ladrillos caídos, techos peligrosos, lienzos degradados o mármoles oscurecidos. “Nos ocupamos todos los días de crear lo bello. Es algo que llevamos en la sangre. Es el momento de devolver un trocito de lo recibido por el pasado, un trocito de positividad. No importa si se donan 25 millones o un euro: todas las empresas con cuentas en orden deben sentir esta responsabilidad”, sostiene el patrón de Tod’s, que también ayuda al teatro La Scala de Milán.

El mismo concepto resuena en Florencia: “No estamos haciendo ningún regalo, sino que devolvemos lo suyo a la colectividad”, dice Stefania Ricci, directora del museo florentino de Salvatore Ferragamo. “Casi no nos damos cuenta: mamar tanta belleza desde niños, pasear por la solidez de las formas arquitectónicas o respirar la perfección de ciertas obras nos inyectó en las venas cuidado e instinto estético”. Defiende que quienes construyeron su genio y fortuna gracias a aquella inspiración “tienen obligación moral de involucrarse”. En el caso de la firma que representa, se tradujo en una reciente donación de 600.000 euros para recuperar, en un año, ocho salas de los Uffizi. El museo, que custodia joyas del humanismo hecho pintura, sufre recortes continuos y trata de preservar de la humedad los centenares de obras de los siglos XVI y XV que guarda en sus sótanos.

La maestría hidráulica de los lejanos fundadores de Roma dejó en herencia una ciudad riquísima en fuentes. “Sirvieron de manantial de inspiración para los creadores de todo el mundo”, consideraba Silvia Venturini Fendi, cuando anunció posando junto a Karl Lagerfeld que iba a financiar con 2,2 millones de euros el maquillaje de la Fontana de Trevi, quizás una de las más emblemáticas. Era febrero de 2013. Se asignó el encargo por concurso público. Desde hace unos pocos días, andamios y protecciones transparentes envuelven el monumento donde se bañó Anita Ekberg. Las obras van a durar unos 20 meses. Después arrancará el salvamento de las Quattro Fontane, cuatro estatuas que ocupan las esquinas de un cruce cercano y representan los ríos Tíber y Arno y las diosas Juno y Diana.

Otro nombre de la alta costura asociado indisolublemente a la ciudad es el de Laura Biagiotti. Su perfume femenino se llama Roma y la botella recuerda la orgullosa arquitectura del Panteón o la majestuosidad de la columnata de San Pedro. “El amor por el arte me lo infundió mi padre desde la infancia. Cuando decidí dejar de lado el estudio de las catacumbas paleocristianas para dedicarme a la moda, ese bagaje ya estaba en mí”, revela. Tanto que en 2000 ejerció de pionera en esta carrera por el mecenazgo e hizo posible la recuperación de la escalinata que sube hasta la plaza del Campidoglio diseñada por Miguel Ángel y también de las fuentes gemelas de la Plaza Farnese.

Otra insigne casa, Gucci, firmó a mediados de junio un convenio para recuperar unos tapices renacentistas y exponerlos en el Salón de los Doscientos, en el Palacio Vecchio, símbolo cívico florentino. Micaela le Divelec Lemmi, vicepresidenta de la marca, lo anunció sacando pecho: “Nuestra historia y la de Florencia son una sola. Nos entusiasma ayudar a preservarla”. El entusiasmo se concreta en 340.000 euros, recaudados en parte por la venta de entradas en el museo de la maison, que recoge sus creaciones más clásicas y célebres.

No estamos ante un mecenazgo platónico: las marcas también cuentan con una buena contrapartida en términos de imagen y publicidad. Además, el ministro de Cultura Dario Franceschini, aprobó en mayo un decreto que establece que los ciudadanos y las empresas pueden detraer de sus declaraciones de la renta el 65% de las sumas destinadas en 2014 y 2015 a tutelar el arte.

Renzo Rosso, dueño de Diesel, señala el puente de Rialto, en Venecia, a cuya rehabilitación contribuirá. / MANUEL SILVESTRI (CORDON PRESS)

Renzo Rosso, dueño de Diesel, señala el puente de Rialto, en Venecia, a cuya rehabilitación contribuirá. / MANUEL SILVESTRI (CORDON PRESS)

Cuando, por ejemplo, a principios de 2015, una parte del puente de Rialto de Venecia sea empapelada por las reformas, su generoso salvador, Renzo Rosso podrá poner publicidad de sus vaqueros Diesel. El ayuntamiento lagunar, que se ahoga en rompecabezas económicos y arquitectónicos, abrió un concurso para encontrar un sponsor privado para fortalecer la estructura bajo la cual pasan cada día miles de góndolas y ferris. El rey de los jeans, dueño del grupo OTB, sintió “la urgencia de participar en el rescate de un símbolo de la ciudad de arte más cercana y significativa”, cuenta desde Bassano del Grappa. Ofreció cinco millones y ganó. Rosso asocia Venecia con sus años de formación, cuando se matriculó en Económicas, carrera que no llegó a terminar porque entró en una empresa que transformó en ese pequeño milagro anticrisis que hoy es Diesel. “Siempre pensé que es un deber cívico restituir parte del éxito propio. Esta es mi visión moderna, innovadora y socialmente consciente de ser emprendedor”. Las maniobras para la restauración del puente sobre el Gran Canal empezaron hace meses, aunque aún no estén en fase operativa: “Rialto perdió algunas piedras, pero también tiene problemas de estructura. Antes de ponerse a trabajar hubo que hacer estudios submarinos. Ahora estamos listos. En un año estará curado”.

No solo sufren monumentos o museos tan representativos, Italia presume de un patrimonio extenso alejado de las rutas turísticas. Bien lo sabe el empresario-humanista Brunello Cucinelli, que desde una minúscula localidad de Umbría, en el centro de Italia, construyó un imperio de cachemir. Orgulloso y conmovido mantuvo la sede en el Borgo di Solomeo y reivindica su arraigo en las tierras donde los etruscos llevaron la civilización, cuando aún Roma era un pueblo de guerreros, donde predicó San Francisco de Asís y Giotto pintó bóvedas espectaculares. “En mi vida he cultivado siempre un sueño: el del trabajo útil para un objetivo importante. Sentía que las ganancias de la empresa, por sí solas, no bastaban para realizar este sueño, y que debía buscarse un fin más alto”, argumenta. Por eso, en 2011, puso un millón de euros para restaurar la puerta etrusca que recibe en la ciudad de Perugia, capital de la región. Mientras el Estado ajusta su presupuesto y prioriza cuestiones más terrenales, los nuevos mecenas cultos, ricos e ilustrados intentan frenar el paso del tiempo y el descuido humano. Hay que ver si las fuerzas son suficientes.

Por Lucía Magi en El País.