13 junio, 2014

«Lo de entrar con pico y pala ya se verá», dice la Superiora de las Trinitarias

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Las religiosas de la comunidad de las Trinitarias que residen en el convento-iglesia madrileña donde se buscan los restos de Miguel de Cervantes están un poco saturadas de la avalancha de atención mediática que ha recibido su iglesia y, por extensión, ellas, desde que se inició la operación. Su superiora, Sor Amada de Jesús, lo entiende y lo sobrelleva con una paciencia exquisita.

-¿Cómo es un día en sus vidas?

-Nos levantamos a las 6, y a las 6.30 nos reunimos en el coro. Rezamos el oficio y la lectura, laudes y la oración. A las 8.15 vamos a desayunar. Luego, tenemos un poco de tiempo libre para recoger la habitación. A las 9.30, la Eucaristía, y luego cada una se dedica a su trabajo, que nos repartimos por trienios. A las 12, rezamos sexta y hacemos el examen. Después viene la comida, el recreo y una hora de silencio. A las 3.30 rezamos nona, hacemos el ensayo, la lectura y volvemos a nuestros oficios. Y a las 19.00 horas, rezamos el rosario, las vísperas y la oración. Sobre las 21.30, rezamos completas.

-¿Qué trabajo hacen?

-Pues hacemos lo que podemos. Antes teníamos muchos encargos de un banco, pero como puso máquinas, pues claro, eso los ha reducido…

-¿Son ustedes muchas?

-Somos trece religiosas, y la última llegó hace 2 años. Las siete más jóvenes son de Perú.

-Y en este remanso de paz, de repente cae como una bomba la búsqueda de Cervantes. ¿Les ha alterado mucho sus rutinas?

-Qué va, no han molestado nada; han sido muy discretos, no han interferido en nada. Estamos muy satisfechas.

-Así que cumplieron lo que les prometieron.

-Pues sí; de hecho, estábamos rezando y no nos dábamos cuenta que estaban ahí.

-Ustedes ya saben que aquí fue enterrado el escritor; estarán acostumbradas a su «presencia».

-Bueno, en el archivo de la iglesia de San Sebastián lo dice: que él pidió que le enterraran aquí.

-¿Y si lo encuentran, creen que debería quedarse aquí?

-Era su voluntad; si él dijo que quería reposar aquí…

-Ahora se habla de buscar en puntos concretos, con excavaciones.

-Bueno, lo de entrar con pico y pala… habrá que ver si es así. El cardenal tiene que dar la autorización; la dio para la primera fase. Para lo otro, ya se verá.

-¿Qué hicieron cuando les pidieron permiso la primera vez?

-Cuando nos lo propusieron, consultamos a la Real Academia Española y al cardenal. Y luego votamos entre nosotras para ver si lo hacíamos. Y salió que sí.

-Pero ahora, la cosa se complica…

-Cuando escribí al señor que me pidió el permiso, antes de iniciar la primera fase de la búsqueda, ya le dije que lo pensara bien, porque estas cosas cuestan mucho, y yo no soy partidaria de que entren ahí a excavar. Vamos a ver lo que pasa.

-Encontrar los restos podría traer muchos beneficios a la ciudad.

-Yo no sé calcular eso, no estoy acostumbrada a esos cálculos.

-¿Lleva mucho tiempo como religiosa?

-Llevo 57 años en la congregación. Al principio, me costó mucho, hasta que me acomodé a los horarios, las costumbres. Luego, ya vi que era el paraíso.

Por Sara Medialdea en ABC.