22 febrero, 2011

Los acuchilladores de parquet de Gustave Caillebote

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Laura Pais Belín

los_acuchilladores_de_parquetEn 1874 en las galerías del fotógrafo Nadar, situada en el 35 del Boulevard de las Capuchinas de la ciudad de París, se celebraba una exposición muy especial, un grupo de pintores comenzaba una nueva andadura que rompía con las reglas del mundo artístico de finales de siglo. Con ellos se cambió el rumbo de la pintura y con ellos la ciudad de París vibró de manera especial.

Este grupo finalmente sería conocido con el nombre de impresionista pero hasta ese justo momento este nombre no había sido utilizado nunca para denominar a estos pintores. Todo surgió a partir de un artículo escrito por un crítico de la revista satírica Le Charivari llamado Louis LeRoy, en él se burlaba de los miembros de la exposición y en especial de un cuadro de uno de sus componentes. Claude Monet presentaba el lienzo titulado “Impresión Sol Naciente” el crítico escribiría irónicamente “ya decía yo que puesto que estoy tan impresionado, es que debe de haber por ahí una impresión…”. Pocos días después el mismo crítico publicaba en otro artículo que esos mismos pintores en cuanto perfeccionaran el dibujo “se olvidarían del impresionismo…”.

Y de esta forma, con carácter claramente negativo, surgió el término impresionista y aunque desde luego no fue una buena acogida, los artistas incomprendidos ya eran conocidos por la crítica y el gran público. Era el principio de un cambio imparable. Aunque el término finalmente no se asentaría por completo hasta que los propios artistas, pese a la resistencia de Degas, lo adoptaron como propio y así en 1877 ellos mismos publicaban una revista con el título L´Impressioniste.

Dos años después de esa primera exposición el grupo se volvía a presentar al Salón de los Independientes, y esta vez se había ampliado con un nuevo componente, que se convertiría en una pieza fundamental para la historia de estos pintores. Era la figura de Gustave Caillebote, pintor, mecenas y coleccionista, si bien en su momento no fue tan reconocido como sus compañeros y amigos Degas, Monet o Renoir, con el tiempo jugaría un papel determinante. Puesto que se puede decir que Caillebote financió al grupo y abanderó de forma material la causa impresionista. Organizaba las exposiciones y ayudaba económicamente a los pintores, comprando las obras que por el momento eran difíciles de colocar en el mercado. Y de esta manera ellos podían dedicarse a la pintura moderna sin ataduras, al margen de la dictadura de la crítica de la época.

Nacido en 1848 en el seno de una familia parisina de clase alta, Gustave Caillebote tardaría en incorporarse al panorama artístico. Estudió derecho e ingeniería naval, y se cree que comenzó a dibujar y a pintar de manera irregular desde que era un adolescente, durante los veranos en la casa de campo familiar.

Sería en la década de lo años 70 cuando ingresó en el taller del pintor académico León Bonnat, y a partir de este momento emprendió seriamente el estudio de la pintura. Con el paso del tiempo llegaría a desarrollar un estilo propio. En 1874 tras la muerte de su padre recibió una importante herencia, lo que le permitió tener una gran solvencia económica para poder dedicarse a su pasión, la pintura. Entablando muy pronto gran amistad con los artistas alejados de la gran Academia francesa y entregándose por completo a la causa impresionista.

Tenía una sólida formación académica que solía reflejarse de una forma u otra en todas sus obras y quizás era éste el elemento que muchas veces le alejaba del estilo del grupo.

En un principio su obra se enmarca dentro del realismo pictórico que habían comenzado grandes pintores como Millet o Courbet. Pero el buscaba algo diferente, quería mostrar la realidad tal y como la percibía, haciendo desaparecer del cuadro cualquier efecto de teatralidad. Y a ello unía claros matices de modernidad como la influencia de la fotografía, que se muestra en su obra a través de encuadres vertiginosos y perspectivas muy marcadas.

Todo esto lo podemos apreciar en una de sus obras más famosas” Los acuchilladores de parquet”. Este lienzo sería el primero que el maestro envió al Salón de París en 1875. El tema principal de la pintura era el trabajo de tres obreros que están cepillando enérgicamente el suelo de un apartamento burgués, el cuadro sería rechazado por los jueces principalmente por la vulgaridad del tema, ya que en aquel momento la Academia consideraba aceptable la representación de campesinos o granjeros rústicos como imagen referencial de la clase obrera pero no admitían que los protagonistas fueran el proletariado urbano. Por esto y por lo insólito de  su organización espacial lo consideraron indigno de entrar en la exposición oficial.

Sin embargo Gustave no se rindió y lo volvió a presentar en la exposición impresionista de 1876 donde consiguió mayor acogida, la razón la composición muy fotográfica de la escena, lograda a partir de marcadas líneas de fuga y una reducción acelerada de la escala hacia el fondo que mostraba una consciente deformación del espacio. Un encuadre inquietante en el que el parquet parece inclinado e incluso los brazos de los hombres desmesurados con relación al torso.

Adoptaba deliberadamente un punto de vista incorrecto, alterando el espacio y las proporciones y todo ello con una función expresiva. Estos efectos desorientaban y fascinaban a la vez al espectador porque eran utilizados dentro de una escena realista.

Su composición y su interés por reflejar la vida cotidiana le acercaban a sus compañeros de grupo, pero por lo contrario su técnica parecía menos audaz. Pese a que su dibujo era preciso y minucioso, sus colores eran contenidos. Y es que no se veía en su pintura ese compendio de colores vivos y yuxtapuestos que se suponía que constituían la pura esencia del Impresionismo.

De este modo los críticos no sabrían catalogar al recién llegado, aun así esta escena de la vida cotidiana tan interiorizada y alejada de todo elemento pintoresco, le aseguró un lugar en el corazón del movimiento.

El secreto de Caillebote se encontraba en su particular sensibilidad, partiendo de la realidad lograba expresarla de forma subjetiva y tal vez su verdadero encanto es que  con ello consiguió  recuperar cierto romanticismo para representar la vida moderna. Normalmente no escoge al azar los temas y los espacios representados sino que los interioriza y estudia para poder mostrar su visión subjetiva.

Con escenas como los Acuchilladores fue capaz de involucrarnos por completo en ambiente de la escena, gracias al manejo de una luz difusa y una recreación compositiva que nos lleva hasta sentir el olor de la madera o el perfecto acabado del trabajo bien hecho, provocando en el espectador una sensación de tiempo detenido de inigualable poesía.

Como singular e interesante se podría definir la obra de este francés que reclamaba un espacio propio en un ambiente lleno de cambios. Tuvo una carrera relativamente corta y a veces desigual pero eso no le frenó a lo hará de mostrar su universo particular.

Pintó cálidos paisajes, retratos con carisma, cercanas escenas de interior y una colección de inigualables imágenes urbanas. Pero todo ello lleno de un extraordinario lirismo que era lo que le imprimía un carácter muy especial a toda su obra.

En Febrero de 1894  fallecía con tan sólo 45 años, donando todas sus obras y su increíble colección personal al Estado francés. Nombró albacea de su testamento a su amigo Renoir, el cual tuvo grandes dificultades para cumplir el deseo de su amigo que era entregar su colección a la Nación, ya que todavía en aquellos tiempos los cuadros impresionistas eran rechazados por el gran público, pese a ello finalmente lo logró. Por eso hoy podemos afirmar que su figura esta asociada al legado que llevó al impresionismo a los museos franceses.

Su arte a la vez moderno y tradicional sería reconocido con el paso del tiempo en la década de 1960, llegando de forma tardía la justa fama del gran pintor y mecenas de otro tiempo.