5 agosto, 2013

Las Giraldas de EE UU

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El Museo Coral Gables analiza el furor causado por la torre sevillana

A 90 metros de altura, una réplica del Giraldillo se eleva en una de las zonas más transitadas de Miami (Estados Unidos). No aparece en las guías de viaje y pocos saben que esta veleta tiene una hermana mayor que domina el cielo de Sevilla desde hace más de cuatro siglos. Esculpida en cobre en 2002, corona la torre oriental de un edificio de oficinas inspirado en la Giralda que se eleva en la zona financiera de Coral Gables.

Al recrear la torre campanario de la Catedral de Sevilla, su promotor, Allen Morris, se propuso conectar con una tradición arquitectónica estadounidense de principios del siglo XX. En una época en que se levantaban rascacielos, numerosos arquitectos estadounidenses tomaron como modelo a la Giralda. Ahora, el Coral Gables Museum dedica una sala a analizar el fenómeno.

Aunque algunas son versiones más fidedignas que otras, lo cierto es que la Giralda fue ampliamente imitada. Nueva York, San Francisco, Chicago o Miami son algunas de las ciudades que la emularon. “La Giralda, la torre más bella de Europa, será reproducida en un hotel en Coral Gables” proclamaba un anuncio de 1924 en The Miami Herald publicitando la construcción de la Torre Biltmore, un hotel de lujo conocido por haber albergado a la flor y nata de los años veinte.

Para entender la fascinación por la Giralda hace falta situarse en el momento que atravesaba la arquitectura estadounidense a finales del siglo XIX. Hasta entonces, los arquitectos de EE UU no eran más que “carpinteros con aires de grandeza”, según han escrito los historiadores Jonathan y Donna Fricker. Cuando las universidades crearon los primeros títulos formales de arquitecto, el estilo que cautivó a profesores y alumnos fue el beaux arts, con origen en Francia.

Imitar construcciones clásicas y renacentistas de Grecia o Italia se convirtió en un rasgo distintivo para los nuevos maestros de la edificación. Según Jonathan y Donna Fricker, la arquitectura beaux arts fue quizás el mayor síntoma del complejo de inferioridad cultural estadounidense hacia Europa.

Así, en sus viajes europeos, muchos de estos arquitectos descubrieron la belleza y funcionalidad de la Giralda. Para el historiador Allan Shulman, la forma y ornamentación de la Giralda aportaban un rasgo distintivo a los nuevos rascacielos. “Era un añadido monumental e icónico a lo que de otra forma no habría sido más que un anodino bloque de media altura”, aclara.

Una de las primeras Giraldas fue construida en 1890 en el lugar original del pabellón deportivo Madison Square Garden de Nueva York por el célebre arquitecto estadounidense Stanford White. Entonces se convirtió en el segundo edificio más alto de Nueva York; aunque en 1925 fue destruido y reemplazado por uno de los iconos de Manhattan, el New York Life Insurance Building.

Otra torre neoyorquina que sigue en pie y se asemeja a la Giralda es la del Municipal Building de Manhattan. Concluido en 1909, el diseño del colosal edificio toma elementos de varios monumentos europeos. Quizá la reproducción más fiel, de 1922, es la torre del centro comercial Country Club Plaza de Kansas City, que tiene unos 50 metros de altura y reproduce la ornamentación musulmana y cristiana del original. Además, está coronada por una réplica del Giraldillo.

Otras, aún con menos decoración, parten claramente del diseño de la Giralda como el San Francisco Ferry Building, de 1898; el Wrigley Building de Chicago, de 1920, o la Cleveland Terminal Tower, de 1928. Las tres han sido incluidas por el Gobierno en el Registro Nacional de Lugares Históricos, una lista de monumentos dignos de preservación.

Solo en Miami se han construido hasta cinco Giraldas. La más reciente es la Giralda de Coral Gables, la más alta de un conjunto denominado Alhambra Towers. Las otras cuatro datan de los años veinte. Con el tiempo, dos fueron derribadas, los lujosos hoteles Roney y Everglades. Las dos que sobrevivieron están entre los monumentos más importantes de la ciudad. Se trata de la Torre de la Libertad, que durante los sesenta fue el lugar de registro de los exiliados cubanos, y la de Biltmore, hotel de lujo y parada obligatoria en los tours de la ciudad. Hasta hace poco, la supervivencia de estas edificaciones no estaba garantizada frente a los grandes proyectos inmobiliarios. Como explica Arva Parks, comisaria de la exposición en Coral Gables, “preservar la historia en una ciudad tan nueva como Miami es un reto”. Como ejemplo, en 2005, el propietario de la Torre de la Libertad abandonó sus planes de construir un edificio residencial en su lugar ante la presión vecinal.

Para muchos cubano-estadounidenses de Miami esta torre, que fue su primer contacto con la ciudad, tiene el mismo valor emocional que la Estatua de la Libertad neoyorquina tuvo en el pasado para muchos otros emigrantes. Tanto el Biltmore como la Torre de la Libertad gozan ahora de protección urbanística y solo una catástrofe conseguiría derribarlas. Como en Sevilla, muchas de estas Giraldas estadounidenses se han convertido en símbolos.

Por Fernando Peinado para El País