24 septiembre, 2018

Las mujeres artistas ocupan los museos

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La temporada expositiva se presenta con numerosas muestras dedicadas a mujeres. ¿Cambio de paradigma?

Octubre del 2016 marcó un hito histórico: el Museo del Prado dedicaba su primera exposición monográfica a una mujer artista, en este caso la pintora flamenca del XVII Clara Peeters. Dos años después el mismo Prado anuncia que una de las exposiciones estrella en la celebración del bicentenario será la que reúna las obras de dos pintoras que, como la anterior, son igualmente excelentes e igualmente poco conocidas, al menos por el gran público, Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. En el ínterin, en estos dos años, han sucedido muchas cosas, entre ellas la definitiva irrupción de la cuestión del género. Un repaso a la programación expositiva para este año y el próximo muestra cómo la mayoría de los museos y centros de arte están reaccionando a este cambio de paradigma que, en palabras de Rocío de la Villa, fundadora de Mujeres en las Artes Visuales, “ha venido para quedarse”.

Hace dos años, el entonces casi recién designado director de la Galería Uffizi, Eike Schmidt, hizo otro anuncio histórico: el templo del arte florentino rescataría y mostraría la obra de las mujeres artistas que nutren los fondos de la institución sin en la mayoría de los casos ver la luz; de hecho, se estima que la Uffizi posee la mayor colección del mundo de trabajos de mujeres artistas antes del siglo XIX. Una iniciativa que se materializó el pasado año y esta primavera con sendas exposiciones dedicadas a Sor Plautilla Nelli (1524-1588) y Elisabetta Sirani (1638-1665), y que en realidad ha sido posible gracias a la actividad de zapadoras de la Advancing Women Artist Foundation, que entre otras labores localizan y ayudan a restaurar los trabajos de estas mujeres, en su gran mayoría pintoras, que además tuvieron que ver cómo muchas de sus obras, las mejores, eran atribuidas a colegas masculinos, como ha sucedido con Artemisia Gentileschi con su propio padre, por ejemplo.

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El trabajo de ‘zapadoras’

Porque detrás de estas recuperaciones está el trabajo de historiadoras del arte, artistas actuales y autoras de estudios de género; Estrella de Diego, Victoria Combalia, Erika Bornay, M.ª Ángeles Cabré, Pilar Bonet o Diana Larrea son algunas de las estudiosas detrás de los rescates y los análisis de género en nuestro país. Y es que mujeres artistas las hay, como hay una historiografía del arte escrita por hombres, de manera que no sólo han sido las dificultades de acceso a la profesión las que ha marcado la trayec­toria de estas, sino la distinta consi­deración que han tenido los diferentes géneros. Así, Clara Peeters fue una excelente bodeguista, género considerado por sus contemporáneos como menor frente a la pintura mitológica e histórica. Además, las mujeres tenían vetado el acceso a las academias de arte, donde posaban modelos desnudos. Sin poder formarse, ¿cómo iban a pintar los cuadros entonces considerados importantes por la historiografía? Leticia Ruiz, comisaria de la exposición de Anguissola-Fontana y jefe del Departamento de Pintura Española del Renacimiento del Museo del Prado, lo enlaza con la condición femenina a lo largo de la historia, que planteaba el papel de la mujer en el ámbito doméstico, no en el profesional, “en tareas que se consideraban adecuadas. Incluso las hijas de artistas recibían una formación hasta cierto punto”.

Quizás por ello, en el catálogo de la exposición de Madame d’Ora en el Leopold Museum de Viena se afirma que el trabajo de numerosas fotógrafas fue ampliamente reconocido en Europa o Estados Unidos en los años 20 y 30 del siglo pasado porque no se consideraba un “arte” sino un “trabajo”. Hace apenas un par de semanas cerró sus puertas en la norteamericana Clark Art Institution otra exposición de tesis: Women Artists in Paris 1850-1890, en la que se examinaba la obra de más de una treintena de pintoras estadounidenses, francesas y nórdicas. Simbolistas, realistas o impresionistas en su mayoría, destaca la calidad de muchas de estas artistas en su mayoría desconocidas, pero también resultan sumamente ilustrativas sus biografías, que en muchos casos muestran las dificultades a que tuvieron que enfrentarse para ejercer su profesión o como tras su muerte o tras un breve momento de gloria sus figuras cayeron en el olvido. Resulta muy recomendable darse una vuelta digital por las páginas que la institución ha dedicado a estas artistas. También resulta muy recomendable un paseo por la web de Advanting Women Artist para descubrir a una cincuentena de pintoras .

El museo del Prado, explica Leticia Ruiz, no dispone de unos fondos de artistas mujeres equiparables a las de la Uffizi, “porque la mayoría de pintoras antiguas son italianas”, pero se han asegurado que las obras de calidad de artistas bien representadas en el museo, como Artemisia Gentileschi o la propia Anguissola, cuelguen de las paredes de las salas. “Cada vez más se está buscando estos argumentos femeninos, que se han echado en falta en la historiografía y en los museos, y eso es positivo, porque ofrece una mirada diferente. Iniciativas como la de los Uffizi son positivas hasta cierto punto, está bien que en este momento se esté reivindicando a estas mujeres que han estado en el ámbito artístico y se las esté dando a conocer, otra cosa es forzar la máquina, porque la historia es la que es y también las colecciones con las que son”.

De la programación para las próximas temporadas se evidencia que no se trata únicamente del pasado, aunque se trate de un pasado reciente, como sucede con Hilma af Klint o Lotte Laserstein, sino de dar a conocer a las creadoras actuales, como las exposiciones de la Fundació Miró o el Macba o el Reina Sofía. La muestra en la Phillip Collection de Washington de artistas aborígenes australianas, o en Los Angeles de artistas latinoamericanas. Todo ello, explica Rocío de la Villa, responde “a la más importante renovación metodológica de la historia del arte como disciplina en las últimas décadas”, consecuencia a su vez “de una demanda de la sociedad. Además, las conservadoras están rompiendo los techos de cristal y por lo que se sigue de sus entrevistas, casi todas llegan a los puestos de dirección con su agencia feminista en el programa a desarrollar”.

Cambiar la agenda

Este es un aspecto, el de la agenda, conservadoras y comisarias, que va más allá de las exposiciones. Así lo ve Pepe Serra, director del MNAC: “La historia del arte la han escrito hombres, y esta perspectiva es la que hay que revisar; no se trata sólo de exponer mujeres artistas, sino de incorporar perspectivas diferentes en los museos. Cuando en el 2014 se acometió la renovación de la colección de arte moderno del MNAC, se hizo salir a todas las mujeres de las que tenemos obras. Esto tiene que ser una normalización y no una tendencia o moda, hacer lecturas más complejas, alejándose del monorrelato. Por ejemplo, en la sala dedicada a Ramon Casas, colgar también más retratos femeninos suyos. O la lectura de Gala que ha hecho Estrella de Diego en la exposición que tenemos actualmente”.

La Fundació Miró propone como gran muestra de la temporada a Lee Miller, una elección oportuna que responde a una actitud proactiva del centro hacia estas cuestiones, muy presentes en el quehacer de Martina Millà, responsable del área de programación y proyectos. Millà estudió con colaboradores de la mítica historiadora del arte Linda Nochlin, que ya en 1971 señaló a la historiografía con sus prejuicios y las estructuras de poder. “Ha habido un cambio generacional y ahora la cuestión ya es ineludible”, dice Millà. La Fundación Miró hace años que trabaja con la vista puesta en la paridad a todos los niveles. Desde el Macba, explican a Cultura/s, se trabaja con el criterio de que la programación dedicada a mujeres artistas sea del 50%.

Y sin embargo un repaso a las cifras del Observatorio de Mujeres en las Artes visuales deja claro que la realidad aún es otra: en diez grandes centros de arte de Barcelona en cinco años (2011-2015) hubo un 14% de exposiciones individuales de mujeres artistas. Sí, hay un cambio de paradigma, pero aún se ha de materializar.

Por Isabel Gómez Melenchón para La Vanguardia