14 julio, 2011

Las fuentes romanas de la Catedral de Santiago

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El robo del Códice Calixtino del Museo de la Catedral de Santiago trae de nuevo a la actualidad todo cuanto rodea al origen y circunstancias del templo referente de la cristiandad europea. Por eso, retomamos resumido el magnífico estudio de María Loira que en su día publico www.PROTECTURI.ORG sobre las excavaciones realizadas en Santiago y lo que de su pasado nos han permitido conocer.

Santiago, hijo de Zebedeo y de Salomé, el apóstol que, según la tradición, cristianizó esta parte del mundo, murió en el año 44 d.C. en Palestina; también según la tradición, sus discípulos recogieron su cadáver martirizado y lo trajeron a tierras de Gallaecia en un viaje presentado con caracteres épicos.

Llegados a la zona de Iria Flavia en un barco de piedra, solicitan a una poderosa mujer hispanorromana, de nombre Lupa, un lugar para enterrar el cuerpo. Será aquel que siglos después, en el IX, descubra el eremita Pelayo e, inmediatamente, de cuenta al obispo de Iria, Teodomiro, que a su vez informa al rey asturiano Alfonso II, iniciándose así el largo camino de formación de una ruta que se erige como vertebradora del espacio espiritual y económico europeo, y que todavía persiste con toda pujanza en la actualidad.

Dilucidar hasta donde llega la realidad en esta fantástica historia es algo que, como el camino, ha de hacer uno mismo. Proporcionar los datos materiales objetivos para un mayor conocimiento de la Historia y, en definitiva, de la experiencia colectiva de un pueblo a lo largo del tiempo, es cometido de la Arqueología.

EXCAVACIONES EN LA CATEDRAL.
La información de la que hoy disponemos es el resultado de múltiples intervenciones en buena parte del subsuelo de la Catedral y su entorno en diferentes momentos, y de la documentación generada a través de los siglos.

Se hace evidente que, desde el mismo momento en que se descubren los pretendidos restos apostólicos, se empieza a echar tierra sobre el conocimiento que de ellos se tiene y de las estructuras que los contienen; a veces de modo ingenuo y en ocasiones de manera consciente, incluso abiertamente. Recordemos cuando Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II manda raer la inscripción a los Dioses Manes en el ara de San Payo, para posteriormente grabar una epigrafía cristiana.

No será hasta el último tercio del siglo XIX cuando se lleven a cabo las primeras excavaciones científicas por parte del canónigo de la Catedral López Ferreiro, que interpreta los restos que aparecen bajo el altar mayor como vestigios de un antiguo mausoleo de origen romano. Efectivamente, las fuentes documentales designaban el lugar donde fue enterrado el cuerpo del Apóstol y sus discípulos Atanasio y Teodosio como “Arca Marmórica” de plausible referencia a un mausoleo romano.

A la vez se recuperan en una urna-osario, conocida como “reconditoiro”, las reliquias del Apóstol, enterradas en un espacio inmediatamente anterior al altar. Parece ser que habían sido escondidas hacia el año 1589, tras una amenaza de Drake a Galicia. Por este motivo el Arzobispo Juan de San Clemente y el resto del Cabildo deciden esconder los restos en la misma Catedral por lo dificultoso que se haría trasladarlos en secreto a otro lugar (CHAMOSO, 1956).

Catedral_Santiago_02Entre los trabajos de esta intervención decimonónica, una comisión universitaria efectuó análisis antropológicos a los huesos y ratificó su antigüedad. Es en este momento cuando las reliquias son situadas en el edículo original, recién descubierto y se reestructura el espacio para hacerlo visitable: la cripta que hoy conocemos bajo el Altar Mayor de la Catedral.
López Ferreiro deja también constancia de unos restos de pavimento mosaico que se habrían destrozado en la reconstrucción y que trataremos posteriormente con mayor detenimiento.

Un segundo momento de las intervenciones empieza en 1947 de la mano de Chamoso Lamas y se alarga, de modo intermitente, hasta 1959, en diferentes lugares del subsuelo del templo catedralicio. En el transcurso de estas excavaciones van a quedar al descubierto una serie de necrópolis que abarcan desde la época romana hasta el momento de la construcción del edificio románico del XII

De las diferentes excavaciones llevadas a cabo por Chamoso Lamas en diferentes lugares de la Catedral, nos interesan de modo especial las que se hacen en la Plaza de la Quintana frente a la Puerta Real, ya que constata estructuras romanas, que hay que poner en relación con las exhumadas en el brazo sur de la Catedral. Mantienen la orientación ONO-ESE, claramente diferenciadas de las estructuras medievales OSO-ENE, con unos 20: de divergencia. Sin duda, las romanas mejor adaptadas a la ladera donde estaría el asentamiento.

Además de los restos romanos, no podemos olvidar que Chamoso identifica estructuras de las primitivas iglesias de los siglos IX y X, aquellas construidas inicialmente para la veneración de los restos apostólicos y para dar cabida al culto de los primeros peregrinos a Compostela. También este arqueólogo está de acuerdo tras explorar el edículo que se trata de un monumento sepulcral pagano (CHAMOSO, 1956).

Haremos, por último, mención a los trabajos de Suárez Otero en los años 1991 y 1992, caracterizados por una renovación técnica y metodológica. Tristemente la información alcanzó la etapa bajomedieval y renacentista pero no se obtuvieron iguales resultados con respecto al periodo romano, ya que la interrupción de los trabajos impidió alcanzar tales niveles.

VESTIGIOS ROMANOS.

Edículo

Catedral_Santiago_03Todo un símbolo y referente para la cristiandad. A través de los datos insuficientes que genera la excavación del XIX, se puede pensar que los restos son parte de un mausoleo romano, inicialmente pagano y posteriormente cristianizado.

Éste sería el lugar elegido, según la tradición, para depositar en su momento los restos de Santiago, el Arca Marmórica de la documentación escrita. Se trata de dos estructuras murarias de sillería de granito de gran calidad, dispuesta a soga y tizón:

  • una interior, de forma rectangular (6´41 x 4´69 m, incluidos los muros de unos 0´75 m de espesor), se encuentra dividida en dos zonas separadas por un muro de unos 30 cm de grosor hecho en mampostería y recubierto de estuco. En la parte Oeste hay dos lóculos rectangulares de 2 x 0´60 m, que en su momento se identificaron como las tumbas de los discípulos que acompañaron el cadáver de Santiago desde Oriente. En la parte central reposan los pretendidos restos apostólicos. Está separado de la zona Este por un muro medianero con una abertura en arco. Ante esta entrada de ingreso a la cámara sepulcral, López Ferreiro situó un altar tras la intervención del XIX (GUERRA, 1982). Es precisamente en esta localización donde apareció el mosaico del que hablaremos posteriormente. Hacia el exterior se abre una puerta.
  • otra exterior sirve de cierre a la estructura anterior en los lados N, S y E, quedando abierta la parte O. En medio de una y otra hay unos corredores de poco más de un metro de ancho. Adosada a esos muros se edificó la primitiva iglesia del IX.

En 1879 se abrieron puertas en los extremos de los pasillos N y S para comunicar el edículo con el trasaltar. Es interesante observar que los muros del edículo tienen diferente factura, parece que mientras unos están hechos para ser vistos, perfectamente labrados, otros no, como si fuesen a permanecer ocultos. Puede ser que no hayan sido construidos en el mismo momento. En todo caso, son parte de un edificio romano desaparecido no sabemos en qué momento, el cual tendría, al menos, una estancia abovedada, puesto que en época de Felipe IV, allá por 1665, cuando se llevan a cabo obras importantes en la Capilla Mayor, el Canónigo D.José Vega y Verdugo, encargado por el Cabildo de efectuar los trabajos de remodelación, deja constancia por escrito que al rebajar el pavimento no queda otro remedio que descabezar y descubrir las bóvedas de la cripta (CARRO, 1954). Podría, incluso, haber tenido una primera planta abovedada y totalmente cerrada y una segunda más amplia y abierta al exterior (SUAREZ, 2003), pero las fuentes resultan confusas.

Mosaico
El mosaico apareció durante las excavaciones llevadas a cabo por López Ferreiro en 1878, en la antesala del lugar donde se dispuso el enterramiento apostólico. Debió de quedar muy deteriorado tras las obras de 1668 en la Capilla Mayor, que destruyeron buena parte del pavimento original. Lo mejor conservado eran los bordes, que dibujaban grandes cenefas. Se recuperaron, además, abundantes teselas sueltas de unos 10 x 9mm (GUERRA, 1982).

Catedral_Santiago_04Se trata de un mosaico geométrico que el profesor Acuña Castroviejo adscribe al mundo romano, no anterior al IV dC, señalando como tope el VI dC (ACUÑA, 1973). Está compuesto por diferentes fajas geométricas que, de la parte externa a la interna, dibujarían el siguiente esquema:

  • círculos entrelazados
  • teselas claras
  • filete oscuro
  • franja de hojas de lotus rojas hacia el tallo y blancas en los extremos, alternando con hojas sueltas.
  • dos filetes claros a ambos lados de la franja
  • filetes oscuros y claros que se repiten hacia el centro

Es un mosaico polícromo con teselas de materiales diversos: las negras y cárdenas de mármol; también lo son algunas de las blancas, reaprovechadas de un sarcófago que se encontró en el área; otras blancas de yeso; y las rojas de pasta.

Acuña Castroviejo lo considera un mosaico tumbal cristiano de época romana por el paralelismo que establece con los paleocristianos de Padua, Kalibia, Cartago y Antioquia entre otros.

Según los datos recabados por Guerra Campos, la conclusión es que existen, al menos, dos pavimentos de dos diferentes momentos, uno a la altura del zócalo y otro a mayor altura, cronológicamente del momento en que se construyen los loculi laterales. Ambos pavimentos fueron de mosaico (GUERRA, 1982)

En relación con el nivel del zócalo aparecen en el sector N teselas negras y blancas y en el S rosas, blancas, una gris oscura y otra roja.

Lápidas funerarias romanas
Tenemos constancia de estas piezas, hoy perdidas, a través de transcripciones de las inscripciones de estas lápidas que dejan viajeros y peregrinos desde el siglo XV al XVII. Son cinco:

  • A ACILIA MODESTA (dedicada por su hijo SENECIO MODESTO)
  • A MARCO MODESTO (dedicada por su hija ACILIA MODESTA)
  • A NUMERIA VITALIA
  • A PROCULA CAMALI
  • A CAIO PELUSIO

Catedral_Santiago_05Fueron encontradas en distintos lugares de la antigua Compostela, en las cercanías de la Catedral; las fuentes hablan de una plaza que bien pudiera ser la de la Quintana, que se mantuvo como cementerio hasta el XIX en una de sus partes, y entre los años 1596 y 1620 se hicieron obras probablemente relacionadas con el área cementerial que pudieron dejar al descubierto algunas de estas lápidas (GUERRA, 1982).

Al menos dos de ellas parecen ser de miembros de una misma familia; la de Procula Camali indica en la inscripción su procedencia del territorio de los Grovios. Todos son datos de interés para intentar alcanzar una visión de los momentos previos a Compostela.

Es evidente que las lápidas funerarias son parte de un área pagana previa a la cristianización del lugar, o acaso coetáneas de algunas de las cristianas, aunque los primeros concilios advierten que ha de haber separación de los enterramientos paganos.

Ara de San Payo
Una pieza de mármol rectangular de 88´7 x 68´3 cm y 7 de grosor que probablemente haya pertenecido a la misma área cementerial que las lápidas anteriormente mencionadas, y que se conserva en la Iglesia del Monasterio de San Payo de Antealtares, el edificio que enmarca la Plaza de la Quintana en su lado E.

La pieza ocupó siempre un lugar de privilegio, desde fecha temprana sirvió de altar. En 1572, Ambrosio de Morales, del que ya hemos advertido, hace raer la inscripción latina, que recogía una dedicatoria a los Dioses Manes. Afortunadamente se le ocurre hacer una copia y dejar escrito aquello que iba a destruir, y que él mismo define como letras muy claras y como si acabaran de ser esculpidas. La placa estaba muy bien conservada y tenía molduras de motivos vegetales. Posteriormente, en el año 1601 se la añadirá una inscripción cristiana.

Para algunos autores esta pieza marmórea tendría formado parte del edículo, ya que tamaño y forma podrían corresponder con el del titulus que solía ponerse en la puerta de los mausoleos (GUERRA, 1982) y más tarde pasaría a funcionar como altar.

El lugar del edículo estuvo custodiado por los monjes de Antealtares desde el momento de su descubrimiento, de modo que cuando Gelmírez manda sustituir el viejo altar por uno más rico, los monjes se lo habrían llevado a su monasterio, donde continuó su uso como altar.

Millán González-Pardo, tras un estudio lingüístico del texto transcrito data la pieza en el I dC. Si la datación fuese correcta, estaría señalando un largo camino romano previo a la cristianización de Compostela.

Ara encontrada en los cimientos
Durante la excavación que Chamoso Lamas realizó en 1955 se encontró un ara romana con epígrafe formando parte de los cimientos de la segunda de las pilastras, contando desde la Puerta de Platerías, en la hilera derecha, casi frente a la Puerta Real.

Catedral_Santiago_06Un bloque de granito grisáceo claro y bastante fino de 85cm de altura y unos 30 de ancho, con una dedicatoria a Júpiter Óptimo Máximo y el nombre del dedicante Flaccinio grabada en la parte visible, que aparecía tumbada. (BOUZA BREY, 1956). Una prueba más de que en el lugar hubo un culto pagano.

En las excavaciones de 1950, cuando Chamoso Lamas vuelve a intervenir en el edículo, encuentra en el nivel B, tegulae, imbrices, ladrillos de gran tamaño, cerámica romana, trozos de revestimiento de jaspe y de mármol rosa, negro, jaspeado y blanco, también teselas a las que aludíamos al hablar del mosaico. En un nivel inferior, nivel C, (imagen inferior) placas de revestimiento de mármol negro muy pulimentadas.

Esto parece estar indicando diferentes fases del edificio y en todas ellas elementos suntuarios.

Otras estructuras romanas

El brazo sur fue objeto de excavación por López Ferreiro a finales del XIX y en los 50 por Chamoso Lamas, el cual considera que son parte de un hipocausto, hipótesis con la que están de acuerdo autores como Guerra Campos (GUERRA, 1982) pero no así otros como Pérez Losada, quien en su estudio sobre hipocaustos constatados en Galicia considera que los argumentos para entender en esa localización un área de hipocausis no son los suficientemente sólidos. (PÉREZ LOSADA, 1994)

En todo caso, lo que aquí nos interesa es señalar que estamos ante una edificación de importancia con muros dobles, bien sea para calefactar o como sistema antihumedad, y con fragmentos de pórfido y mosaico pavimental encontrados en los derrumbes. Todo ello lleva a Chamoso a pensar en la existencia de una villa bajoimperial, hipótesis a la que volveremos más adelante.

Necrópolis

La mayor parte del subsuelo de la Catedral, así como la Plaza de la Quintana , fue en el transcurso de los siglos un área cementerial. En muchos lugares nuevas inhumaciones se depositaron sobre otras anteriores.

Naturalmente, nos ceñiremos a los enterramientos del periodo romano, alrededor de los cuales quedan muchas cuestiones por esclarecer: por ejemplo, a qué época exacta corresponden y cuál es la cadencia temporal que ofrecen; otro aspecto de interés es saber a qué tipo de asentamiento están vinculadas.

Se constató un murete que pasa junto a las estructuras romanas del brazo sur del crucero y que, en oblicuo, podría alargarse hacia la entrada del Obradoiro. Aparentemente dividía el primitivo cementerio romano en dos partes (GUERRA, 1982). De hecho, las tumbas germánicas posteriores ocuparán sólo la zona N de la hipotética división.

Tenemos la impresión de estar ante una necrópolis cristiano-romana.

ENCAJANDO PIEZAS.

Todo da a entender que estamos ante un yacimiento arqueológico romano de una dimensión temporal y espacial de cierta consideración. Un espacio que sufrió, con toda probabilidad, cambios sustanciales ya en el mismo periodo romano.

Hemos visto datos que apoyan la presencia de materiales del I dC, ciertamente un momento temprano para que no surjan dudas sobre la fiabilidad de las conclusiones. Lo que es claro, a la vista de las aras, es que Compostela vivió un momento romano pagano, y, probablemente fue un lugar de importancia si consideramos los mármoles, jaspes, mosaicos, estucos… que aparecen en las excavaciones. Materiales que se repiten en diferentes niveles lo que indicaría un núcleo de solidez económica a lo largo del tiempo.

Catedral_Santiago_07Aún conscientes de que la investigación actual se inclina a pensar que en Compostela estaría la mansio Asseconia del Itinerario de Antonino, es decir, un establecimiento viario probablemente asociado a un pequeño núcleo secundario, que atendería a las necesidades de las personas que transitaban por la vía romana; y sin ser éste lugar ni momento para adentrarnos en disquisiciones, queremos retomar la vieja idea de Chamoso Lamas que ve en el área la localización de una villa romana, o lo que es lo mismo, un establecimiento agrario con una parte dedicada a vivienda del propietario, la denominada pars urbana, la cual presenta elementos suntuarios, llegando en el siglo IV a ser verdaderos espacios de lujo.

Su situación topográfica en aterrazamientos es muy común a este tipo de hábitats. Y aquellos materiales de gran riqueza aparecidos en las excavaciones sólo están en casas de importancia, propias de ciudades principales o de villas de grandes propietarios.

El edículo podía ser parte de un edificio tumbal o martirial, de factura ex novo o bien resultado de una transformación, algo frecuente en las villas tardías.

En cuanto a la necrópolis, es muy común verla configurada en la fase final de una villa hispana, y muy especialmente en el noroeste (FERNÁNDEZ CASTRO, 1981). Múltiples razones pueden llevar a utilizar la villa romana ya en desuso como lugar de enterramiento: la existencia de un cementerio previo para uso de sus habitantes; en el periodo paleocristiano es frecuente el enterramiento alrededor de edificios cultuales o martiriales, que con frecuencia se levantaron en estos lugares; la abundancia de material latericio del que hacer uso para las tumbas podría ser otra causa; también el ser un lugar señero para enterrar a los muertos de una comunidad, a la vez que un lugar tranquilo y deshabitado.

Tampoco podemos olvidar que la conversión al cristianismo del dominus de la villa puede dar cabida a un grupo cristiano y transformar el asentamiento.

En todo o en parte ésta pudo haber sido la historia de Compostela, si su desarrollo fue el de una villa romana. En el IX, el contexto era también similar a lo que estaba ocurriendo en otros lugares: se había conformado un espacio monacal o eremítico. Un lugar parecido a otros muchos donde hombres y mujeres, que pretendían seguir una vida según la regla, se habían retirado.

Estas gentes, solas o en colectividad, buscaban donde establecerse en un entorno que respondiese a unas características determinadas, y con frecuencia lo encontraban allí donde siglos atrás habían estado las villas: abundancia de piedra y otros materiales de construcción, buenas tierras de labor cercanas, agua abundante, ruinas de edificios suntuarios sobre los que tantas veces se edificarán iglesias románicas, haciendo para ello uso de las habitaciones absidiadas de los triclinia o de los oeci de las construcciones romanas.

Y en uno de estos lugares es donde el eremita Pelayo descubre lo que él considera la tumba de Santiago. El cómo, el cuándo y el por qué es otro de los interrogantes que esconde la Historia, pero esa es otra historia…

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